
Gastón Spicher, un anciano oriundo de Mannens, Suiza, entregó su permiso de conducir coincidiendo con su 99º cumpleaños, cerrando así un capítulo de 80 años al volante. Lo hizo con una mezcla de nostalgia y aceptación, rodeado de su familia, que le brindó apoyo en este emotivo momento, según relata La Liberté. El gesto no solo marcó el fin de una era personal para Spicher, sino que también reflejó una tendencia creciente de personas mayores que, a pesar de sus años, deciden dejar el volante de forma voluntaria por motivos de seguridad.
El día de su cumpleaños, el 6 de abril, Spicher no solo celebraba su longevidad, sino también su extensa trayectoria como conductor, que comenzó en 1945. Acompañado de sus siete bisnietos, dos nietas y su hija, llegó a la Oficina de Tráfico y Navegación (OCN) de Domdidier, en un último viaje que, según él mismo confesó, “realmente me rompió el corazón”. Spicher no solo entregó su carnet, sino que también aceptó el final de una etapa que lo había acompañado durante gran parte de su vida. “Es una página que estamos pasando, tenemos que aceptarlo”, comentó mientras su hija, Marie-Claire Sottaz, bromeaba diciendo que la licencia, ya cancelada, sería “exhibida en su habitación”.
Un amor por la carretera desde la infancia
El amor de Spicher por los vehículos comenzó a una edad temprana. En 1948, sus padres fueron los primeros en tener un coche en Mannens, un imponente modelo estadounidense que dejó una huella imborrable en el joven Spicher. “Mis padres fueron los primeros en tener un coche en Mannens, un gran coche americano. Desde entonces, el gusto por la carretera nunca me ha abandonado”, recordó. Esa pasión se tradujo en viajes a lo largo de toda Europa y, en ocasiones, incluso en Estados Unidos, siempre con el volante en sus manos.
Spicher se convirtió en un ávido viajero, recorriendo 14 capitales europeas, visitando Berlín, Londres, Edimburg, y explorando el sur de Italia en múltiples ocasiones. Para su luna de miel, realizó un viaje a Bélgica en un Escarabajo, poco después de la Segunda Guerra Mundial, un tiempo en el que pocos se aventuraban en largos trayectos por carretera debido a la falta de autopistas. Junto a su esposa, con quien estuvo casado durante 63 años, compartió su amor por los viajes, realizando escapadas espontáneas por Europa. Incluso cuando una de sus hijas se mudó a Estados Unidos, Spicher aprovechó la ocasión para conducir por California, donde, a pesar de su vasta experiencia, fue detenido por exceso de velocidad debido a su olvido de las conversiones de millas a kilómetros.
A pesar de su vigorosa salud y agudeza mental, Spicher aceptó la sugerencia de su familia, que consideraba peligroso que siguiera conduciendo a su avanzada edad. “¡Pero conduzco como si tuviera veinte! Y en mi cabeza ni siquiera tengo setenta”, solía decir, refiriéndose a su capacidad de concentración y sus buenos reflejos, que mantenía a través de chequeos anuales. Sin embargo, su hija y otros miembros de la familia insistieron en que era el momento de dejar el volante antes de que ocurriera un accidente. “Mi familia creía que era peligroso que siguiera conduciendo, que tenía que parar antes de que ocurriera un desastre”, reconoció Spicher, quien aceptó, finalmente, el consejo familiar.
La entrega de su carnet también refleja una tendencia en aumento en la región de Friburgo, donde, según las estadísticas de la Oficina Federal de Carreteras, el número de conductores mayores de 75 años ha ido en aumento en los últimos años. A pesar de los chequeos médicos obligatorios cada dos años, que incluyen pruebas de visión y capacidades cognitivas, muchos conductores mayores continúan en las carreteras, a menudo hasta edades avanzadas. En 2024, 19 personas mayores de 90 años aún conservaban su licencia de conducir en Friburgo, mientras que el número de entregas voluntarias de carnets también ha aumentado en los últimos años, reflejando una creciente conciencia sobre la seguridad vial.
La libertad y la familia
Spicher nunca dejó de ver el acto de conducir como una forma de libertad. “Al volante, es una aventura, todo vale. Me gusta descubrir los paisajes que me rodean”, decía, reflejando el espíritu de un hombre que vivió su vida con un sentido de independencia y curiosidad insaciable. A su lado, su hija comentó que viajar en coche era una tradición familiar que ella misma sigue con sus propios hijos y nietos. “He viajado en coche con mis padres toda mi vida. Ahora continuamos esta tradición con nuestros hijos y nietos”, comentó con una sonrisa.
Spicher, además de ser un ávido conductor, también disfrutaba de la bicicleta y la moto, siendo cartero durante muchos años en su pueblo, donde recorría su ruta en dos ruedas. Un hombre de familia, rodeado por sus siete bisnietos, y una figura emblemática de su comunidad, Spicher cerró un capítulo importante de su vida rodeado de amor y gratitud, dejando atrás un legado de historias al volante.