El dólar alcanzó nuevamente los $1.500 para la venta en el Banco Nación y volvió a captar la atención de los ahorristas, luego de meses de estabilidad y una suba de más del 5% en junio que borró con su avance dos meses de ganancias del llamado carry trade. La tendencia reciente ubica al tipo de cambio en el centro de las decisiones de portafolio, tanto para quienes buscan cobertura como para quienes priorizan el rendimiento en pesos.
La suba del dólar responde a un conjunto de factores que confluyen en el mercado argentino. El primero es la mayor demanda de cobertura ante la cercanía del segundo semestre y el inminente vencimiento de bonos en pesos, como el bono CER TZJ26. El desarme de posiciones en moneda local y el reacomodamiento de carteras impulsan a los inversores a migrar hacia activos dolarizados. Este proceso coincide con el final de la temporada de cosecha, momento en el que disminuye la liquidación de agrodólares y se reduce la oferta neta de divisas en el mercado.
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En paralelo, la tendencia global muestra un fortalecimiento de la moneda estadounidense frente a otras monedas, lo que genera un arrastre en las economías emergentes. La liquidez local, potenciada por el pago de aguinaldos y el desarme de instrumentos de inversión en pesos, incrementa la presión sobre los dólares financieros como el CCL y el MEP. Estos elementos se combinan y alimentan el apetito por cobertura, en un contexto donde los movimientos del tipo de cambio impactan sobre las expectativas y la toma de decisiones.
El recorrido reciente del dólar incluye subas y retrocesos en torno a los $1.500, con episodios de volatilidad y rebotes. El gráfico del TCR del dólar MEP elaborado por Aurum Valores muestra que el nivel de $1.500 observado a fines de junio no equivale en términos reales al mismo valor nominal de meses anteriores. En diciembre de 2025, el MEP trepó hasta $1.895 y en abril de 2025 alcanzó los $1.731, mientras que el valor actual refleja un ajuste de la dinámica cambiaria luego de un período de apreciación. El gráfico expone picos y caídas, además de una tendencia más estabilizada en el primer semestre de 2026, con oscilaciones en la zona de $1.430 a $1.547.
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En este contexto, el debate sobre si conviene comprar, vender o esperar se vuelve central. La atención de inversores y ahorristas se focaliza en definir estrategias ante la suba y en analizar los fundamentos que explican el movimiento del dólar. Los operadores observan el ciclo estacional, la evolución de las tasas de interés, el balance comercial y la dinámica de los flujos de capitales, mientras que las expectativas sobre el futuro inmediato se ajustan en función de la coyuntura y de los movimientos de corto plazo.
El mercado ofrece diferentes alternativas de inversión y cobertura. Durante el primer semestre, el dólar mostró una suba limitada en términos nominales: desde el 1 de enero hasta el cierre de junio, la variación acumuló un avance del 2%. En el mismo período, las tasas de interés en pesos ofrecieron rendimientos mensuales del 2% y, en el caso de la Lecap licitada a noviembre, alcanzaron el 26% anual. Este diferencial llevó a muchos inversores a privilegiar el carry trade y a mantener posiciones en instrumentos ajustados por tasa, aunque la suba reciente del dólar reavivó el atractivo de la cobertura cambiaria.
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La estacionalidad también influye en el comportamiento del mercado. El cierre de mes, la demanda adicional por vacaciones de invierno y la proximidad del mundial generan movimientos puntuales en la demanda de dólares. La liquidación de divisas por parte del sector agroexportador tiende a disminuir después de la cosecha, lo que reduce la oferta en el mercado formal y en los segmentos financieros. El contexto internacional, marcado por el fortalecimiento del dólar, amplifica los efectos locales y suma presión sobre el tipo de cambio.
Antes de repasar las opiniones de los analistas consultados, se relevaron ocho respuestas: tres especialistas recomendaron comprar dólares, uno sugirió vender y cuatro optaron por no definirse o recomendar cautela ante el escenario actual.
