
Cuando conversamos con otra persona hay una serie de normas implícitas que se deben respetar. El tono de voz, por ejemplo, o la actitud y el tipo de palabras que utilizamos, pueden variar según nos estemos dirigiendo a una u otra persona. Hay, también, otros elementos que son considerados más generales, como el hecho de salvaguardar el turno de palabra de la persona que nos está hablando.
Sin embargo, esto es algo que no solo se incumple a veces. Hay, también, personas que recaen en ello de manera continuada, como si no fueran conscientes -o no quisieran serlo- de que hay una persona a la que están interrumpiendo. Esta actitud, que puede resultar tremendamente ofensiva para muchas personas, puede venir motivada, según la opinión de diferentes psicólogos, por diferentes razones.
De lo social a lo individual
Antes de abordar los motivos, no obstante, es importante empezar por las tendencias. Un estudio realizado en el año 2021 en el que se analizaron una serie de conferencias en el Birmingham and Women’s Hospital de Boston (Estados Unidos), se concluyó que los hombres interrumpían más que las mujeres. No solo esto, sino que además, tal y como se ha venido explicando en otras investigaciones previas, las mujeres suelen ser mucho más interrumpidas (hasta un 33% más) que los varones cuando hablan. Un fenómeno que incluso tiene un nombre propio, el manterrupting, convertido en una de las actitudes machistas más reconocibles que se producen en el día a día.
Más allá de esto, lo cierto es que también la persona que interrumpe puede tener algunos rasgos de carácter que la hagan más proclive a interrumpir, independientemente de quién sea la persona perjudicada. Así, hay muchas personas que interrumpen porque, simplemente, sienten que no controlan aquello de lo que se está hablando, ya sea por quedarse fuera de sus competencias o por cómo y en qué circunstancias se está produciendo la conversación. De este modo, es probable que alguien nos interrumpa si quiere introducirse en la charla, sin importar en muchas ocasiones que por ello el tema cambie completamente.
Otros psicólogos ponen más hincapié en el hecho de que, en muchas ocasiones, la persona no está atenta a lo que se está diciendo, sino que simplemente se encuentra pensando en todo momento qué es lo que dirá a continuación. De este modo, lo que se produce en estos casos es una falta de capacidad de escucha activa por parte del individuo. Ya no solo que oiga las palabras, sino que además atienda al significado de lo que decimos, para poder aportar o relacionar lo que se dice y no cortar la vinculación con todo lo dicho previamente.
Un exceso de prisas
A veces, con todo, esta falta de atención es también debida a un exceso de ganas de excitación. El medio especializado VeryWellMind explica que “algunas personas interrumpen porque están entusiasmadas con lo que estás diciendo que no pueden esperar hasta el final de tu declaración para aportar sus propios pensamientos y sentimientos”. Una desconsideración, por otro lado, que puede ser innata o adquirida, puesto que los patrones que reproducimos en la conversación son algo que se aprende desde que somos pequeño.
Por último, cabe destacar que algunos psicólogos clínicos también señalan algunos posibles trastornos, como el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En palabras de la doctora Sharon Saline, este tipo de individuos “suelen tener un control de los impulsos verbales más débil y problemas con la memoria de trabajo y metacognición”, algo que hace que puedan “interrumpir y no recordar esperar su turno”, entre otras cosas, porque no creen que puedan recordar más tarde lo que pensaban decir.
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