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Los colibríes, con su plumaje vibrante y su vuelo ágil, son uno de los animales favoritos de muchas personas. Además, se tiene la creencia de que traen buenas noticias o un futuro prometedor pero de acuerdo con Architectural Digest (AD), también son un símbolo cultural cargado de significado.
Según informó en mayo de 2024, estas pequeñas aves, que necesitan alimentarse cada 15 o 20 minutos debido a su acelerado metabolismo, han sido consideradas en diversas culturas como portadoras de mensajes espirituales y guardianes de buenos deseos.
De acuerdo con la misma fuente, en la mitología maya, por ejemplo, se les atribuía el papel de mensajeros entre los hombres y los dioses, mientras que en la tradición guaraní se les relaciona con el tránsito de las almas hacia el más allá.
Sin embargo, también destacan por su comportamiento territorial y sus adaptaciones, pues los machos defienden con intensidad sus territorios de flores, mientras que las hembras de ciertas especies, como las jacobinas, han desarrollado una estrategia única: modificar su apariencia para asemejarse a los machos y así evitar agresiones, comportamiento documentado en un estudio publicado en Current Biology y en caso de querer verlos más en casa, se pueden plantar las siguientes flores.
Tres plantas con los nutrientes necesarios para atraer colibríes
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Según AD, existen diversas especies vegetales que no sólo embellecen los jardines, sino que también actúan como imanes para estas aves. Entre ellas destacan el muicle, el mirto y el aretillo, cada una con características específicas que las hacen atractivas para los colibríes.
La primera planta es el muicle, que se extiende desde México hasta Colombia y es otro ejemplo de cómo la flora local puede apoyar a los colibríes, pues este arbusto, que alcanza alturas de entre 1 y 1.5 metros, produce flores de tonos anaranjados o rojos pálidos que se agrupan en las uniones del tallo y las hojas.
Su capacidad para desarrollarse en climas cálidos, semisecos y secos, lo convierte en una opción versátil para jardines que buscan atraer a estas aves.
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En segundo lugar se encuentra el mirto, un arbusto originario de América que puede encontrarse desde el sur de Estados Unidos hasta Brasil y es especialmente valorado por su capacidad para adaptarse a diferentes tipos de suelo y condiciones climáticas.
De acuerdo con AD, tiene mayor preferencia por terrenos secos con buen drenaje y señala que puede prosperar tanto a pleno sol como en semisombra, lo que lo convierte en una opción ideal para áreas costeras. Además, menciona que su resistencia a la sequía y a la brisa marina lo hace un refugio perfecto para los colibríes.
En el caso de los aretillos, pertenecientes al género Fuchsia, señala que son arbustos que abarcan entre 100 y 110 especies originarias de América y Oceanía. Sus flores que varían en colores desde el blanco hasta el rojo y el morado, son un atractivo visual y una fuente de alimento para los colibríes.
También compartió que estas plantas prosperan en climas semicálidos y templados, e incluso señaló que prefieren ubicaciones con semisombra.
Un esfuerzo para preservar la biodiversidad
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En México, los colibríes, conocidos por su papel crucial como polinizadores, enfrentan una creciente pérdida de hábitat debido a la urbanización y la expansión de áreas cementadas. Aunque no están en peligro de extinción, su supervivencia depende de la conservación de espacios naturales que les proporcionen alimento y refugio.
Según informó la Dirección General de Comunicación Social de la UNAM, un grupo de investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, liderado por su directora María del Coro Arizmendi Arriaga, ha implementado diversas iniciativas para proteger a estas aves, entre ellas el taller “Colibríes en mi casa. Aprendiendo a hacer mi propio jardín”.
Su objetivo es enseñar a diseñar jardines con plantas adecuadas para atraer y alimentar a los colibríes así como a otras especies polinizadoras. De acuerdo con Arizmendi Arriaga y la investigadora Laura Núñez Rosas, estos espacios además de ofrecer alimento y refugio, fomentan la interacción entre las plantas y los polinizadores, lo que incrementa la producción de néctar con altos niveles de sacarosa.
La directora de la FES Iztacala destacó que México alberga 59 especies de colibríes, de las cuales 13 son endémicas. Aunque siete de estas especies están en peligro de extinción a nivel nacional, en la Zona Metropolitana del Valle de México no se encuentran en esta categoría. En esta región, se han registrado avistamientos de hasta 21 especies, un dato significativo considerando la densidad urbana y la escasez de áreas verdes.
En la Ciudad de México, las especies más comunes son el colibrí barba negra (Archilochus alexandri) y el colibrí opaco (Phaeoptila sordida), especialmente en las zonas urbanizadas del sur, cercanas a los bosques. Estas áreas, más altas y húmedas, contrastan con las condiciones del norte, donde la FES Iztacala está ubicada en un terreno más seco y plano.
A pesar de estas limitaciones, la facultad ha creado jardines diseñados para recrear el hábitat natural de los colibríes, proporcionando un oasis verde en medio de una zona industrializada. El primer jardín de este tipo fue establecido en 2014 por Arizmendi Arriaga, con el propósito de estudiar el comportamiento biológico de estas aves y aumentar su población.
Este esfuerzo se ha complementado con actividades educativas como el taller, que busca sensibilizar a la población sobre la importancia de conservar a los polinizadores y su entorno. Según explicó Laura Núñez Rosas, no todas las plantas son útiles para los colibríes. Aunque especies como las nochebuenas, lavandas y bugambilias pueden atraerlos por su colorido, no les proporcionan el néctar necesario para su alimentación.
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En cambio, plantas como los mirtos, salvias, aretillos, toronjil y muicle son ideales para satisfacer sus necesidades energéticas. Núñez Rosas también señaló que los jardines pueden ser tan pequeños como una maceta en un balcón o abarcar grandes extensiones, siempre que sean accesibles para las aves.
Además, la FES Iztacala ha diseñado jardines con una variedad de formas de flores para atraer no sólo a colibríes, sino también a abejas, abejorros y mariposas, promoviendo así la biodiversidad en entornos urbanos.
Sin embargo, la conservación de los colibríes no se limita a los esfuerzos de la FES Iztacala. Según detalló la UNAM, el gobierno de la Ciudad de México ha implementado proyectos como la recuperación del Gran Canal, donde se reforestaron áreas y se plantaron flores para atraer polinizadores. Asimismo, el programa “Jardines para la Vida: Mujeres Polinizadoras” ha involucrado a comunidades locales en la creación de espacios verdes.
Por otro lado, varias instituciones educativas y privadas han adoptado la instalación de jardines para polinizadores. Dentro de la UNAM, además de la FES Iztacala, otras entidades como la Escuela Nacional de Trabajo Social, la Facultad de Psicología, el Colegio de Ciencias y Humanidades Sur, TV UNAM y la Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia han desarrollado estos espacios.