El economista Gustavo Ber consideró que, ante una potencial estrategia cambiaria de las autoridades para el segundo semestre, puede ser más conveniente una mayor inclinación a la dolarización. Ber argumentó que el deslizamiento del tipo de cambio podría ser gradual, aunque más en línea con el ritmo de la inflación, en un contexto de menor oferta de divisas.
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El operador cambiario Gustavo Quintana, de PR Corredores de Cambio, recordó una máxima del mercado: “vender cuando sube, comprar cuando baja”. Quintana interpretó que existe una demanda estacional que probablemente se diluirá en la segunda quincena del mes y apuntó a una combinación de factores que justifican la corrección actual. Mencionó el cierre de posiciones de fin de mes, la demanda adicional por vacaciones y el mundial, y el efecto psicológico de la suba, que alienta compras por expectativa de mayores aumentos. Quintana afirmó: “En estos niveles, ni compro ni vendo, me quedo observando”.
Francisco Díaz Mayer, de ABC Mercado de Cambios, sostuvo que para el corto plazo no le gusta pagar $1.500 por el dólar, aunque mirando el largo plazo el nivel no le resulta incómodo, incluso con elecciones de por medio. Díaz Mayer consideró que el precio podría aflojar en las próximas semanas y mostró cautela para definir una estrategia inmediata.
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El economista Federico Domínguez prefirió no recomendar una operación puntual. Señaló que los fundamentos monetarios favorecen a la tasa en pesos sobre el dólar y que el superávit fiscal, el orden monetario y el boom exportador contribuyen a apreciar el tipo de cambio en el corto, mediano y largo plazo.
El asesor financiero Ian Colombo, de Cocos Gold, analizó que la conveniencia de comprar o vender depende del nivel de tasas de interés y del perfil de riesgo. Colombo resaltó que el dólar mostró baja volatilidad en el primer semestre y subió solo un 2% en el año, frente a tasas de interés que corrieron al 2% mensual, lo que hizo atractiva la inversión en pesos. Añadió que el segundo semestre suele mostrar mayor recorrido al alza para el dólar, y que el mercado espera un valor entre $1.630 y $1.650 para fin de año, lo que implicaría una suba del 10%. Colombo sostuvo que, con tasas de interés superiores al 20%, el carry trade en pesos le ganaría al dólar, pero si las tasas bajan del 20%, convendría dolarizarse.
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El economista Juan Pazos, de One618, observó que la estacionalidad del segundo semestre podría ser más tranquila que en otros años, con una mayor oferta de granos y una menor demanda de importaciones por la floja actividad. Pazos estimó que el tipo de cambio podría moverse nominalmente 1,6% a 1,7% mensual, similar a la inflación, y que no detecta un driver claro para comprar dólares. Al mismo tiempo, destacó que la baja de tasas hace que el carry trade en pesos no sea lo suficientemente atractivo para apostar todo al peso, aunque tampoco sería vendedor en este escenario.

El líder de Research de Aurum Valores, Matías Fernández, planteó que la decisión depende del perfil y los objetivos. Fernández indicó que para quien busca atesorar o pagar en dólares, comprar es razonable, mientras que vender para hacer tasa (carry) conlleva el riesgo de una suba adicional del dólar. Fernández aportó un gráfico que muestra que el nivel de MEP de hoy, aunque nominalmente es $1.500, en términos reales representa un valor superior al de diciembre, cuando llegó a $1.700. Fernández sostuvo que la economía funciona en estos valores de dólar real y que no ve riesgo cambiario preocupante, aunque la lateralización podría generar subas y bajas.
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Finalmente, el economista Juan Manuel Truffa, de Outlier, se definió como vendedor. Truffa interpretó que el mercado se encuentra en un pico de estacionalidad y expresó su expectativa de que el precio baje entre esta y la próxima semana.
El debate sobre el dólar y las alternativas de cobertura muestra la diversidad de estrategias y expectativas en un mercado que combina factores cíclicos, indicadores monetarios y movimientos globales. El comportamiento del tipo de cambio y de los instrumentos de inversión en pesos se mantiene en el centro de las decisiones de portafolio, en un escenario donde los fundamentos económicos, la estacionalidad y la dinámica internacional condicionan la evolución de las variables financieras.
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