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El calor extremo no solo afecta la comodidad y la salud inmediata de las personas, sino que también deja una huella silenciosa y duradera en el cuerpo humano. Según un estudio reciente publicado en Science Advances, las altas temperaturas prolongadas pueden acelerar el envejecimiento biológico en adultos mayores, un efecto comparable al daño causado por el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol. Este hallazgo, reportado por ABC News, subraya la importancia de comprender los efectos a largo plazo del cambio climático en la salud humana.
De acuerdo con la investigación realizada por científicos de la Universidad del Sur de California, las personas mayores de 56 años que viven en regiones con frecuentes olas de calor experimentan un deterioro acelerado a nivel celular y molecular. Este envejecimiento biológico, que puede superar en hasta dos años la edad cronológica de los individuos, se debe a la acumulación de daños en el cuerpo provocados por la exposición prolongada a temperaturas extremas. Eunyoung Choi, investigadora asociada de la Escuela Leonard Davis de Gerontología de la Universidad de California, explicó que este fenómeno ocurre porque “el deterioro biológico se acumula con el tiempo y eventualmente conduce a enfermedades y discapacidades”.
El estudio analizó datos de 3.686 adultos con una edad promedio de 68 años, provenientes de diversos contextos socioeconómicos en Estados Unidos. A partir de muestras de sangre, los investigadores midieron la edad epigenética, un indicador del envejecimiento biológico basado en modificaciones químicas en el ADN. Al comparar esta información con la cantidad de días de calor extremo en las zonas donde residían los participantes, descubrieron que una mayor exposición a temperaturas elevadas estaba asociada con un envejecimiento acelerado.
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Cómo el calor extremo impacta el envejecimiento biológico
El envejecimiento biológico no siempre coincide con la edad cronológica. Factores ambientales como el estrés, la contaminación y, en este caso, la temperatura, pueden alterar los procesos moleculares del cuerpo, acelerando el deterioro celular. El estudio encontró que la exposición a días de calor extremo durante períodos de uno a seis años incrementaba la edad biológica en 2,48 años. Incluso exposiciones más cortas, de entre uno y tres años, resultaron en un aumento de 1,07 años en la edad biológica.
Este envejecimiento acelerado se relaciona con cambios en la metilación del ADN, un proceso en el que grupos químicos se añaden a la secuencia genética, alterando la expresión de ciertos genes sin modificar el código genético en sí. La metilación del ADN es altamente sensible a factores ambientales, y estudios previos han demostrado que puede verse afectada por la dieta, la exposición a contaminantes y el estrés crónico. Según Choi, “la metilación del ADN cambia con la edad y responde de manera significativa a las exposiciones ambientales”.
Además, el impacto del calor extremo varía según la región geográfica. El análisis reveló diferencias significativas entre personas que viven en climas cálidos y aquellas en regiones más templadas. Por ejemplo, los residentes de Phoenix, Arizona, una de las ciudades más calurosas de Estados Unidos, mostraron una edad epigenética 14 meses mayor que los habitantes de Seattle, Washington, incluso después de ajustar factores como ingresos, educación, actividad física y hábitos como el tabaquismo.
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Definición de calor extremo y sus riesgos para la salud
El estudio definió el calor extremo basándose en el índice de calor diario, que combina temperatura y humedad. Según los parámetros del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos, un índice de calor entre 26,6 y 32,2℃ (80 y 90℉) se considera de “precaución”, mientras que entre 32,2 y 39,4℃ (90 y 103℉) se clasifica como de “precaución extrema”. Cualquier índice superior a 51℃ (124℉) se define como de “peligro extremo”. Estas condiciones afectan la capacidad del cuerpo para regular su temperatura, especialmente en adultos mayores, aumentando el riesgo de deshidratación, golpes de calor y otros problemas de salud.
Investigaciones previas ya habían vinculado el calor extremo con un aumento en la mortalidad y la morbilidad. Las olas de calor están relacionadas con enfermedades cardiovasculares, disfunción renal y hospitalizaciones por agotamiento térmico. Sin embargo, este nuevo estudio revela que los efectos nocivos comienzan antes de que se presenten síntomas evidentes. “El impacto físico del calor puede no ser evidente de inmediato como una enfermedad diagnosticable, pero podría estar causando un daño silencioso a nivel celular y molecular”, explicó Choi.
Otro factor importante es la humedad, que dificulta la disipación del calor corporal a través del sudor. Con la edad, el mecanismo de termorregulación del cuerpo se vuelve menos eficiente, lo que hace que las personas mayores sean más vulnerables a las temperaturas extremas. La combinación de calor y humedad alta puede generar condiciones peligrosas incluso en temperaturas que no parecen excesivamente elevadas.
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Implicaciones para la salud pública y la lucha contra el cambio climático
Los hallazgos de este estudio tienen implicaciones significativas para la salud pública y las políticas de adaptación al cambio climático. La creciente frecuencia e intensidad de las olas de calor obliga a desarrollar estrategias para proteger a las poblaciones más vulnerables. “Esto proporciona evidencia sólida para guiar políticas públicas e iniciativas de defensa destinadas a mitigar los efectos del cambio climático”, afirmó Choi.
Entre las medidas recomendadas, los expertos destacan la importancia de mejorar la infraestructura urbana para reducir el efecto isla de calor en las ciudades, fomentar el uso de espacios con sombra y acceso a agua potable, y desarrollar programas de asistencia para poblaciones de riesgo. También se subraya la necesidad de estrategias de adaptación, como el diseño de edificios con mejor ventilación y el desarrollo de planes de emergencia para olas de calor.
A nivel global, el calentamiento climático continúa intensificándose debido a las emisiones de gases de efecto invernadero. Según la Organización Meteorológica Mundial, el año 2023 fue uno de los más calurosos registrados, con temperaturas promedio superiores a las de décadas anteriores. Ante este panorama, los expertos advierten que los efectos del calor extremo en la salud podrían agravarse en los próximos años si no se toman medidas urgentes.
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Un llamado a la acción ante un problema creciente
El estudio no solo destaca los riesgos del calor extremo, sino que también enfatiza la urgencia de abordar el cambio climático como una crisis de salud pública. A medida que las temperaturas globales continúan en ascenso, el envejecimiento biológico acelerado podría convertirse en un problema de salud más extendido. “Podemos intervenir en una etapa más temprana para prevenir problemas de salud más graves en el futuro”, concluyó Choi.
Con la evidencia científica acumulada sobre los efectos del calor en el organismo, expertos y autoridades de salud instan a fortalecer las estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y desarrollar políticas de protección para los sectores más vulnerables serán pasos clave en la lucha contra las consecuencias del aumento de las temperaturas en la población mundial.