Tlacaélel e Itzcóatl: la quema de códices que cambió la historia de los mexicas

En 1433, los gobernantes mexicas ordenaron quemar códices y reescribir su historia para consolidar su poder tras la derrota de Azcapotzalco

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En 1433, Itzcóatl y Tlacaélel
En 1433, Itzcóatl y Tlacaélel reescribieron la memoria colectiva de México-Tenochtitlan. (Fuente)

En el año 1433, en México-Tenochtitlan, el consejero o cihuacóatl Tlacaélel y el gobernante o tlatoani Itzcóatl ordenaron destruir un número indeterminado de códices que narraban la historia de los mexicas, con el objetivo de sustituirlos por nuevas versiones oficiales. Este hecho marcó un antes y un después en la construcción de la memoria colectiva del pueblo mexica.

Hasta poco antes, los mexicas habían sido un pueblo subordinado al altépetl de Azcapotzalco, obligado a pagar tributo como ocurrió en otros contextos mesoamericanos, por ejemplo, en el mundo maya. La competencia por los recursos naturales en la cuenca de México llevó a constantes enfrentamientos entre ciudades, y los mexicas quedaron en desventaja hasta que surgió la alianza que cambiaría su destino.

De tributarios a vencedores

En el siglo XIV, la llegada de nuevos pueblos a la región lacustre intensificó la disputa por la tierra y los recursos. Los mexicas, tras décadas de búsqueda, se asentaron en un espacio propio, aunque bajo la subordinación de Azcapotzalco. Incluso Texcoco, una de las ciudades más poderosas, fue derrotada por los tepanecas.

Fue entonces cuando Nezahualcóyotl, nuevo tlatoani texcocano, se alió con los mexicas y con los gobernantes de Tlacopan. Esta Triple Alianza consiguió derrotar a los tepanecas y dio paso al ascenso de México-Tenochtitlan como la fuerza dominante de la región.

Si bien Itzcóatl ostentaba el cargo de tlatoani, fue Tlacaélel quien dirigió a las tropas y estableció las bases del nuevo poder. Como señaló el historiador Miguel León-Portilla, Tlacaélel se convirtió en el auténtico poder detrás del poder, influyendo en los gobiernos de Itzcóatl y de Moctezuma Ilhuicamina.

Tlacaélel fue el consejero que
Tlacaélel fue el consejero que impulsó la quema de códices para consolidar la hegemonía mexica. Crédito: Wikimedia Commons

La historia que “ardió”

Fue en este contexto cuando se produjo la quema de códices. En palabras recogidas por fray Bernardino de Sahagún, “la historia ardió cuando gobernaba Itzcóatl en México”. Tlacaélel y el tlatoani decidieron que ciertos relatos no debían conocerse, para evitar que los dioses y gobernantes mexicas fueran “menospreciados”.

Según León-Portilla, el objetivo era fijar una “versión oficial” de la historia, en la que Huitzilopochtli ocupó el lugar central, desplazando a figuras como Quetzalcóatl y la influencia tolteca.

No obstante, la nueva narrativa no ocultó del todo que los mexicas habían atravesado épocas de sometimiento. De acuerdo con el historiador Alfredo López Austin, lo que buscaban Tlacaélel e Itzcóatl era asegurar la lealtad de su pueblo, impedir rebeliones internas y consolidar el poder tras el triunfo sobre Azcapotzalco.

El poder de reescribir el pasado

La quema de códices mexicas ha sido interpretada de múltiples formas: desde un intento por inventar un pasado glorioso hasta una estrategia para legitimar el poder de un grupo guerrero específico, no de todo el pueblo.

Tal como ocurre en otros momentos de la historia, los vencedores fueron quienes escribieron el relato oficial. En este caso, los mexicas no solo borraron parte de su memoria, sino que moldearon la narrativa para cimentar su hegemonía en la región.

Así, la destrucción de códices en 1433 no fue solo un acto cultural, sino también un movimiento político que buscaba construir una identidad colectiva al servicio del poder dominante.