
El romance entre Katie Morosky y Hubbell Gardiner en The Way We Were (Nuestros años felices, 1973) se convirtió en una de las historias de amor más recordadas del cine. La química en pantalla entre Barbra Streisand y Robert Redford, unida a la icónica canción que da título al filme, llevó a la producción dirigida por Sydney Pollack a establecerse como un clásico del género.
No obstante, el drama detrás de cámaras fue incluso más intenso: conflictos, múltiples reescrituras de guion y la férrea resistencia de Redford a encarnar al galán que lo inmortalizaría en la memoria de los espectadores.
Una historia de amor atravesada por la política
The Way We Were fue adaptada por Arthur Laurents a partir de su propia novela de 1972. El escritor se inspiró en sus años universitarios en Cornell y en su experiencia con el Comité de Actividades Antiestadounidenses, que marcó a una generación de intelectuales y artistas.
La trama arranca en 1937, cuando Katie, una joven judía, marxista y activista contra la guerra, conoce a Hubbell, un estudiante blanco, protestante y acomodado, con un talento natural para la escritura pero escaso interés en la política. El contraste es inevitable: ella es apasionada y combativa; él, apático y conformista.

El reencuentro tras la Segunda Guerra Mundial los lleva a enamorarse, casarse y mudarse a Hollywood, donde Hubbell inicia una carrera como guionista. Sin embargo, el clima de persecución del macartismo y el activismo inquebrantable de Katie amenazan con destruir su matrimonio. La infidelidad de Hubbell y sus irreconciliables diferencias terminan separándolos, aunque, a través de ellos, el filme regala una de las despedidas más melancólicas de la gran pantalla.
Aunque la trama resultaba interesante, Robert Redford no estaba convencido de unirse al proyecto. Barbra Streissand, la protagonista fija, era quien había propuesto a ‘Bob’ para encarnar a Hubbell.
Según relató el periodista Robert Hofler en un libro citado por Far Out Magazine, el actor rechazó el papel durante ocho meses, calificando al protagonista como un personaje “débil, sin una columna vertebral” y al guion como “un trozo de basura”.
El problema, según Redford, era que la película giraba demasiado en torno a Katie Morosky, el personaje de Streisand, mientras que Hubbell quedaba relegado a un rol pasivo.

En palabras de la propia actriz, citadas en su autobiografía My Name Is Barbra, el actor preguntaba con frustración: “¿Quién es este tipo? No quiere nada. Es superficial y unidimensional”.
Aun con las negativas, Barbra Streisand no estaba dispuesta a rendirse. Estaba convencida de que solo Redford podía equilibrar la balanza con su inusual mezcla de de carisma, belleza e inteligencia.
Junto al director Sydney Pollack, desplegó una campaña de persuasión. Ambos sabían que sin Redford, la película no tendría el mismo peso.
Pollack, amigo cercano del actor, insistió en que aceptara, mientras Streisand presionaba a los productores para mejorar el guion y darle mayor sustancia a Hubbell. Para ello contrataron a guionistas como David Rayfiel y Alvin Sargent, quienes reescribieron escenas y fortalecieron la dimensión dramática del personaje masculino.
La estrategia fue desgastante: incluso cuando el productor Ray Stark quiso pasar página y buscar a otro actor, Streisand y Pollack pidieron una semana más de negociaciones.

Finalmente, un telegrama enviado a Streisand mientras rodaba Up the Sandbox en África le confirmó que había ganado la batalla.
El contrato que lo cambió todo
El sí de Redford no llegó solo con cambios de guion. El actor consiguió también un contrato ventajoso: 1,2 millones de dólares de salario, una cifra superior al millón que recibió la propia Streisand.
Con esa negociación cerrada, la producción avanzó, pero los problemas apenas comenzaban.
Hasta 11 guionistas participaron en los sucesivos borradores, entre ellos nombres tan destacados como Dalton Trumbo y Paddy Chayefsky.
Laurents, el autor original, terminó distanciado de Pollack y se mostró decepcionado con el rumbo del proyecto. Al ver el primer corte de la película, calificó el resultado como “un revoltijo mal fotografiado”, aunque reconoció que la edición posterior del director mejoró el producto final.
La tensión se extendió a otras áreas. La diseñadora de vestuario Dorothy Jeakins renunció tras confeccionar más de 50 trajes para Streisand y enfrentar múltiples cambios sugeridos por la actriz.

En el set, las discusiones entre los protagonistas y el director fueron frecuentes, aunque la pantalla terminó mostrando lo contrario: una pareja cuya atracción parecía inevitable.
Pese a las turbulencias, The Way We Were se estrenó en 1973 con gran éxito de taquilla. El filme ganó dos premios Oscar: mejor canción original por el tema interpretado por Streisand y mejor música original dramática. Décadas después, fue incluida en el listado del AFI como una de las seis mejores historias de amor del cine estadounidense.
El tiempo convirtió a la cinta en un referente del melodrama romántico y a la pareja Streisand-Redford en un ícono cultural. Paradójicamente, la película que el actor no quería protagonizar se transformó en una de las más recordadas de su filmografía.
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