Una mujer casi “pierde” su frente tras pedirle a una esteticién una inyección de bótox: “Me dijeron que mi frente se estaba muriendo”

El caso de Laura, una joven francesa que se dejó inyectar bótox por “una señora que hace esto en casa” y le provocó una necrosis en la frente

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FILE Ñ A woman receives
FILE Ñ A woman receives injections of Botox in Scottsdale, Ariz., Aug. 12, 2010. Federal and state health officials are investigating a spate of illnesses linked to counterfeit or improperly administered Botox that has sickened 22 people across 11 states. (Joshua Lott/The New York Times)

Desde hace algunos años, someterse a intervenciones estéticas es cada vez más común. En 2023, la Sociedad de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) presentó La realidad de la cirugía estética en España, un informe en el que presentan cifras sobre este tipo de procedimientos. En 2021, en España hubo 204.510 intervenciones, que incluyen una diversidad de tratamientos como el aumento de pecho, la rinoplastia, o la liposucción. Esto significa que, en los diez años comprendidos entre el 2013 - fecha en la que la misma organización publicó un estudio - y el 2023, este tipo de procedimientos aumentaron en un 215%.

Como suele pasar en todo mercado, cuando existe demanda y existen beneficios, habrá quienes traten de hacerse un hueco en el panorama a toda costa, incluso si esto supone hacerlo de forma clandestina: si algo se vende legalmente, lo más probable es que también se venda de manera ilícita. La cirugía estética no es la excepción, y se han visto ya numerosos casos de pacientes que, en busca de lo más barato, acaban por pagarlo caro, en ocasiones incluso con su vida. O “casi” con su frente: el pasado mes de abril, una joven francesa de 26 años llamada Laura se dejó guiar por las recomendaciones de sus compañeros de trabajo y acudió a realizarse inyecciones de bótox por una vía, cuanto menos, poco recomendable.

Una enfermera prepara una inyección
Una enfermera prepara una inyección de Botox (REUTERS/Kim Hong-Ji/File Photo)

Ir por lo barato y pagarlo caro

Según explicó al medio francés Nice-Matin, se iba a casar “en abril, quería estar perfecta y rellenar las pequeñas líneas de expresión que me molestaban en la frente. Unos amigos del trabajo me hablaron de una señora que hace esto en casa. La encontré en Instagram, miré las fotos de antes y después que publicó y empecé a charlar con ella. Todo me convenció”, asegura, y añade lo más importante: “Los precios me convenían: 400 euros por las dos inyecciones, la mitad del precio de una consulta médica”.

Así, acudió a la “consulta” de esta señora, habiendo decidido: “Me explicó el protocolo y me mostró los productos. En cuanto me pinchó, sangré mucho y empecé a hincharme y a tener pequeñas necrosis en el lugar del pinchazo”. Eso es mala señal, de primeras, ya que, aunque sangrar levemente no deja de ser normal, sangrar “mucho” y desarrollar necrosis (muerte celular) no lo es. “Una hora después, en casa, tenía la frente azul. La llamé un poco asustada, me volvió a decir que era normal y que se iría aclarando”, cuanta Laura. Así que lo dejó estar: un día, y otro, y un tercero, hasta que después del cuarto día de sufrimiento acudió al hospital Pasteur de Niza (Francia): “Me dijeron que mi frente se estaba muriendo… la estaba perdiendo”. Inmediatamente y durante una semana, los médicos le inyectaron hialuronidasa para disolver el producto alojado en sus arterias.

Como es normal, Laura no dudó en presentar una denuncia por ejercicio ilegal de la medicina, a lo que la “esteticista”, simplemente, le quiso ofrecer un reembolso. Por su parte, en retrospectiva, Laura asegura que “esta experiencia fue devastadora a nivel físico y psicológico. Me preguntaba cada día si algún día recuperaría mi cara…”. Por el momento, deberá esperar para borrar las cicatrices que le dejó la falsa esteticista.