
Sandra Barneda, la periodista, presentadora de televisión y escritora española del grupo Mediaset que presenta La Isla de las Tentaciones, visitó el año pasado el pódcast Mujer Vital, un espacio presentado por Edgar Barrionuevo (un experto en nutrición especializado en ayunos terapéutico y psiconeuroinmunología) que se autodescribe como “dedicado a las mujeres que buscan mejorar su calidad de vida durante la premenopausia y menopausia”. Según informan en su canal de Spotify, en cada episodio entrevistan a “expertas y mujeres inspiradoras que comparten sus experiencias y conocimientos sobre salud, nutrición, bienestar emocional y autocuidado. Desmitificamos los tabúes y proporcionamos técnicas para manejar el estrés y estrategias efectivas para gestionar los síntomas de esta etapa transformadora”.
La menopausia es el proceso natural a través del cual se interrumpe de forma definitiva la menstruación. Suele diagnosticarse tras 12 meses sin sangrado vaginal o manchado, lo que suele ocurrir entre los 40 y los 50 años. Además, provoca otra serie de síntomas que pueden ser bastante más conflictivos, como sofocos, alteración del sueño y del estado de ánimo y una disminución de energía, aparte de que ralentiza el metabolismo, provocando que el cuerpo almacene más energía en forma de grasa a la par que el bajón de estrógenos aumenta el apetito.
Es por esto último que, al alcanzar la menopausia, muchas personas sienten la necesidad de cambiar sus hábitos vitales, desde su actividad física hasta su dieta; y aunque cada persona necesitará diseñar los suyos propios, existen algunos alimentos que nunca son “buenos” para nadie. El consumo excesivo de azúcar, especialmente el refinado que suelen llevar los dulces, puede provocar el desarrollo de diabetes, además de aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas, presión arterial alta, inflamación crónica y enfermedad hepática no alcohólica.

Sandra ya no se acuerda del chocolate
“Los azúcares son complicaos‘”, dice Sandra a Edgar, que le da la razón y añade que “están en todas partes”. “Y eso lo llevo... pues eso, intento chocolate negro del 85 (%)”, pero a veces la vida no lo pone fácil: “El año pasado tuve (en casa) a mi sobrino (...) entonces, claro, el chocolate iba por un tubo, y las compras cambian una cosa (...) y ya no está, pero yo, de repente, comía muchísimo chocolate, que era de 70%, pero llevaba mucho azúcar. Me pasé al (chocolate de) 85%, y ya no como prácticamente chocolate”, a lo que Edgar responde que “claro, te has quitado el ingrediente adictivo”.
Comer azúcar es, en ciertos aspectos, parecido a consumir alguna droga (con el añadido de que, como no lo es, no se percibe como nocivo), en tanto que provoca una liberación de dopamina, un neurotransmisor involucrado en muchas funciones cerebrales, como la memoria, las sensaciones placenteras, el sueño, el estado de ánimo, la atención y la actividad motora, entre otras. “Pero es alucinante”, agrega, casi con sorpresa, Sandra, “es que prácticamente ni me acuerdo del chocolate”.
“De todas maneras, yo creo que siempre se puede mejorar”, opina Sandra, a lo que Edgar matiza que “a veces también hay que saber el tener un término medio, ser más tolerante, que oye, a veces es normal que nos tomemos azúcares, porque están ahí, porque nos apetecen, porque nos gustan… pero bueno, ser consciente también de lo que es habitual o lo que es puntual”. “El conciliar con uno mismo, ¿no?“, resume Sandra. Y tiene razón: aunque nunca es malo velar por la salud propia, tampoco es ideal obsesionarse hasta el punto de negarse de forma absoluta cualquier capricho. De vez en cuando, por el gusanillo, tampoco puede ser malo.