Los mejores thrillers son los que dejan más preguntas que respuestas, y en el caso de El refugio atómico no se puede decir que no se hayan quedado varias cuestiones en el tintero. La nueva serie española de Netflix llegó a la plataforma hace tan solo una semana y desde entonces se ha convertido en lo más visto de la misma. Buena parte de la culpa la tienen sus creadores, autores de otro gran fenómeno como fue La Casa de Papel, el gran reparto o el inmenso escenario construido para la ocasión, pero también un guion que deja todo abierto para su final, al que probablemente hayan llegado ya unos cuantos.
Si eres uno de esos que ya ha visto el final, seguramente te preguntes qué ha podido suceder. La serie comienza desde el primer episodio con un gran giro: no hay motivo alguno por el que los multimillonarios tendrían que estar en un búnker, pues no hay ningún desastre nuclear fuera. Minerva (Miren Ibarguren) y su equipo se encargan de hacer creer a sus huéspedes que ha habido una gran crisis global y no pueden salir del Kimera Undergorund Park, el vasto complejo que han construido a varios metros bajo tierra. Sin embargo, el desastre nuclear es el menor de los problemas para los habitantes del búnker, que empiezan a desatar sus rencillas entre los unos y los otros.
De esta forma, a lo largo de los ocho episodios de El refugio atómico no solo conocemos los verdaderos planes del Kimera por embaucar y desplumar a sus inquilinos, sino también los conflictos entre los multimillonarios, especialmente los de las familias Varela y Falcón. Por un lado, la infidelidad entre Frida (Natalia Verbeke) y Guillermo Falcón (Joaquín Furriel) que detona su ya de por sí complicada relación con Rafa (Carlos Santos), pero también con Mimi (Agustina Bisio), quien enferma ante la actitud de Joaquín. Y eso es solo lo que sucede entre las cuatro paredes, porque en realidad ignoran que algo mucho mayor se cuece fuera.

Resacón en Bangkok
Porque el plan maestro de Minerva y su hermano Ziro (Álex Villazán) no ha sido solo el de recluir a tantos millonarios haciéndoles creer que hay un apocalipsis, sino también intentar quitarles todo el dinero en vida. El más pudiente de todos ellos no es otro que el propio Guillermo Falcón, dueño de una de las compañías más punteras en tecnología y para el que unos cuantos millones apenas significan un pellizco. En esos millones se centra el equipo del Kimera, en los que administra su empresa y en concreto Oswaldo, el socio de Guullermo y quien está interpretado por un viejo conocido de La Casa de Papel, Enrique Arce.
A través de la Inteligencia Artificial diseñada por Ziro, que controla y vigila el búnker, el equipo logra hacer creer a Oswaldo que Guillermo desea adquirir una empresa que en realidad ni siquiera existe. Un “unicornio”, como ellos mismos denominan, para que Oswaldo muerda el anzuelo y realice un gran desembolso de dinero que vaya a parar a los bolsillos de los miembros del Kimera. Oswaldo viaja a Bangkok para negociar con el supuesto CEO de la ficticia empresa, mientras envían allí varios señuelos para hacerle al empresario imposible su viaje de negocios. Un falso romance, una noche de juerga y otro supuesto comprador terminan por engañar al socio de Guillermo, que finalmente realiza la transacción y, cuando se quiere dar cuenta, ya es demasiado tarde. Es interceptado y asesinado a sangre fría.

Saliendo a la superficie
Mientras el equipo realiza el desfalco de Falcón, dentro del búnker Max (Pau Simon) y Asia (Alicia Falcó) también orquestan su propio plan maestro, el de desconectar la inteligencia artificial y con ello inhabilitar el sistema del búnker para poder intentar salir a la superficie. Ambos engañan al resto haciéndoles creer que están enamorados, cuando en realidad utilizan sus encuentros para diseñar la mejor forma de acometer su compleja empresa. En el proceso, como no podía ser de otra manera, ambos acaban sintiendo cosas por el otro, pero lo realmente importante es escapar del búnker.
Y con ello llegamos al último momento de la serie, con Max huyendo del complejo equipado con un traje antirradiación sin saber que ni siquiera le espera un desastre nuclear fuera. Lo cierto es que Max está a punto de descubrir la realidad y escapar por fin de esa cárcel eterna en la que se ha convertido su vida, pero la serie se interrumpe justo ahí. ¿Qué hará una vez se dé cuenta del engaño? ¿Alertará a las autoridades o seguirá su propio camino dejando a su suerte al resto?
No parece muy probable viendo su incipiente amor por Asia, pero cosas más raras se han visto. En cualquier caso, Netflix aún no ha confirmado la renovación de la serie por una segunda temporada, pero sus creadores no han descartado la posibilidad. Sin duda el final queda abierto a varias posibilidades, a si que es solo cuestión de tiempo que se sepa el auténtico desenlace del que ya es uno de los grandes éxitos de Netflix España este año.
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