
A principios de febrero de 2025, los líderes de la Unión Europea (UE) se reunieron en Bruselas para debatir el futuro de la política de defensa en un contexto marcado por la incertidumbre de los aranceles y Estados Unidos. Tras la guerra en Ucrania y el cambio de postura de la nueva administración estadounidense, los mandatarios europeos expresaron su intención de reforzar su papel en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y fomentar proyectos industriales de cooperación en defensa financiados a nivel supranacional. “Una OTAN, o como se llame entonces la organización, sin Estados Unidos, por muchas razones, no funcionará”, dijo Mark Rutte, el Secretario General de la OTAN.
En este contexto, España se posiciona como un país relevante en los futuros desarrollos del Programa para la Industria de Defensa Europea (EDIP), tal y como asegura el Real Instituto Elcano en su análisis ¿A por todas? El renacer industrial de la defensa española y europea. Explican que, con su experiencia en programas europeos de defensa, España se encuentra bien posicionada para beneficiarse del nuevo EDIP, pero que, sin embargo, enfrenta desafíos que requieren una mejor coordinación con el sector privado.
El EDIP, que tiene como objetivo mejorar la preparación de la defensa europea, tiene un apoyo financiero de 1.500 millones de euros durante el periodo 2025-2027. Además, también garantizar la continuidad del apoyo a la base industrial y tecnológica, así como la financiación de proyectos conjuntos en materia de defensa y ciberseguridad.
Los retos a nivel nacional, según Elcano
Por este motivo, desde el Instituto apuntan que para España el reto principal no es solo acceder al EDIP, sino también optimizar su participación en los grandes proyectos de adquisición de defensa. En este sentido, apuntan que el Ministerio de Defensa debe asumir un papel más activo en la identificación de las fortalezas de la industria española y en la definición de prioridades en capacidades militares. “Si España quiere posicionarse bien de cara al futuro EDIP, el Ministerio de Defensa debe invertir en la mejora de sus recursos de gestión para manejar proyectos europeos a gran escala de interés común en el ámbito de la defensa y en las adquisiciones conjuntas”, apuntan desde Elcano.
Otro aspecto crucial es la convergencia entre las prioridades de la UE y la OTAN. El secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, destacó que para que esta volviese a ser “grande de nuevo”, los países debían inyectar más activos a su gasto en defensa, hasta llegar al 5% del PIB, umbral que ni siquiera alcanza Estados Unidos.
Para España, esto significa garantizar que sus iniciativas en el EDIP sean coherentes con los objetivos de la Alianza Atlántica. De hecho, el pasado lunes 17 de febrero El País publicó la hoja de ruta diseñada por el Gobierno que España tiene que cumplir para alcanzar su compromiso con la OTAN en gasto militar. El Ejecutivo de Sánchez planea aumentar el gasto al 1,32% del PIB este año y alcanzar el 2% en 2029, lo que implicará más que duplicar los 17.523 millones de euros asignados a defensa en 2024, hasta llegar a 36.560 millones en cinco años.
España también enfrenta desafíos en la financiación privada del sector de defensa. Aunque el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el mayor prestamista multilateral de la Unión Europea y que preside la exministra de Economía, Nadia Calviño, ha invertido 8.000 millones de euros para la seguridad europea, sigue teniendo restricciones para financiar directamente sistemas de armamento. De hecho, España y otros 18 Estados de la UE, enviaron el pasado mes de enero una carta al BEI para pedir que desempeñe “un papel aún más relevante en la financiación de inversiones y la movilización de fondos privados para el sector de la seguridad y la defensa”.