“El deporte es mi vida”. Cuando era pequeño, Ricardo Ten sufrió un accidente eléctrico que provocó que le amputaran los brazos y una pierna. Fue la bici lo que le hizo darse cuenta de que podía conseguir todo lo que se propusiera, aunque fue la natación el deporte que le llevó al alto rendimiento y a convertirse en oro paralímpico. Tras colgar el bañador, tenía la espinita de devolver al ciclismo lo que ese deporte le había dado. Y en Tokio 2021, lo hizo con una medalla olímpica, pero fue en París donde tocó la gloria subido en una bici con una medalla de oro. “He podido cerrar el círculo, porque es un deporte que me ha acompañado desde pequeño”, asegura en una entrevista con Infobae España.
Con tan solo ocho años, Ricardo Ten estaba jugando con su primo en una casa de campo que estaba en obras, cuando sufrió una descarga eléctrica. Como consecuencia sufrió quemaduras de tercer grado en el 75% de su cuerpo y tuvieron que amputarle los dos brazos y la pierna izquierda. “Mi vida cambió radicalmente para mí y para mi familia”, asegura. Fue precisamente el apoyo de su familia lo que le ayudó a ser una persona autónoma. En el colegio, la situación tampoco cambió en gran medida, dado que continuó con sus amigos de siempre gracias al trabajo de sus profesores que le mandaban el material al hospital, algo a lo que Ricardo no encontraba lógica: “No lo entendía muy bien por qué estando en el hospital realmente malo no paraban de traerme exámenes y deberes. Cuando ya me hice adulto lo entendí”.
El deporte tampoco cambió. Ya estaba presente en su vida antes del accidente y después de él, no solo se mantuvo, sino que se incrementó. “Siempre he practicado todo tipo de deportes a nivel escolar, pero no federado”, asegura. Fue su hermano, que entonces era piloto de motos y competía, quien sembró la semilla de la competición en él. Durante su estancia en el hospital tras el accidente, comenzó a practicar todo tipo de deportes, aunque a él solo le preocupaba uno: “Quería volver a montar en bicicleta”. Su hermano y su padre se encargaron de que eso ocurriera y le adaptaron una. “Para mí supuso un gran cambio porque si eso que se suponía que no iba a poder hacer lo había conseguido, seguro que todo lo que me propusiera lo podía conseguir”, recuerda.

Una filosofía que aplicó a todos los ámbitos de su vida y a todos los deportes. En el colegio practicaba fútbol, baloncesto o tenis de mesa, todo ello de forma amateur, por divertirse. No fue hasta los 15 años cuando vio la posibilidad de competir. “La primera información que tuve del deporte de competición para personas con discapacidad fue la natación”, relata. Por entonces, Ricardo casi ni sabía los estilos, solo flotar, pero cerca de su casa había un club de natación y decidió probar. “Me enseñaron a competir y a deslizarme por el agua y aprender todos los estilos”.
Al principio tenía “mucha ilusión por competir”. Los primeros torneos no tardaron en llegar, primero a nivel regional, autonómicos… Poco a poco fue involucrándose cada vez más en la natación hasta que consiguió la marca mínima para ir al Campeonato de España y allí consiguió una medalla. A partir de ese momento todo fue rodado: Campeonatos de Europa, del Mundo y, por último, los Juegos Paralímpicos. En Atlanta 1996 realizó su debut en una cita paralímpica. Ir a unos Juegos “es el sueño de todo deportista”, afirma Ricardo, pero él, además, lo hizo con dos medallas, una de plata y otra de bronce.
Cuatro años más tarde, viajó a Sídney 2000, los que él define como sus “mejores Juegos”, dado que alcanzó la gloria por partida doble al conseguir dos medallas de oro. “Y después han venido otro montón de años más, también repletos de éxitos”. Más tarde llegó Pekín 2008, donde de nuevo subió a lo más alto del podio con una medalla de oro y con otra de bronce. En Londres, también se colgó una presea al cuello, la de bronce. Poco a poco Ricardo se fue dando cuenta de que, tras años dedicados a la natación, ya no se sentía competitivo, que su motivación y ambición “ya no eran las mismas”. A lo que se sumó que los jóvenes deportistas que llegaban iban “apretando fuerte”. Fue en Río, tras cinco Juegos Paralímpicos, cuando Ricardo decide poner punto y final, colgar el bañador y dejar la natación.

