Las 9 señales durante la infancia que indican que de adulto puedes no tener ninguna relación con tus hermanos: expectativas altas o personalidades opuestas

Pese a que el vínculo fraternal puede ser uno de los más fuertes, la manera en la que se ha sido educado y las dinámicas familiares pueden romper la conexión

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Las relaciones sociales entre hermanos, según la psicología, son unas de las más fuertes, pues comparten una gran cantidad de vivencias que les moldearán hacia un vínculo especial. Las personas que crecen en una familia en la que hay varios hijos encuentran generalmente en la figura del hermano un apoyo emocional, un compañero de juegos, un confidente y alguien con quien compartir miedos, alegrías, preocupaciones y experiencias.

Sin embargo, este tipo de relación también es una de las más complejas, pues en una convivencia se suelen generar conflictos. Además, ambos suelen encontrarse en un momento vital de crecimiento y aprendizaje que les lleva a intentar buscar un espacio propio.

La manera en la que se ha sido educado, así como la dinámica general instaurada en un hogar, son pilares fundamentales que moldean la personalidad de cada persona. Muchas de las cosas que vivimos en la infancia repercuten en el adulto en el que nos convertimos. De esta manera, existen algunas señales de la etapa en la que somos niños que pueden indicar que, cuando crezcamos, podemos no tener una relación cercana (o que esta sea inexistente) con nuestros hermanos.

Factores que influyen en la relación entre hermanos

El medio francés Ouest France, en colaboración con Sain et Naturel, ha elaborado una lista de estos indicios, que pueden provocar que en el futuro el vínculo entre hermanos se acabe debilitando, aunque no haya ocurrido un conflicto grave para que esto suceda. A veces tiene que ver con la comunicación instaurada entre ellos y otras con las presiones a las que son sometidos por parte del resto de componentes de la familia, pero el desenlace puede ser una distancia duradera.

La edad y la jerarquía
La edad y la jerarquía entre hermanos influye en sus comportamientos (Shutterstock)

En ocasiones, los padres pueden infundir en sus hijos un sentimiento de competición que les lleva a ver a sus hermanos como rivales: esto ocurre en los hogares en los que se fijan unos estándares de perfección bastante altos, por lo que se potencia que sean muy buenos en todo lo que hacen desde muy pequeños. De esta manera, en lugar de generarse una conexión, se acaba produciendo una competitividad que puede llevar a comparaciones y resentimientos, sobre todo cuando estos halagos de virtudes recaen únicamente sobre uno de los hermanos.

Lo mismo ocurre en las casas en las que, ya sea por tener una carga de trabajo excesivo o la necesidad de cuidar de varios niños, los hermanos sienten que tienen que competir por la atención y el afecto de sus padres. Se puede generar una distancia emocional duradera, ya que aprenden a verse como adversarios en una carrera por conseguir el aprecio de la familia.

Aquellos niños que han crecido con una expectativa de madurez muy alta también tienden a distanciarse. Por ejemplo, si durante los conflictos, en lugar de producirse una conversación o debate para intentar llegar a un entendimiento, se buscaba el cese inmediato en la pelea, esto puede llevar a considerar que las emociones no son valoradas. Intentar mantener la relación sin que se produzcan problemas supone un proceso tan agotador que pueden producirse alejamientos.

Por el contrario, lo mismo puede ocurrir si en una ambiente familia hay un exceso de conflictos: este caos hace entrar a los niños en un modo de supervivencia, por lo que se centran más en gestionar el estrés que en desarrollar vínculos fuertes. Además, se pueden producir asociaciones inconscientes entre familia y problemas, por lo que tienden a aislarse para no volver a entrar en ese bucle de negatividad.

La personalidad de cada uno de los niños también juega un papel importantísimo en este sentido: cuando los rasgos son completamente distintos, por ejemplo, si uno es muy extrovertido y el otro más reservado, puede verse como una forma de enriquecer la relación o como un obstáculo para comunicarse. En el segundo caso, se vuelve algo difícilmente salvable. Lo mismo ocurre cuando sienten que han vivido vidas separadas, aunque haya sido bajo el mismo techo: la diferencia de edad o la carga de responsabilidades solo sobre uno de ellos también puede afectar en su relación futura.

Pese a que un vínculo entre hermanos puede aportar un gran apoyo, en algunos casos existe una falta de apertura emocional, puesto que se evitan las conversaciones profundas y emotivas. Esto provoca que la persona, cuando es adulto, tienda a no compartir sus sentimiento desagradables, lo que supone un escollo para mantener una relación duradera. De igual manera, también puede haber una falta de estímulo para apoyarse mutuamente, ya sea porque sus padres han resuelto siempre sus discusiones por ellos (por lo que no han aprendido a manejar sus desacuerdos) o porque se les ha dicho repetidamente que los solucionen solos (y a veces no se cuenta con la base necesaria para hacerlo).

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Esto puede generar una falta de confianza o seguridad, otro de los motivos que pueden provocar que en el futuro se rompa el vínculo entre hermanos. En ese sentido influyen especialmente la manera en la que se genera la comunicación: si ha habido traición, burla...

Todas estas cuestiones, aunque ocurran durante la infancia, moldean la manera en la que nos relacionamos con el resto de personas en el futuro. Las dinámicas de cada hogar son diversas y pueden dejar una huella imborrable en cada uno, provocando que los vínculos se rompan si no se cuenta con las herramientas suficientes para mantenerlos en el tiempo.