
La noche del pasado 2 de abril, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció finalmente los esperados aranceles a países de todo el mundo. “Hoy es el día de la liberación”, aseguraba poco después de colocarse tras el podio con el sello de la Casa Blanca. “Nos han timado desde hace 50 años, pero eso ya no va a volver a ocurrir”. El mercado estadounidense e internacional está sufriendo las consecuencias desde entonces.
Algunos gobiernos han tomado sus propias medidas como respuesta a los nuevos aranceles: según ha informado el New York Times, apenas 24 horas después de que Trump anunciase los nuevos impuestos que se aplicarán a las importaciones extranjeras, la administración de Xi Jinping, presidente de la República Popular China, dio una respuesta firme y clara a la administración estadounidense. A partir del próximo 10 de abril, China aplicará sus propios aranceles, de un 34% (el mismo impuesto a China por la administración del país norteamericano), a todas las importaciones provenientes de los EE. UU., una medida que no deja ninguna duda sobre la intensidad de su reacción.
Del mismo modo, también se aplicará otra medida que podría ser aún más significativa: la suspensión de las licencias de importación de productos de seis empresas estadounidenses, así como un endurecimiento de los controles sobre la exportación de tierras raras. China controla el 69% de la producción global de este tipo de materiales, de acuerdo con Mining Technology.

¿Qué son las tierras raras?
Las tierras raras - que realmente no son “tierras”, sino un conjunto de 17 elementos químicos que comparten muchas propiedades y suelen encontrarse juntas en la naturaleza -, son fundamentales para la industria de los semiconductores y para diversas aplicaciones tecnológicas avanzadas. Estos metales no solo son esenciales en la electrónica y las energías renovables, sino que también tienen un gran valor estratégico, particularmente en el ámbito militar, debido a sus propiedades únicas. En este contexto, China posee una ventaja considerable, ya que es el mayor productor mundial de tierras raras y controla una parte significativa de la cadena de suministro global.
Si China decide limitar el suministro de este tipo de materiales a los Estados Unidos (que desde hace años depende de las tierras raras chinas), podría repercutir seriamente en sectores clave como la fabricación de semiconductores, esencial para la tecnología de la información, para defensa, y varias otras industrias de alta tecnología.
Por el momento, el alcance de los nuevos controles chinos sobre las tierras raras es incierto. A medida que avance la situación, más detalles sobre estas restricciones podrían salir a la luz, lo que podría incrementar aún más la presión sobre Estados Unidos. Sin embargo, lo que es claro es que las cartas ya están sobre la mesa y que ambos países tienen apenas unos días para encontrar una solución. El 9 de abril, con la entrada en vigor de los aranceles de Trump, marcará el inicio de una nueva fase en este conflicto. Habrá que esperar para ver si Estados Unidos y China están dispuestos a aliviar la tensión, aunque solo sea un poco, o si la guerra comercial sigue intensificándose.