Un sanitario deja las Urgencias para irse a la sanidad privada porque no le da para vivir: “Renuncio, tengo 35 años y no puedo pagar el alquiler”

“Me encanta mi trabajo de enfermero en Urgencias, pero he dimitido. Y no soy el único”, se queja este enfermero

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La presión constante, las amenazas diarias y las condiciones de vida han empujado a Pavels Krilovs, un enfermero de 35 años nacido en Letonia y criado en Reggio Calabria (en el sur de Italia) a dejar su puesto en el servicio de Urgencias del hospital Sant’Orsola en Bolonia, donde ha trabajado durante los últimos cinco años, para volverse a su ciudad natal.

Después de pensárselo mucho y haber “rellenado hojas y hojas” con una lista de pros y contras, su decisión ya está tomada y será oficial a partir del 17 de abril, cuando regresará al sur para continuar su carrera de sanitario, pero en la sanidad privada.

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“Me encanta mi trabajo de enfermero en Urgencias, pero he dimitido. Y no soy el único: en los últimos tres meses otros seis enfermeros se han ido”, admite en una entrevista con el diario Il Corriere della Sera en la que explica las difíciles condiciones para los enfermeros en la sanidad pública italiana que se suman a los de la vivienda, común en muchas ciudades de Europa.

No poder vivir solo con 35 años

Hay muchos factores que explican su decisión, pero entre ellos está el alto coste de vida de Bolonia, cuyos precios son insostenibles para los sanitarios.

De hecho, aunque Krilovs cobre un salario aparentemente decente de 2.000 euros al mes, no le permite cubrir costes básicos como la vivienda para él solo: “Lo dejo todo sobre todo porque el derecho a un techo no está garantizado en Bolonia. Yo gano casi 2.000 euros, pero una ciudad que te quita casi 1.000 euros si quieres vivir solo no es sostenible”, explica el enfermero. Por eso una de las cosas que considera indignantes es que se vea obligado a su edad -35 años- a compartir piso con otros tres compañeros.

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A pesar de su amor por la profesión, las condiciones laborales y económicas lo han llevado a replantearse su futuro. “Si tengo que machacarme tanto aquí, pero luego no puedo permitirme ni siquiera una casa para mí, ¿qué sentido tiene?“, se pregunta.

Su vida en Reggio Calabria, explica, le permitirá tener más comodidades y un estilo de vida más accesible, ya que cuenta un apartamento propio.

La presión del servicio de urgencias, que Krilovs describe como agotadora, también ha influido en su decisión: “Hay que estar 12 horas de pie y mantenerse atento y vigilante desde que entras hasta que te vas. No puedes desconectar, no sabes qué es lo que va a venir después”. A pesar de ser responsable del triaje de enfermos y de manejar medicamentos salvavidas, Krilovs afirma que no recibe ningún tipo de incentivo económico por la responsabilidad y la carga emocional que implica trabajar en Urgencias. Para él, la falta de reconocimiento es un factor clave para explicar la fuga de enfermeros hacia el sector privado.

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Krilovs planea ahora trabajar en el sector privado en Reggio Calabria, donde los salarios son más altos y las condiciones son más llevaderas. Por eso son capaces de captar tantos profesionales y cumplir con sus expectativas: “El sector privado se han dado cuenta de la frustración de nuestra categoría profesional y pagan a un enfermero hasta 30 euros por hora”.

Ambiente violento en Urgencias

Además de los largos turnos y la presión de un servicio de Urgencias, hay algo que también le pesa, y es el ambiente de violencia verbal, de amenazas y agresiones, que sufren los sanitarios diariamente.

“Cada día sufro agresiones verbales y cuando son solo verbales, está hasta bien. No hablo de ofensas genéricas o insultos, me refiero a amenazas de muerte, de apuñalamiento, gente que te escupe, que te muerde, o que puede usar nuestros instrumentos de trabajo como armas potenciales”.