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La frase todavía resonaba y golpeaba fuerte. La inmensa ilusión con la que Argentina llegó al Mundial ‘94, refrendada con las dos primeras actuaciones, prontamente se desvaneció. El doping de Maradona paralizó al país futbolero, que sintió lo mismo que él: “Me cortaron las piernas”. Esa imagen de Diego haciendo esfuerzos para no llorar frente a las cámaras era la síntesis de un desconsuelo derramado por la geografía nacional. A los pocos meses, asumió como DT de Deportivo Mandiyú de Corrientes y luego de menos de 15 partidos, llegó el estruendo de la noticia. En los últimos días de diciembre, se convirtió en entrenador de Racing.
Diego director técnico. De las incontables facetas que tuvo su vida, esta ha sido, quizás, la más opaca. Y más aún en aquellos años, en los que dentro de él aún latía el jugador. Aquellos 15 meses de sanción fueron un paréntesis hasta el regreso a las canchas, que suplantó con esta actividad, en dupla con Carlos Fren. Pero no lo vivió en plenitud. Era un Maradona atormentado, sin ese brillo de picardía en la mirada, que fue una marca registrada.
El fútbol argentino atravesaba un buen momento. River Plate era el campeón vigente. Había ganado invicto el Apertura ‘94 con la conducción de Américo Gallego, quien quedó a cargo del equipo ante la partida de Daniel Passarella a la Selección. El dato sobresaliente de esa campaña fue el regreso de Enzo Francescoli luego de ocho años, con una enorme vigencia, que le permitió ser el goleador del torneo, con 12 tantos en 16 partidos disputados.
Independiente había vuelto a las fuentes de su histórico paladar refinado. Con Miguel Ángel Brindisi en la dirección técnica, el talento de Garnero y Gustavo López, más la cuota de gol de Rambert y Usuriaga, se quedó con el Clausura ‘94 y tres meses más tarde, con la Supercopa, en dos finales recordadas ante Boca, para completar la vitrina con el único título que le faltaba.
Carlos Bianchi llevaba dos años como entrenador de Velez Sarsfield. Y habían sido los más exitosos de su historia: se quedó con un torneo local luego de 25 años y más tarde se dio los más grandes gustos: campeón de la Copa Libertadores ante Sao Paulo (doble campeón defensor) y la Intercontinental frente a un Milan muy poderoso.
Los tres partían como grandes candidatos. A ellos se sumaba Boca, con un interesante plantel y el regreso de Silvio Marzolini como DT, tratando de reverdecer los laureles del inolvidable ‘81, cuando dio la vuelta olímpica con Maradona. Y con el excéntrico refuerzo del camerunés Alphonse Tchami. Por su parte, San Lorenzo venía sosteniendo muy buenas performances en los últimos torneos, quedando siempre en la puerta. Aquel Clausura ‘95 sería el del fin del maleficio de 21 años sin poder gritar campeón. Y quedaba flotando la duda qué podría hacer Racing con Diego Armando Maradona como entrenador.
El domingo 26 de febrero fue el día del arranque con la primera fecha, a excepción de Banfield y Boca, que disputaron el habitual partido adelantado de los días viernes. Esa jornada inicial trajo dos novedades, que se afincarían por muchos años en el gusto de los futboleros.
La primera fue la aparición de “El Gran DT”, un juego que tuvo enorme cantidad de adeptos desde el arranque. La principal diferencia con las ediciones posteriores fue que no se podían realizar cambios. Había que tener conocimiento, suerte y rogar que ninguno de ellos se lesionara ni tuviese expulsiones con suspensiones prolongadas. Enseguida se detectó que la clave era tener defensores que hicieran goles. Por eso los más elegidos fueron Pedro Barrios (Huracán), Horacio Carbonari (Rosario Central) y Roberto Trotta (Vélez Sarsfield).
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Por otra parte, fue la primera edición de “El clásico del domingo”. No siempre era un clásico, pero sí el partido más importante, que cerraba la fecha y era emitido en directo para el interior del país por el sistema codificado. En esa ocasión, el elegido fue River Plate - Lanús en el estadio Monumental. Fue un éxito y un suceso, por lo que, a partir del año siguiente, la modalidad se extendió también a la Capital y Gran Buenos Aires.
