¡Histórico! Captan por primera vez a un yaguarundí en las ruinas de Xochicalco

El yaguarundí, felino de hábitos discretos, enfrenta amenazas por pérdida de hábitat y enfermedades transmitidas por perros domésticos

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El registro audiovisual confirma la
El registro audiovisual confirma la presencia de fauna silvestre poco común en un sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO (Archivo Infobae)

Por primera vez, un yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) ha sido captado en video en la Zona Arqueológica de Xochicalco, en Morelos.

Este felino silvestre, de hábitos discretos y difícil de observar en libertad, habita en zonas boscosas y selváticas del continente americano.

El registro audiovisual representa un acontecimiento importante para la conservación, ya que confirma que Xochicalco no solo es un espacio de gran relevancia histórica, sino también un hábitat natural activo que alberga fauna silvestre poco común.

Un felino escurridizo

El yaguarundí ocupa un nicho ecológico único y su bajo perfil limita la investigación y conservación de la especie (INAH)

El avistamiento fue posible gracias a los esfuerzos de conservación y vigilancia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y al manejo integral del sitio.

Aunque su presencia en la región ya había sido documentada en estudios realizados por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en 2012 y 2013, es la primera vez que se logra su videograbación dentro del área arqueológica.

Este registro subraya la importancia de proteger no solo el legado histórico de Xochicalco, sino también su riqueza natural. “Conservar nuestro pasado también protege nuestro futuro natural”, destacó el INAH en su comunicado.

Este hallazgo refuerza el valor ambiental y biocultural de Xochicalco, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, al evidenciar que sus condiciones permiten la convivencia armónica entre el legado cultural prehispánico y la biodiversidad actual, incluyendo especies vulnerables como el yaguarundí.

La vida silenciosa del yaguarundí

La fragmentación de hábitats y
La fragmentación de hábitats y el avance de la agricultura industrial ponen en riesgo la supervivencia del yaguarundí (Archivo Infobae)

El yaguarundí, también conocido como jaju, leoncillo, gato moro u onza, es un mamífero carnívoro de cuerpo alargado, patas cortas y pelaje liso, que puede variar entre tonos pardos, grises y negros.

Su tamaño promedio va de los 43 a los 83 centímetros de longitud y pesa entre 3.5 y 6.5 kilogramos.

A diferencia de la mayoría de los felinos, el yaguarundí es mayormente diurno, lo que lo hace más visible, pero también más propenso a entrar en conflicto con los humanos, según el medio especializado en medio ambiente, Mongaby.

Estas características físicas y de comportamiento han permitido que el yaguarundí ocupe un nicho ecológico único, sobreviviendo entre depredadores más grandes gracias a su discreción.

Otro factor que contribuye a su bajo perfil científico es su clasificación como especie de “preocupación menor” por parte de la UICN, lo cual limita el financiamiento destinado a su investigación y conservación.

No obstante, el yaguarundí enfrenta amenazas invisibles, como la transmisión de enfermedades por perros domésticos que comparten territorio con él, particularmente en zonas como el Amazonas y la Caatinga brasileña.

Aunque el yaguarundí no requiere grandes extensiones de selva intacta para vivir, sí necesita hábitats naturales fragmentados —mosaicos de selvas, matorrales y zonas agrícolas— que cada vez son más escasos debido al avance de la agricultura industrial. La pérdida de estos espacios podría poner en riesgo su futuro.

Además, a diferencia de especies emblemáticas como el jaguar, que suelen recibir atención prioritaria, el yaguarundí puede quedar fuera de los planes de conservación, a menos que se integren corredores biológicos que conecten los hábitats entre sí, facilitando su movilidad y la diversidad genética.