
El sesgo de género es uno de los principales problemas en el abordaje de pacientes con dolor crónico. Según indica la Sociedad Española del Dolor (SED), el perfil más frecuente de persona con dolor en España corresponde a una mujer de 46 años. Así, en los últimos años, médicos y pacientes abogan por visibilizar el dolor de la mujer como un dolor significativamente diferente al del hombre.
En esta línea, un equipo de científicos de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) ha descubierto un nuevo mecanismo que actúa a través de una célula inmune y apunta hacia una forma diferente de tratar el dolor crónico. Según este trabajo, las hormonas femeninas pueden suprimir el dolor al inducir la producción de opioides por parte de las células inmunitarias cercanas a la médula espinal. Esto detiene las señales de dolor antes de que lleguen al cerebro.
Tal y como se recoge en la revista Science, el descubrimiento podría contribuir al desarrollo de nuevos tratamientos para el dolor crónico. También podría explicar por qué algunos analgésicos son más eficaces en las mujeres que en los hombres y por qué las mujeres posmenopáusicas experimentan más dolor.
En concreto, el trabajo revela un papel completamente nuevo para las células inmunes reguladoras T (T-regs), que son conocidas por su capacidad para reducir la inflamación. “El hecho de que exista una influencia dependiente del sexo en estas células -impulsada por el estrógeno y la progesterona- y que no esté relacionada en absoluto con ninguna función inmunitaria es muy inusual”, expone la doctora Elora Midavaine, investigadora postdoctoral y primera autora del trabajo.

Un descubrimiento de las meninges
Los investigadores analizaron las T-regs en las capas protectoras que recubren el cerebro y la médula espinal de ratones. Hasta ahora, se creía que estos tejidos, llamados meninges, solo servían para proteger el sistema nervioso central y eliminar desechos. Las T-regs se descubrieron allí hace poco.
“Lo que estamos demostrando ahora es que el sistema inmunitario utiliza las meninges para comunicarse con neuronas distantes que detectan la sensibilidad en la piel”, incide la doctora Sakeen Kashem, profesora adjunta de dermatología. “Esto es algo que desconocíamos”, afirma.
Esa comunicación comienza cuando una neurona, a menudo cerca de la piel, detecta algo que podría causar dolor. La neurona envía entonces una señal a la médula espinal. El equipo descubrió que las meninges que rodean la parte inferior de la médula espinal albergan una gran cantidad de T-regs. Para comprender su función, los investigadores inactivaron las células con una toxina. El efecto fue sorprendente: sin los T-regs, las hembras se volvieron más sensibles al dolor, mientras que los machos no. Esta diferencia específica según el sexo sugirió que las hembras dependen más de los T-regs para controlar el dolor.
A corto plazo, este hallazgo podría ayudar a los médicos a elegir medicamentos más eficaces para cada paciente, según su sexo. Por ejemplo, se sabe que ciertos tratamientos para la migraña funcionan mejor en mujeres que en hombres. Esto podría ser especialmente útil para las mujeres que han pasado por la menopausia y ya no producen estrógeno ni progesterona, muchas de las cuales experimentan dolor crónico.
*Con información de Europa Press