
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó este miércoles una orden ejecutiva que establece una nueva política de aranceles recíprocos generalizados a productos importados desde diversos países, según anunció durante un acto en la Casa Blanca.
La medida busca responder a lo que Trump calificó como prácticas comerciales desventajosas sostenidas durante años por parte de varios socios internacionales. “Se trata de aranceles recíprocos a países de todo el mundo... recíprocos quiere decir: ellos nos lo hacen a nosotros, y nosotros se lo hacemos a ellos”, afirmó el mandatario.
La orden establece tasas diferenciadas para cada país, diseñadas en función de los aranceles que esos mismos gobiernos aplican a las exportaciones estadounidenses.
Trump afirmó que estas acciones forman parte de un esfuerzo para “hacer de Estados Unidos un gran país nuevamente” y pronosticó que el país entrará en “la era dorada de Estados Unidos” gracias a esta política comercial. A continuación le explicamos de qué se trata esta práctica económica.

¿Qué son los aranceles recíprocos?
Los aranceles recíprocos son una práctica habitual en la política comercial internacional mediante la cual se imponen tarifas a las importaciones de otro país en respuesta a medidas arancelarias similares aplicadas previamente. Esta estrategia busca equilibrar las condiciones de acceso a los mercados y proteger sectores económicos estratégicos frente a prácticas consideradas desleales o desequilibradas.
En términos generales, un arancel es un impuesto que un país cobra a productos extranjeros que ingresan a su territorio. Cuando este tipo de medidas se implementan de manera recíproca, implican que ambos países participantes ajustan sus políticas arancelarias mutuamente, ya sea para aumentar o reducir las tarifas de importación según los términos de su relación comercial.
Desde una perspectiva económica, los aranceles recíprocos forman parte de lo que se conoce como “medidas de defensa comercial”. Se utilizan para responder a barreras impuestas por otro país que afectan negativamente las exportaciones nacionales o distorsionan el libre comercio.

Por ejemplo, si un país grava con altos aranceles los productos agrícolas de otro, este último puede optar por aplicar tarifas similares a bienes industriales provenientes del primero como mecanismo de presión o negociación.
Políticamente, esta práctica se asocia con la búsqueda de una “igualdad de condiciones”. En muchas ocasiones, los gobiernos justifican su uso argumentando la necesidad de defender empleos locales, industrias sensibles o corregir déficits comerciales. Sin embargo, el uso prolongado o excesivo de aranceles recíprocos puede derivar en conflictos comerciales, reducciones en el comercio bilateral y afectaciones a consumidores y empresas.
Según el reciente anuncio de Trump, en el caso de China, que según el mandatario impone gravámenes del 67%, Estados Unidos aplicará una tarifa del 34%. La Unión Europea (UE) enfrentará un arancel del 20%, frente al 39% que, según la Casa Blanca, cobra a productos estadounidenses.
Otras medidas anunciadas incluyen un 46% para Vietnam, que impone aranceles del 90%; un 32% para Taiwán; un 24% para Japón, en respuesta a sus tasas del 46%; y un 26% para India, frente a un 52%. En el caso de Corea del Sur, la política definió una tasa del 25%, exactamente la mitad de los aranceles que, según Washington, aplica ese país.

El anuncio dejó fuera a México y Canadá, países que mantienen intercambios comerciales sin aranceles con Estados Unidos bajo los términos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Esta exclusión generó especulación, ya que ambos países han sostenido recientemente tensiones diplomáticas con la administración estadounidense.
Según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el uso de arancelarias recíprocas ha aumentado desde 2017, especialmente entre economías medidas desarrolladas y emergentes con relaciones comerciales intensas. No obstante, la OMC promueve la resolución de controversias comerciales mediante mecanismos multilaterales, desincentivando medidas unilaterales que puedan derivar en represalias.
Aunque los aranceles recíprocos pueden ofrecer beneficios tácticos en ciertas negociaciones, su aplicación tiene límites y consecuencias. Por un lado, pueden aumentar los precios de productos importados, lo que impacta directamente al consumidor final. Por otro, pueden provocar represalias adicionales, afectando a sectores no directamente involucrados en el conflicto inicial.
Además, organismos multilaterales como la OMC y acuerdos regionales de libre comercio incluyen normas que regulan el uso de este tipo de medidas para evitar un uso abusivo o discriminatorio.