
Ana, una joven de 25 años, tenía una cita médica en un lugar que nunca antes había visitado. Salió de su trabajo y se dirigía al lugar con la dirección y con una consulta previa de la zona a la que asistiría. Aunque parecía no ser una ruta complicada, la muchacha se perdió aún con la aplicación de ubicación geográfica en la mano. Platicando el caso con su pareja, recordó que no era la primera vez que le ocurría: al seguir rutas y direcciones quedaba desorientada y le era complejo dar con algún punto; en cambio, su novio siempre parecía saber a dónde ir y cómo llegar a cualquier sitio.
La conclusión a la que llegaron, basada en casos similares de familiares y amigos, fue que las mujeres tienen un mal sentido de orientación espacial, mientras que los hombres parecen tener una brújula nata que los guía bajo cualquier circunstancia y camino.
Este estereotipo se basa en la idea de que los hombres son mejores para leer mapas, encontrar direcciones sin perderse y navegar sin necesidad de solicitar indicaciones. Sin embargo, diversos estudios demuestran que esta suposición no tiene una base biológica, sino que se fundamenta en factores socioculturales y en la manera en que hombres y mujeres son educados desde la infancia.
¿Por qué se dice que los hombres son mejores en orientación espacial?

Tradicionalmente, la división del trabajo en muchas sociedades ha asignado a los hombres actividades que requieren habilidades de navegación espacial, como la caza o el comercio a larga distancia. Por otro lado, las mujeres son relegadas a tareas domésticas o de cuidado en espacios reducidos. . No obstante, si esta habilidad fuera exclusivamente hereditaria, las mujeres también la habrían desarrollado a lo largo de la evolución, lo que evidencia que no se trata de una predisposición genética.
Investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign han realizado estudios que cuestionan la supuesta superioridad masculina en la orientación espacial. Su análisis revela que, si bien existen diferencias entre hombres y mujeres en esta capacidad, estas no tienen un origen biológico, sino que derivan de la crianza y la socialización de género. En un metaanálisis de estudios previos, se compararon las habilidades de navegación de diversas especies, incluidos humanos, cangrejos de río, chimpancés, ranas venenosas, pandas y caballos. Los resultados evidenciaron que las diferencias en orientación espacial no obedecen a una ventaja evolutiva, sino a las experiencias de cada individuo durante su desarrollo.
Según el estudio, los niños suelen recibir más estímulos para explorar el entorno y jugar al aire libre, lo que les permite desarrollar habilidades espaciales con mayor eficacia. En cambio, las niñas, debido a normas culturales, pueden tener menos oportunidades para ejercitar estas capacidades. Justin Rhodes, coautor del estudio, concluyó que las habilidades de orientación en los hombres no son una ventaja evolutiva, sino el resultado de una educación diferenciada basada en estereotipos de género.
Un análisis realizado por el University College London refuerza esta hipótesis. Los investigadores examinaron datos obtenidos del juego de computadora “Sea Hero Quest”, diseñado originalmente para estudiar la demencia. Este experimento permitió evaluar el sentido de orientación de más de cuatro millones de personas en todo el mundo. Los hallazgos mostraron que los hombres tenían un mejor desempeño en las pruebas de navegación, pero también revelaron que esta diferencia estaba directamente relacionada con la igualdad de género en cada país. En naciones con mayor equidad entre hombres y mujeres, la brecha en orientación espacial era mínima, mientras que en sociedades con mayor desigualdad, la diferencia era más pronunciada. Este resultado sugiere que la cultura y el acceso a oportunidades son los principales determinantes en el desarrollo de habilidades espaciales.
Estrategias para reducir el sesgo de género en la orientación espacial

Dado que las diferencias en orientación espacial no son innatas, es posible implementar iniciativas para cerrar esta brecha de género. Investigadores de la Universidad Oberta de Cataluña, en colaboración con las universidades de Barcelona y Zaragoza, señalan que las habilidades espaciales pueden desarrollarse y mejorarse mediante programas de formación específicos.
Estas estrategias incluyen desde la implementación de ejercicios de orientación en la educación primaria hasta el uso de herramientas tecnológicas como la realidad virtual para fortalecer la representación mental de mapas cognitivos. Estudios recientes han demostrado que las plataformas digitales inmersivas permiten a los usuarios mejorar su orientación de manera significativa. Además, investigaciones han revelado que cuando las personas utilizan avatares de distinto género en entornos virtuales, su desempeño en tareas espaciales puede verse influenciado, lo que refuerza la idea de que los estereotipos tienen un impacto real en la capacidad cognitiva de los individuos.
Otra estrategia efectiva para reducir este sesgo es fomentar el acceso igualitario a actividades que promuevan el desarrollo de habilidades espaciales desde la infancia. Deportes como el fútbol, la escalada y la navegación pueden contribuir a mejorar la percepción espacial en ambos géneros. Asimismo, es fundamental diseñar programas educativos que integren tareas de orientación en el currículo escolar, asegurando que tanto niños como niñas reciban el mismo nivel de estímulo en este ámbito.
La eliminación de estereotipos en el discurso social también es clave para reducir la brecha de género en la orientación espacial. La representación equitativa de mujeres en áreas como la geografía, la exploración y la ingeniería puede contribuir a normalizar la idea de que la capacidad de orientación no está determinada por el género, sino por la práctica y la experiencia. La difusión de estudios científicos que desmientan los mitos sobre las diferencias innatas entre hombres y mujeres en este campo es una herramienta fundamental para cambiar la percepción colectiva.
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