
Se les conoce como plantas ornamentales a aquellas cultivadas principalmente por su valor estético, ya que destacan por sus formas, colores, texturas o flores llamativas. Se utilizan comúnmente para embellecer interiores, jardines, parques y espacios públicos, aportando un elemento decorativo y, a menudo, contribuyendo a la armonía del diseño paisajístico.
Además de su belleza visual, las plantas ornamentales muchas veces cumplen funciones funcionales en el entorno. Pueden usarse como barreras naturales, para proporcionar sombra, reducir el ruido o mejorar la calidad del aire al absorber dióxido de carbono.
Una de las plantas ornamentales más comunes en los hogares mexicanos son conocidas como bugambilias o buganvillas, de las cuáles existen tres variantes y se caracterizan por hibridar en colores vibrantes como fucsia, púrpura, naranja, blanco y rojo. Sin embargo a pesar de ser muy populares deben tener un cuidado adecuado para lucirse.
Puntos importantes para el cuidado de las bugambilias

De acuerdo con un artículo de la técnica en jardinería María Belén Acosta publicado en el sitio Ecología Verde, las bugambilias son plantas con una gran capacidad de adaptación a su entorno, pues su sistema de raíces les permiten sobrevivir incluso en macetas medianas, sin embargo, la planta tiene la capacidad de crecer y florecer de buena forma si se toman en cuenta los siguientes aspectos:
Luz solar: para garantizar el cuidado adecuado de las bugambilias, es imprescindible proporcionarles una exposición constante a la luz natural. De acuerdo con la experta estas plantas requieren ser ubicadas en exteriores bajo un entorno de pleno sol, condición que resulta esencial para su desarrollo.
En caso de que se opte por cultivarlas en interiores, es fundamental que se ubiquen en ambientes bien iluminados, como cerca de ventanas amplias o entradas generosas de luz solar.
Su acceso a la luz del sol es una de las pocas exigencias de la bugambilia para alcanzar su esplendor. La elección del lugar donde se ubiquen determina en gran parte su capacidad de florecer adecuadamente.
Riego: el riego debe ajustarse según la temporada si es verano riega profundamente cada 3 o 4 días, permitiendo que la tierra se seque entre riegos para evitar el encharcamiento. Por su parte en invierno el riego es una vez por semana, o incluso menos si el clima es muy húmedo. La bugambilia es tolerante a la sequía una vez establecida, pero un riego adecuado es crucial en sus primeros años de crecimiento.
Abona: esta planta está adaptada a suelos pobres en nutrientes, por lo que no necesita que enriquezcamos su tierra con una gran cantidad de materia orgánica. De hecho, si la plantamos en exterior, no es favorecedor que abonemos el suelo en exceso.
Por su parte, si la bugambilia está en maceta, sus necesidades aumentan, tal y como sucede con todas las plantas, y es bueno añadirle un poco de fertilizante, mejor si es líquido, cada dos semanas durante los meses cálidos.
¿Cómo llegó la bugambilia a México?

El artículo “La Bugambilia” de un suplemento cultural del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) menciona que la flor de bugambilia llegó a México durante la época colonial, como parte del intercambio de flora entre América del Sur y otras regiones del continente impulsado por los exploradores y colonizadores europeos.
La planta originaria de Brasil, Perú y Argentina fue descubierta y registrada por primera vez a fines del siglo XVIII por el botánico francés Philibert Commerson durante una expedición liderada por Louis Antoine de Bougainville, de quien proviene su nombre.
Pocos años después de su descubrimiento y gracias a las rutas comerciales y de intercambio, la planta se introdujo en países como México, donde encontró condiciones climáticas ideales, especialmente en regiones cálidas y soleadas.