En esta actualidad de 15 partidos por fecha y todos televisados en directo, quizá suene extraña la referencia. Cabe recordar que durante muchos años (casi toda la década del ‘80) no se emitió ningún partido en directo de los torneos de Primera División. La historia comenzó a cambiar en agosto del ‘91 cuando inició sus emisiones Televisión Satelital Codificada. A partir de allí se decidió adelantar un encuentro para los días viernes (casi siempre uno de los cuadros grandes) y era transmitido en directo a más de 60 kilómetros de la Capital. Luego se agregó otro los sábados para llegar en febrero del ‘95 al clásico.
La gran expectativa de esa jornada inicial era el debut oficial de Maradona como DT de Racing, luego de irregulares resultados en los torneos de verano y una convulsionada pretemporada, en la que, en varias ocasiones, Diego no se hizo presente en los entrenamientos. Eso fue generando, como era lógico, un clima de dudas e incertidumbre, con respecto a la conducción de un plantel que, por momentos, parecía a la deriva. Además, no llegó ninguno de los refuerzos pedidos por el técnico.
Más allá de todos estos inconvenientes, los integrantes del plantel de Racing estaban fascinados con su presencia. Así lo recordó Juan Ramón Fleita en diálogo con Infobae: “El día a día con él como entrenador era algo hermoso y formidable. Más allá de su función de técnico, era como un compañero más, porque se prendía en los picados y compartía todo con los muchachos. Fue mágico e inolvidable, no solo para mí, sino para todos los que integramos ese plantel”.
El debut era contra Ferro Carril Oeste en Caballito, que no atravesaba un gran momento. Había terminado en el 16° puesto en el reciente torneo Apertura, iniciando una etapa de transición, ya que a mediados del ‘94, se alejó de la dirección técnica Carlos Timoteo Griguol, luego de 13 años y medio, divididos en dos etapas, configurando la primera la más gloriosa en la historia de la institución.
Allí fue la gente de Racing, colmando la popular visitante desde varias horas antes y buena parte de las plateas. Cada comienzo de campeonato significaba renovar la ilusión de ser campeón del torneo local, esa deuda que ya estaba cumpliendo casi 30 años. “Antes del debut -rememora Fleita- estábamos todos muy expectantes, porque era una gran responsabilidad por lo que significaba Diego. La queríamos romper más que nunca, dar lo mejor y dejar todo, por el equipo y por él. Necesitábamos arrancar bien y hacer una gran campaña, porque había mucha ilusión en la gente de Racing. Lamentablemente no fue el mejor comienzo”.
Diego saludó a la multitud apenas se ubicó en el banco de suplentes. Lucía pantalón azul, camisa blanca y una corbata floreada, en la que no sería una tarde tranquila. Apenas se disputaban ocho minutos cuando Marcos Samso anotó el gol de Ferro, con un cabezazo de pique al piso. Las cosas no mejoraron para Racing, más allá de alguna llegada aislada del Piojo López o Fleita. Las malas continuaron a los 31, porque José Albornoz cometió una fuerte infracción y fue expulsado por el árbitro Ángel Sánchez. El ajetreado primer tempo de la Academia no concluyó allí: en el instante final, el cuadro local tuvo a su disposición un penal. El remate de Víctor Molina fue atajado por Nacho González y la reacción de Diego, quedó como una postal de aquella tarde, levantando los dedos mayores de cada mano, dirigiéndose a la platea.
El 0-1 fue el resultado final, de aquella nublada tarde en Caballito. El sol casi nunca saldría para el Racing de Maradona – Fren a lo largo de las escasas 11 fechas en que estuvieron al mando del equipo, con un magro balance: dos victorias,seis6 empates y tres derrotas. El cuadro titular del debut fue: Nacho González; Pablo Michelini, Carlos Galván, Gustavo Costas, Carlos Soca; Marcelo Saralegui, Fernando Quiroz, Néstor De Vicente, José Albornoz; Juan Fleita y Claudio López.
