
La velocidad con la que el conocimiento avanza y transforma los distintos sectores es impresionante. Este dinamismo impone la necesidad de que los estudiantes adquieran atributos y habilidades que los preparen no solo para enfrentar el presente, sino también para adaptarse al futuro incierto y cambiante.
Incluso aquellos que ejercen la docencia van a tener que desarrollar aún más la humildad, flexibilidad, permeabilidad, adaptabilidad para ser permanentes agentes de inspiración y transformación.
1. Mentalidad de aprendizaje continuo
Un “aprendedor a lo largo de la vida” debe tener una mentalidad abierta y flexible, dispuesta a aprender, desaprender y reaprender de forma constante. Esta mentalidad de aprendizaje continuo es esencial para mantenerse relevante y valioso en un mundo donde las habilidades y conocimientos pueden quedar obsoletos rápidamente.
2. Autogestión del conocimiento
La autogestión del conocimiento implica la capacidad de tomar la iniciativa en el propio proceso de aprendizaje. Un estudiante responsable debe ser capaz de identificar sus necesidades educativas, buscar los recursos necesarios y organizar su tiempo y esfuerzos para alcanzar sus objetivos. Esta habilidad es crucial, ya que no siempre habrá una empresa, institución o docente que nos diga cual es nuestra formación necesaria o que nos marque el ritmo; la responsabilidad de formarse debe estar en sus propias manos.

3. Curiosidad y creatividad
La curiosidad es el motor del aprendizaje. Un estudiante curioso siempre estará buscando nuevas ideas, conocimientos y soluciones innovadoras. La creatividad, por otro lado, permite aplicar ese conocimiento de maneras novedosas y efectivas, por lo que fomentar estas cualidades ayuda a los estudiantes a pensar de manera crítica y a abordar los problemas desde diferentes ángulos.
4. Actualización constante
Mantenerse actualizado con las últimas tendencias y tecnologías es vital. Esto no solo se refiere a conocer las novedades, sino también a comprender cómo pueden aplicarse en su campo de estudio o trabajo. El estudiante debe dedicar tiempo regularmente, a lo largo de su vida – especialmente en etapa laboral – a leer publicaciones relevantes, asistir a conferencias, tomar cursos en línea y participar en comunidades de práctica.
5. Resiliencia y adaptabilidad
La capacidad de adaptarse a los cambios y superar los desafíos es una característica esencial. La resiliencia permite a los estudiantes recuperarse de los fracasos y continuar su camino de aprendizaje, mientras que la adaptabilidad les ayuda a ajustar sus estrategias y objetivos a medida que el entorno evoluciona.

6. Humildad y disposición para aprender de los demás
La humildad es fundamental para reconocer que siempre hay más por aprender y que el conocimiento puede venir de cualquier fuente. Un buen estudiante debe estar dispuesto a escuchar y aprender de sus compañeros, mentores, y de diversas experiencias. Esta apertura enriquece su perspectiva y le permite crecer de manera integral.
7. Habilidades tecnológicas
En un mundo cada vez más digital, poseer habilidades tecnológicas es imprescindible. Desde el manejo de herramientas básicas hasta la comprensión de conceptos avanzados como la inteligencia artificial y el análisis de datos, estas habilidades son esenciales para navegar y prosperar en la era digital. Los últimos datos del mercado indican que la venta online crece año a año y, sin embargo, muchas pymes están perdiendo ventas por no “tener tiempo” para aprender y actualizarse en estas herramientas.
8. Colaboración y trabajo en equipo
El aprendizaje y el trabajo en equipo son habilidades clave. La colaboración permite a los estudiantes aprovechar las fortalezas de otros, compartir conocimientos y desarrollar soluciones de manera conjunta: es imposible que todos sepamos de todo, y todo el tiempo. Estas experiencias también les enseñan a comunicarse de manera efectiva y a gestionar dinámicas de grupo.
9. Gestión del tiempo y disciplina
La capacidad de gestionar el tiempo de manera efectiva y mantener la disciplina en el estudio y el trabajo son cruciales. Un estudiante “eterno” debe saber priorizar tareas, establecer metas claras y trabajar de manera constante para lograrlas. Esta gestión es especialmente importante en un entorno de aprendizaje autónomo.
Para ser un profesional del futuro es fundamental desarrollar una serie de atributos y habilidades que van más allá del conocimiento académico formal. Estos atributos no solo preparan a los estudiantes para enfrentar los desafíos actuales, sino que también los capacitan para adaptarse y prosperar en un futuro incierto y veloz.
Es especialmente vital poder inspirar a los jóvenes a cultivar estas cualidades es clave para asegurar que estén bien equipados para asumir la responsabilidad de su desarrollo y mantenerse valiosos en un mundo en constante evolución. Aprender nunca culmina, y es esta disposición para crecer y evolucionar continuamente la que definirá el éxito de los profesionales en el futuro.
* Diego Pasjalidis Ingeniero especialista en estrategias, innovación y transformación. Autor, columnista y docente. Director de Higher Education en Ticmas
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