
A principios del año 1800, una enfermedad asolaba las tropas napoleónicas. La disentería provocaba en los soldados franceses fiebre, dolores abdominales y diarrea con sangre, lo que debilitaba el avance del ejército en su conquista por toda Europa. Los enfermos eran incapaces de tragar las medicinas y, sin el tratamiento adecuado, fallecían irremediablemente. Fue entonces cuando uno de los doctores propuso a Napoleón curar a sus soldados de una manera poco convencional: introduciendo los medicamentos por el ano.
Aunque esta leyenda enmarca el origen de los supositorios en la Europa del siglo XIX, el respaldo histórico es escaso, pues Egipto y Mesopotamia ya conocían estos medicamentos. Sin embargo, es cierto que fue a mediados de 1800 cuando su uso se industrializó en cierta medida. Pero hoy en día, los supositorios son un tratamiento residual, casi como un último recurso.
Muchos quizá recuerden en su infancia el traumático proceso de tener que introducirse un supositorio por el ano. Estos fármacos, que alcanzaron el cenit de popularidad en la época de los 70 y 80, se veían como una medida analgésica y antitérmica muy efectiva. “Antiguamente se usaban bastante los supositorios de paracetamol, pero ya se han reducido muchísimo”, confirma a Infobae España la farmacéutica Lucía Osuna.
Un medicamento incómodo en el siglo XXI
En los últimos años, la efectividad de los supositorios se ha relativizado y la dificultad para controlar su dosificación no ha ayudado a mantener su popularidad. Sin embargo, estos fármacos siguen utilizándose en casos en los que el niño no tolere el tratamiento por vía oral, ya sea por vómitos o porque rechaza ingerirlos.
Durante décadas, los supositorios para la tos también se encontraban bastante extendidos, aunque hoy se sabe que aumentan el riesgo de convulsiones en niños menores de dos años. Por ello, no se aconseja su utilización.
No obstante, siguen existiendo situaciones en las que las personas pueden necesitar este medicamento, aunque suelen ser casos concretos. Por ejemplo, pacientes terminales, personas que sufren convulsiones o que tienen algún tipo de deterioro cognitivo que les impide tragar correctamente las pastillas.

Supositorios para el estreñimiento
Asegurar que los supositorios son fármacos del pasado que ya tienen su fin anunciado tampoco sería cierto. Los fabricados con glicerina son muy útiles para quienes sufren problemas de estreñimiento. De hecho, “son la vía más rápida y efectiva”, comenta la farmacéutica.
Estos comprimidos son laxantes de origen vegetal que, al ser introducidos por el recto, alivian el estreñimiento ocasional. El supositorio actúa aumentando la cantidad de agua en el colon, lo que sirve para ablandar las heces al mismo tiempo que estimula el movimiento intestinal, favoreciendo la evacuación.
Además, su acción lubricante reduce la fricción al evacuar, lo que lo convierte en una opción especialmente útil en casos de hemorroides o fisuras anales, donde se requiere un tránsito intestinal menos doloroso.
A diferencia de lo que se pueda pensar, el supositorio debe introducirse por la parte plana del comprimido, no por los extremos. Una vez se encuentra dentro del ano, debe retenerse el mayor tiempo posible para que este se diluya y tenga efecto en el organismo.
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