Pasados 30 años, Juan Ramón Fleita guarda un gran recuerdo del paso de Maradona como entrenador, que lo resume en una anécdota: “Diego no dejaba de sorprenderte nunca, dentro y fuera de la cancha. Recuerdo que una vez, en la práctica previa a viajar a Rosario para enfrentar a Central, se me hizo un esguince de rodilla y no pude estar. Para mí fue un bajón, porque quería jugar siempre. Esa noche, estaba en mi casa, con hielo en la rodilla y sonó el teléfono. Era Diego, para preguntarme como me sentía y que no me cayese, porque el fútbol es así. Que me quedara tranquilo para reponerme de la mejor manera posible. Me cambió el ánimo en un minuto y, pasados 30 años, lo tengo presente como si fuese hoy”.
En los otros partidos de la fecha, Boca venció a Banfield como visitante por 2-0 con un doblete del implacable Sergio Manteca Martínez, uno de los máximos goleadores de la década. Lanús dio la sorpresa al superar por 3-2 en el estadio Monumental a River, que ostentaba un récord de 34 partidos invicto entre oficiales y amistosos. Además, el Granata no ganaba allí desde 1946…
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Independiente no detuvo su buen final del ‘94, ganándole como local a Argentinos Juniors con la claridad que testimonió el 3-0 final. Pese a los éxitos y el muy buen nivel, el ciclo de Miguel Ángel Brindisi concluiría pocos meses más tarde, en medio de polémicas internas. San Lorenzo igualó en su cancha con Gimnasia en un tanto, como anticipo del que sería el gran duelo del Clausura ‘95 por el título, que finalmente se tiñó de azulgrana.
Hablar de Maradona siempre genera algo especial en quienes tuvieron la posibilidad de compartir momentos de su vida con él. En el caso de Juan Fleita, se trató de un reencuentro, con ribetes de emoción: “En lo personal fue una alegría inmensa, por volver a verlo después de tanto tiempo. Cuando yo tenía 10 años lo fui a ver cuando jugaba en Boca y estaba a punto de irse al Barcelona. Apenas lo vi, le repetía ‘Diego no te vayas, porque te voy a extrañar’. Yo lo tenía abrazado de la cintura y él, siempre con tanta buena onda, me respondió: ‘El fútbol es así: un día estás acá y al siguiente por allá’. Igual le repetía que se quedase porque era mi ídolo y quería llegar a ser jugador como él e ingresar a una cancha llena de papelitos. Me miró fijo: ‘Si tanto te gusta jugar, andá y probate en un club, pero no dejes de estudiar. Así, algún día vas a llegar’. Por supuesto que esas palabras me quedaron grabadas de por vida. El mismo día que asumió como técnico de Racing, salimos en micro para Santa Teresita para la pretemporada. Al llegar al hotel, vino, me abrazó y dijo: ‘¿Así que un día, cuando eras pibe, te di un consejo?’, Quedé asombrado: ‘No me digas que recordás eso’. Con una sonrisa me contestó con gran humildad: ‘No me acuerdo, pero lo he leído y me lo han contado. Me alegro de haber servido para algo’. Fue una cosa maravillosa, solo atiné a decirle: ‘Es como que Dios te mandó para que me toques con la varita mágica’”.
Fue un momento particular en el fútbol argentino y también de los medios. Había muy buenos jugadores en nuestro medio, que nutrían a la novel selección de Daniel Passarella, que pronto tendría su primer resbalón importante ese año, al ser eliminado tempranamente en la Copa América disputada en Uruguay. Fueron los tiempos del avance definitivo de la televisión por cable, en los que proliferaron programas deportivos a cada hora, para acompañar a “Fútbol de Primera”, que en ese año cumplió sus primeros diez años. Esa multiplicación ayudó a seguir el día a día de un Maradona errante, que no se hallaba en el cargo de entrenador. Pero eso pronto quedaría en el pasado. En el mes de octubre, colgó el saco de director técnico para volver a lucir sus mejores ropas. Las de futbolista, con la camiseta de Boca y el mítico mechón rubio, para renovar el eterno romance con la número cinco.