Su pasión por el ciclismo
Dejó de nadar, pero no quería “dejar pasar la oportunidad de seguir vinculado al deporte”. Lejos de ocupar un papel de segunda línea, Ricardo vio la oportunidad de impulsar su otra gran pasión: el ciclismo. “Yo era un enamorado de la bicicleta, formaba parte de mi vida antes que la natación. En pretemporada era mi forma de prepararme. Los fines de semana salía con amigos, hacía incluso algún triatlón y era mi medio de transporte para ir a entrenar”. Ricardo tenía claro que quería probar hasta dónde era capaz de llegar con la bici. “Al principio mis expectativas eran bajas, porque no esperaba esa adaptación tan rápida y que pudiera ser competitivo”. Pero así fue.
Desde el primer año empezó a ver resultados, lo que le hizo tener esperanza. Poco a poco llegaron las competiciones, a sabiendas de que era consciente de “lo difícil que es cambiar de disciplina y acostumbrarte a entrenar y competir en diferentes escenarios. Mi cuerpo se tenía que adaptar”, explica. Tal fue su ascenso que llegó a conseguir el billete para los Juegos Paralímpicos de Tokio, una cita olímpica peculiar, marcada por el Covid-19. La ilusión de haber conseguido plaza fue doble, dado que además ejerció como abanderado español, lo que fue un “gran orgullo” para él. “Es algo con lo que un deportista no llega ni a soñar cuando empieza en el deporte”, considera.
El podio en aquella cita olímpica (la primera como ciclista) tampoco se le escapó a Ricardo, que consiguió la medalla de bronce en la velocidad por equipos con sus compañeros Pablo y Alfonso. Eran conscientes de que acudían a la competición muy bien preparados, incluso para conseguir “algún éxito más”, pero una caída les alejó de la posibilidad de sumar alguna presea más al medallero español. Con el sabor “agridulce” de Japón y el buen estado de forma en el que se encontraba, afrontó el siguiente ciclo olímpico para llegar a París y volver a tocar la gloria: un oro, una plata y un bronce.
Había conseguido “cerrar el círculo”, al poder conseguir los mismos éxitos de la natación también en el ciclismo, que es “un deporte que me ha acompañado desde pequeño”. Fue montando en bici, donde se dio cuenta de que era capaz de conseguir lo que se propusiera, y fue en la bici, donde tocó la gloria bajo el cielo de París.
La integración del deporte paralímpico
En los últimos años, el deporte paralímpico y, en especial, el ciclismo, como destaca Ricardo Ten, ha experimentado gran evolución. Durante el Mundial de Glasgow de 2023, que contaba con casi todas las pruebas, los ciclistas paralímpicos estaban totalmente integrados con los ciclistas convencionales. “Si había diez pruebas, cinco eran de ciclismo convencional y cinco eran de ciclismo paralímpico”. Una medida que sirve para dar “visibilidad” a los deportistas paralímpicos y “un paso más en la integración del ciclismo para todos”. Tanto la Federación como la UCI, destaca Ricardo, han hecho un “esfuerzo grande” en este sentido. “Cuando yo empecé era algo impensable”, destaca.
Una cuestión que cree que debería instaurarse en los Juegos Olímpicos, aunque considera que “aún queda bastante para eso”. Y añade: “Creo que tiene que ser el camino”. Aunque puede que él no llegue a competir bajo dichas condiciones, dado que aún no tiene claro si acudirá a los Juegos de Los Angeles. “Estoy intentando disfrutar el momento y lo conseguido en los Juegos de De París”, afirma. Es consciente de que “es complicado” y tiene claro que debe ir poco a poco viendo cómo se desarrollan los próximos años, aunque mantiene una esperanza de poder volver a representar a España en una cita olímpica.
Lo que sí tiene claro es que el deporte nunca desaparecerá de su vida. “No concibo mi vida sin deporte. Me lo ha dado todo”. Fue gracias al deporte como se dio cuenta de que podía conseguir todo lo que se propusiera, le ha permitido viajar, conocer diferentes culturas, conocer a su primera mujer, con la que tuvo dos hijos, y a su actual pareja. Ser una persona abierta y realista. Además, de oro, plata y bronce paralímpico.