
La Casa Blanca ratificó este martes la polémica política arancelaria anunciada por Donald Trump a su regreso a la presidencia, incluso con el malestar y los cruces surgidos con varios países de la comunidad internacional.
Así, tal como estaba previsto, se espera que este miércoles se celebre el “Día de la Liberación”, en el cual se impondrán nuevas tasas que alcanzarán mercados y productos de todo el mundo y podrían tener efectos rápidos en el sistema comercial internacional.
“El anuncio de los aranceles será mañana y se harán efectivos inmediatamente”, confirmó en las últimas horas la portavoz presidencial, Karoline Leavitt, en referencia al evento en la Roselada de la Casa Blanca, a las 16:00 hora local, en el que también se implementarán las respuestas a los gravámenes recíprocos.

Los únicos que entrarán en efecto recién el 3 de abril serán los recargos del 25% a las importaciones de autos, señaló, sin embargo.
La política arancelaria agresiva adoptada por Trump responde a su creencia de que los trabajadores y fabricantes estadounidenses han estado perjudicándose -durante décadas- por los diversos acuerdos de libre comercio, que llevaron a una reducción de las barreras en el comercio global y dieron un impulso a las importaciones a nivel nacional, que ya alcanzan los USD 3 billones.
Este escenario dejó un desequilibrio comercial masivo entre Estados Unidos y el mundo, y al gigante norteamericano en una posición de desventaja, con un déficit comercial de bienes que supera los USD 1,2 billones, sumó la Administración del republicano.
Es por ello que una de las primeras medidas de Trump durante su segundo mandato fue la imposición de aranceles a las importaciones de aluminio y acero, a la par que aumentó aquellos gravámenes sobre productos chinos y no se descarta que la lista pueda seguir aumentando.

De hecho, según The Washington Post, los asesores presidenciales estarían estudiando un plan para aumentar las tasas sobre los productos de casi todos los países en un 20 por ciento, sin ya guiarse por naciones o categorías.
Desde la Casa Blanca se negaron a comentar sobre esta información y aseguraron que se trata de una “mera especulación”, aunque defendieron que estas medidas permitirán al Estado recaudar más de USD 6 billones, que se traducirán en mejoras para el pueblo.
“El Presidente cuenta con un brillante equipo de asesores que llevan décadas estudiando estas cuestiones y estamos centrados en restaurar la edad de oro de Estados Unidos”, aseguró Leavitt.
No obstante, las medidas ya se han empezado a sentir a nivel nacional e internacional, con cruces a nivel diplomático y dificultades entre los ciudadanos.
Canadá, uno de los países más perjudicados por estas iniciativas, puso en pausa sus décadas de buenas relaciones y aseguró que trabajará en una respuesta a la altura de lo que considera “ataques” directos a su país.
“No perjudicaremos a los productores ni a los trabajadores canadienses en comparación con los trabajadores estadounidenses”, dijo el primer ministro, Mark Carney.

Otros, como la Unión Europea, intentaron rebajar el tono de la tensión e instaron a encontrar una salida pacífica al asunto, aunque aún no se han visto señales positivas de ello.
En tanto, fuera del plano diplomático, en las góndolas ya comenzó a verse una disminución de bienes estadounidenses y hay indicios de que la economía del gigante norteamericano está perdiendo impulso.

Diversas encuestas realizadas sobre empresas y hogares expusieron una caída de la confianza en las perspectivas económicas, en su mayoría basadas en el temor a un repunte de la inflación producto de estas medidas.
(Con información de AFP y Reuters)