Los crímenes del ‘Huerto del francés’: seis hombres asesinados en timbas de cartas ilegales a principios del siglo XX

Miguel Rejano desapareció en 1904 llevando consigo toda su fortuna: 28.000 reales que había conseguido en una venta de trigo

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Los crímenes del ‘Huerto del
Los crímenes del ‘Huerto del francés’ (Biblioteca Nacional)

Era 1904 y Miguel Rejano, vecino de Posadas, Córdoba, salió de Sevilla con todo el dinero que tenía en casa: casi 28.000 reales (según una estimación complicada de calcular más concretamente, esto equivaldría a entre 35.000 y 42.000 euros de los de hoy). Era la cantidad que había conseguido ganar por una venta de trigo y en principio tendría que haber vuelto ese mismo fin de semana. Sin embargo, nunca apareció.

Por el camino se encontró con José Muñoz Lopera y le habló de unas timbas ilegales de cartas que organizaba un socio suyo, Juan Andrés Aldije Monmejá, conocido como ‘el Francés’, en las afueras de Peñaflor, Sevilla. Lopera se acercó a él y le habló de las grandes ganancias que podría obtener jugando a las cartas con ‘el Francés‘, sin sospechar nada, Rejano aceptó la invitación.

José Muñóz Lopera (Biblioteca Nacional)
José Muñóz Lopera (Biblioteca Nacional)

Rejano entró en dicha finca y no volvió a salir. Fue la mujer de su primo la primera que se dio cuenta de esta desaparición. El hombre tendría que haber vuelto hace unos días, por lo que contactó con la Guardia Civil y empezó la investigación. Hablando con varios conocidos descubrió que Rejano había sido visto en compañía de Lopera.

Seis cadáveres

Así, los agentes accedieron al puerto de Aldije, que se encontraba en una casa rural, con varias cuadras, corrales y un huerto de unas dos fanegas de tierra aproximadamente, situado en el extrarradio de Peñaflor.

Allí se encontró el cuerpo sin vida de Rejano, enterrado. Sin embargo, la sorpresa vino cuando junto a él aparecieron otros cinco cadáveres. Los otros pertenecían a José López Almela, Benito Mariano Burgos, Enrique Fernández Cantalapiedra, Federico Llamas y Félix Bonilla.

Esto dio comienzo a uno de los primeros casos recogidos en la crónica negra española, seguido por los medios de la época.

“El muñeco”

Gracias a la investigación llevada a cabo se descubrió la forma en la que los dos asesinos llevaban a cabo su macabro cometido. José Muñoz Lopera captaba a las víctimas entre los amantes de la ruleta y las cartas, con el cuento de que iban a desplumar a ‘el Francés’, que pasaba por un rico apasionado por el juego.

'El francés' (Biblioteca Nacional)
'El francés' (Biblioteca Nacional)

Una vez en el huerto, aprovechando la noche y el carácter clandestino de las partidas, y mientras iban en fila por el estrecho sendero que llevaba a la casa, Aldije –que siempre se situaba detrás del convidado– empuñaba una barra de hierro –a la que llamaba “el muñeco”– y, al llegar a un punto convenido, gritaba: “Pepe, cuidado con la cañería”. Cuando la víctima se inclinaba, en un acto reflejo para mirar al suelo, le descargaba un fuerte golpe en la cabeza con “el muñeco” y le remataba con un martillo.

Condenados a muerte

El juicio comenzó en marzo de 1906 y fue uno de los más mediáticos de su tiempo. Aldije y Lopera fueron acusados de asesinato, robo y ocultación de cadáveres. Ambos intentaron defenderse alegando que las víctimas habían participado voluntariamente en las partidas de cartas y que las muertes fueron incidentales, pero su defensa no fue suficiente para convencer al tribunal.

Las autoridades peruanas le atribuyen al detenido su participación en 30 acciones delictivas

En octubre de ese año, el tribunal dictó sentencia: ambos fueron condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo el 30 de octubre de 1906, en la Cárcel del Pópulo de Sevilla, donde Aldije y Lopera fueron ajusticiados mediante garrote vil, un método de ejecución común en la época. La noticia de sus muertes se convirtió en un hito mediático, y el caso se consolidó como uno de los más famosos en la historia criminal de España.

El legado de este caso sigue a día de hoy. La expresión “parece el huerto del Francés” se popularizó en el lenguaje coloquial como una forma de referirse a lugares donde se cometían delitos o donde ocurrían sucesos tumultuosos. En la década de los años 30 al estadio de fútbol del Racing de Santander se le llamó ‘el huerto del Francés’ debido a que el equipo se mostraba imbatible y ‘enterraba’ a todos los equipos contrincantes que allí jugaban.