
El 16 de junio de 1914, en las aguas del Golfo de California, se libró la última batalla del cañonero Tampico, un navío revolucionario que enfrentó al cañonero-transporte Guerrero, el cual era dirigido por una persona leal al gobierno de Victoriano Huerta.
Este enfrentamiento marcó el desenlace de una serie de combates navales en Topolobampo, Sinaloa, durante la Revolución Mexicana. El conflicto, que involucró a embarcaciones mexicanas y fue observado por destructores estadounidenses, dejó un legado de valentía y tragedia, reflejada en la figura del capitán Hilario Rodríguez Malpica, quien eligió hundirse con su barco antes que rendirse, de acuerdo con el portal de la Secretaría de Marina de México (Semar).
El “Tampico” y su adversario, el “Guerrero”, fueron construidos a inicios del siglo XX como parte de un proyecto de modernización naval impulsado por Bernardo Reyes, entonces ministro de Guerra y Marina bajo el gobierno de Porfirio Díaz.
El Tampico, fabricado en astilleros de Nueva Jersey, Estados Unidos, y el Guerrero, construido en Liverpool, Inglaterra, formaban parte de una flota que, en su mayoría, permaneció fiel a Huerta tras el golpe de Estado que derrocó al presidente Francisco I. Madero en 1913.
Sin embargo, el 22 de febrero de 1914, el Primer Teniente Hilario Rodríguez Malpica, de tan sólo 25 años, se rebeló en el puerto de Guaymas, Sonora, tomando el control del Tampico y uniéndose a las fuerzas constitucionalistas lideradas por Venustiano Carranza.
La batalla por Topolobampo

El conflicto naval se desató cuando el gobierno central ordenó castigar la traición de Rodríguez Malpica y según detalló la Semar, el Guerrero inició un bloqueo en el puerto de Topolobampo el 3 de marzo de 1914 acompañado por el cañonero Morelos, que abrió fuego contra el Tampico al día siguiente pero este fue sólo el primero de varios enfrentamientos que se prolongaron durante meses.
El 13 de marzo, el Tampico intentó salir del puerto pero fue nuevamente atacado. Para finales de ese mes, las fuerzas federales colocaron dos barcos obsoletos, el Demócrata y el Oaxaca, en un canal submarino estrecho que limitaba la navegación en la bahía de Topolobampo, con el objetivo de impedir la huida de los revolucionarios.
Entre el 31 de marzo y el 22 de abril, los cañonazos entre el Guerrero y el Tampico continuaron, dejando al navío revolucionario gravemente dañado. Un hecho destacado durante estos enfrentamientos fue el apoyo del biplano Sonora, que lanzó bombas sobre el Guerrero y aunque no logró causar daños significativos, sí obligó al cañonero federal a retirarse temporalmente junto con el Oaxaca y el Demócrata hacia Guaymas.
Tras semanas de esfuerzos por reparar los daños, el Tampico logró salir de Topolobampo el 14 de junio de 1914 con destino a Mazatlán para continuar con su restauración. Sin embargo, a unas 30 millas náuticas (55 kilómetros) de su punto de partida, la única caldera funcional del barco falló, dejándolo a la deriva.
En este contexto, dos destructores estadounidenses, el USS Preble y el USS Perry, que se encontraban en aguas mexicanas para proteger los intereses de sus ciudadanos durante la inestabilidad política de la Revolución, observaron de cerca los acontecimientos. Según explicó el historiador Raúl Tapia, estos registros resultaron fundamentales para localizar las coordenadas del naufragio del Tampico.
El capitán Rodríguez Malpica solicitó ayuda al USS Preble, pero esta le fue negada debido a la política de neutralidad de Estados Unidos. A las 05:00 horas del 16 de junio, el Guerrero apareció en el horizonte, seguido por el crucero estadounidense USS New Orleans, que también se mantuvo como observador.
El sacrificio del capitán Rodríguez Malpica

El enfrentamiento final comenzó a las 07:48 horas, con una clara ventaja para el Guerrero, que podía maniobrar libremente mientras el Tampico permanecía inmóvil y a las 09:50 horas, la suerte jugaría contra Hilario Rodríguez Malpica, pues un incendio se desató en el barco revolucionario y ante la inminente derrota, ordenó a su tripulación abandonar la nave y abrir las válvulas de fondo para hundirla.
Ya en los botes salvavidas, los hombres intentaron llegar a tierra pero fueron interceptados por el Guerrero y en un acto mezclado de honor y desesperación, Rodríguez Malpica se quitó la vida con su pistola, un gesto que, según Tapia, pudo haber sido motivado tanto por el código de honor naval como por el temor a ser ejecutado por traición.
La Semar detalló que tras la batalla, los barcos estadounidenses y el Guerrero arriaron sus banderas a media asta en señal de respeto por Rodríguez Malpica y su tripulación. Este gesto subrayó la trascendencia de un episodio que, aunque poco conocido, representa un capítulo significativo de la Revolución Mexicana.
El equipo de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS), liderado por Roberto Junco, consideró que el hallazgo del Tampico era sólo el comienzo de una investigación más amplia para rescatar y dar visibilidad a este episodio histórico.
Según el historiador Tapia, la recuperación de esta memoria es crucial para comprender la complejidad de la Revolución y el papel que desempeñaron las fuerzas navales en el conflicto.