
Se acerca la Semana Santa y con ella las tradiciones que acompañan a la festividad católica. A las procesiones y las torrijas se le ha unido en los últimos años la particular costumbre de los huevos de Pascua. Originaria de las festividades paganas de la primavera, la decoración y búsqueda de huevos de Pascua es típica de países de tradición protestante.
Sin embargo, este no es el único motivo por el que podemos encontrar huevos de colores, al menos en Suiza. Según ha contado Ángela, una española residente en Suiza, los huevos de colores están presentes todo el año en el supermercado. Esta particularidad ha sorprendido mucho a la joven y ha querido compartir en la red social TikTok los motivos detrás de esta costumbre.
Según ha explicado Ángela, estos colores se añaden de manera artificial “para diferenciarlos de los huevos frescos”. Por tanto, no son los huevos normales los que llevan este colorante, sino los huevos duros o huevos cocidos. “Así se ven en las estanterías de los supermercados, con colores vistosos”, muestra en su vídeo. “Los llaman ‘huevos de picnic’ o ‘huevos suizos’”, añade la española.
Sin embargo, es difícil no llegar a confundirlos con los huevos de Pascua, que también se venden con estos colores vivos. Pero estos aparecen de manera estacional, mientras que los particulares ‘huevos de picnic’ están presentes todo el año en las estanterías de los supermercados. Pero su color puede estar ligado a la tradición de Semana Santa.
El origen del huevo de Pascua

Desde tiempos inmemoriales, el huevo ha sido considerado un símbolo cargado de significados mágicos y espirituales. Diversas civilizaciones antiguas lo asociaron con el origen de la vida y la creación del universo. En la actualidad, esta tradición se mantiene viva, especialmente durante la celebración de la Pascua, cuando millones de personas en todo el mundo consumen huevos, ya sean cocidos, de chocolate o de mazapán, como parte de las festividades.
Las primeras interpretaciones simbólicas del huevo se remontan a culturas como la griega, la japonesa y la china, que lo consideraban el punto de partida de la existencia. Estas civilizaciones creían que el cielo y la tierra surgieron de un huevo dividido en dos. En otras regiones, como Hawái, se narraba que las islas nacieron del estallido de un huevo puesto por un ave mítica. En Finlandia, antiguos cánticos relataban que siete huevos dieron origen al universo, formando el sol, las estrellas y las nubes tras romperse.
En Europa, el huevo también adquirió un significado especial. Según la agencia Swissinfo, en la antigua Galia se le vinculaba con el sol y la fertilidad, mientras que en Egipto y Roma representaba el renacimiento de la naturaleza y la continuidad de la vida, incluso en el más allá. Durante la primavera, era común que las personas intercambiaran huevos teñidos o pintados como un gesto de buenos deseos y abundancia para sus seres queridos.
Con el tiempo, esta tradición fue adoptada por el cristianismo. Desde el siglo IV, la Iglesia estableció el ayuno y la abstinencia durante los 46 días de la Cuaresma, prohibiendo el consumo de huevos entre otros alimentos. Sin embargo, como las gallinas continuaban poniendo huevos, estos se cocían para conservarlos y se ofrecían como regalos al llegar la Pascua. Hoy en día, el consumo de huevos de Pascua, ya sean cocidos, de chocolate o de otros materiales, sigue siendo una tradición ampliamente practicada en todo el mundo.