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Marilú Montalvo, una madre originaria de la Ciudad de México, logró cruzar la frontera hacia Estados Unidos este lunes después de 14 años de separación forzada de sus hijos. Según informó EFE, la mujer de 40 años fue deportada en 2010. Ella enfrentó una larga y agónica espera en la ciudad fronteriza de Tijuana antes de volver a ver a sus familiares.
Este reencuentro, que tuvo lugar en el puerto internacional de San Ysidro, marca el fin de una dolorosa espera que comenzó tras su deportación, la cual ocurrió bajo circunstancias que ella describe como profundamente injustas.
Su llegada a México ocurrió cuando su exmarido, y la mujer con la que sostenía una relación extramarital, la denunciaron ante las autoridades migratorias.
El amargo momento que le arrebató a sus hijos

El incidente ocurrió el 7 de octubre de 2010, el día del cumpleaños de una de sus hijas. Marilú había planeado celebrar llevando un pastel al preescolar, pero agentes vestidos de civil llegaron a su domicilio y la detuvieron. Según detalló, los oficiales le informaron que sería deportada y que debía avisar al padre de sus hijos para que los recogiera.
“Me quitaron a mi bebé, que entonces tenía dos años, le entregaron los niños a él (su esposo) y me deportaron. Es morir en vida”, afirmó Montalvo al recordar el momento en que fue separada de sus hijos.
A lo largo del tiempo, Montalvo solo pudo verlos en dos ocasiones y siempre en secreto. La primera vez fue tres años después de su deportación, cuando su hijo tenía cinco años y su hija nueve. La segunda ocurrió cuando los niños ya eran adolescentes, con 13 y 17 años respectivamente. Ahora, su hijo tiene 16 años y su hija está por cumplir 19.
Marilú describió los años de separación como un periodo de profundo sufrimiento. “Es muy difícil, es estar muerta en vida, pero con una esperanza muy dentro de ti”, afirmó.
Según explicó, la deportación no solo la privó de estar con sus hijos, sino que también la sumió en un constante estado de miedo e incertidumbre. “No disfrutas nada, no eres feliz. En cada momento de tu vida tienes mucho miedo de no darle la protección, el amor y el cuidado a tus hijos, es muy doloroso porque tienes que ser fuerte, no hay otra opción”, añadió.
Desde el momento de su deportación, Marilú comenzó a buscar alternativas legales para regresar a Estados Unidos. Inicialmente, intentó obtener una visa bajo la Ley de Violencia contra la Mujer (VAWA), un recurso que permite a las víctimas de violencia doméstica solicitar la residencia permanente. Sin embargo, su solicitud fue rechazada debido a que en el pasado había cruzado la frontera utilizando documentos que no le pertenecían.
El apoyo de una comunidad preocupada

En su búsqueda de ayuda, Marilú encontró apoyo en la organización Dreamers Moms, un colectivo con sede en Tijuana que asiste a madres deportadas. La activista Yolanda Varona, coordinadora del grupo, la puso en contacto con un abogado que asumió su caso y trabajó para que pudiera reunirse con sus hijos.
A pesar de las dificultades, Marilú nunca perdió la esperanza de volver a estar con sus hijos. “No quité nunca el dedo del renglón; una mamá siempre va a luchar contra viento y marea, contra todo”, afirmó.
Aunque el reencuentro con sus hijos representa un logro significativo, Marilú es consciente de que el camino por delante no será fácil. Durante los años de separación, sus hijos crecieron y enfrentaron la ausencia de su madre en momentos clave de sus vidas.
“Viene una etapa muy difícil, eran muy pequeños cuando todo sucedió. Sé que me quieren ver, hablo con ellos, pero sí los he visto confundidos”, explicó.
Además, Marilú tiene tres hijas mayores de una relación anterior, quienes son ciudadanas estadounidenses y pudieron visitarla en Tijuana durante su deportación. Sin embargo, recuperar el vínculo con sus hijos menores, quienes eran apenas unos niños cuando fue deportada, será un desafío emocional. “Me perdí prácticamente su vida y no va a ser fácil”, reconoció.