
Una gira mundial que prometía ser un hito histórico para una familia canadiense estuvo a punto de convertirse en un infierno. El hallazgo inesperado de un cargamento de 95 kilogramos de cocaína escondido en la parte trasera de su autocaravana estuvo a punto de dar un vuelco al viaje.
Concretamente, los integrantes del vehículo se dieron cuentan de la mercancía que transportaban al llegar a Amberes (Bélgica). No obstante, la autocaravana se había enviado desde Uruguay, mientras que la familia había viajado en avión.
El incidente ocurrió el pasado viernes, cuando los viajeros recogieron su vehículo en el puerto de la ciudad belga y se dirigieron a una gasolinera ubicada a unos 20 kilómetros para repostar, según ha informado el diario neerlandés Le Journal de Montreal.
Fue allí donde, al revisar el maletero de la caravana, encontraron decenas de paquetes envueltos en plástico negro. Intrigados por el contenido, decidieron alertar a una patrulla policial que se encontraba en el lugar.
Intervención policial
De acuerdo con Kristof Aerts, portavoz de la fiscalía de Amberes, los agentes actuaron de inmediato para garantizar la seguridad de la familia y trasladar la autocaravana a la comisaría de Berchem (norte de Bélgica).
Allí, tras una inspección detallada, se confirmó que los paquetes estaban llenos de cocaína. La policía federal belga inició una investigación para determinar cómo la droga fue introducida en el país y para rastrear su origen.
Por su parte, según las autoridades, la familia fue interrogada como parte del procedimiento, pero que no existían indicios de que estuviera al tanto de la presencia de los narcóticos en su autocaravana.
En este sentido, la familia canadiense decidió alquilar otra autocaravana, ya que la original quedó bajo custodia policial, para continuar su viaje alrededor del mundo.
De un país a otro sin que nadie se entere
La forma más habitual de introducir droga en un país es haciendo uso de los medios de transporte que más operan: aviones, camiones, buques…
La participación activa de los pasajeros y su equipaje suelen ser el elemento crucial que ayuda al tráfico, pero en otros casos, la carga ilegal es ocultada en contenedores o remolques, junto con otras cargas regulares, a fin de facilitar su tránsito.
No obstante, hay un fenómeno que cada vez resulta más habitual, que consiste en la introducción de drogas escondidas en el propio medio de transporte sin que las empresas responsables ni los conductores tengan conocimiento.
En los buques, donde se han llegado a detectar fardos con hasta 600 kilos de droga en el exterior, pegados al casco, la operativa es de las más difíciles, dado que son los buzos en el puerto de origen los que introducen la mercancía en determinadas cavidades del barco para que afronten la travesía.
Dado que la policía ha detectado esta problemática, ahora los delincuentes optan por utilizar el equipaje y la carga de pasajeros para movilizar los cargamentos de drogas.
Una estrategia que supone una ventaja para los narcotraficantes, que no se ven como sospechosos o responsables hasta una vez llegada la droga a su lugar de destino, y tengan que acudir para recogerla.