El británico David Hockney, considerado una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo, murió el jueves en Londres a los 88 años de edad, anunció este viernes su agente.
Calificándolo como “una de las figuras más importantes del arte contemporáneo tanto en el siglo XX como en el XXI”, Erica Bolton, responsable de la agencia que lo representaba, informó en un comunicado que “falleció en paz en su casa”.
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Su legado abarca pintura, dibujo, fotografía, escenografía, arte digital y vidrio, sintetizando tradición e innovación bajo su célebre idea de “la mano, el ojo y el corazón”.
Figura del pop art de los años 60, el artista británico destacó por su capacidad de reinventarse constantemente, dominando primero las técnicas académicas antes de apropiarse de las nuevas tecnologías, con obras realizadas en iPad ya con más de 70 años.
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En sus últimos años, trabajó entre Normandía (noroeste de Francia) y Londres, produciendo nuevas series digitales y pinturas, y fue objeto de importantes exposiciones internacionales, incluida la gran retrospectiva de 2025 en la Fundación Louis Vuitton de París.
Una carrera de siete décadas
“Su carrera, que se extiende a lo largo de siete décadas, y su obra prolífica se caracterizan por un enfoque multimedia de la creación de imágenes, una reflexión intelectual sobre la naturaleza de la representación y de la perspectiva, así como un compromiso constante con la celebración y la representación del mundo que lo rodea”, subrayó este viernes su agente.
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Hockney era uno de los artistas más cotizados del mundo.
Una de sus obras, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures), subastada por 90,3 millones de dólares en 2018 en Nueva York, se convirtió en su momento en la obra más cara de un artista vivo vendida en subasta, récord posteriormente superado por la escultura del conejo del estadounidense Jeff Koons.
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Sus obras más emblemáticas, con colores audaces y una perspectiva singular, entraron en la cultura popular, como A Bigger Splash (1967), que representa el chapoteo en la piscina de una villa californiana bañada por el sol, símbolo de placer y sensualidad.
Nacido el 9 de julio de 1937 en Bradford (norte de Inglaterra), en una familia humilde, Hockney tuvo que enfrentarse a los prejuicios de la Inglaterra de posguerra, comprendiendo muy pronto su homosexualidad y su vocación artística.
“Deja atrás a su compañero de larga data, Jean-Pierre Gonçalves de Lima, a su sobrino nieto Richard, quien le sirvió como asistente de estudio durante sus últimos años, a sus hermanos Philip y John, así como a numerosas sobrinas, sobrinos, sobrinas nietas y sobrinos nietos", añadió Erica Bolton, su agente, este viernes.
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Hockney, objetor de conciencia como su padre, realizó el servicio militar como enfermero antes de ingresar en el prestigioso Royal College of Art de Londres en 1959.
Su pintura Doll Boy llamó la atención del marchante John Kasmin, quien lo invitó a tomar el té cuando aún era estudiante. Poco después de graduarse, Hockney realizó su primera exposición individual y comenzó a hacerse un nombre en el mundo del arte.
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La naturaleza “fuente de todo”
Hockney se instaló en California en 1964, donde comenzó a pintar los paisajes luminosos que lo convirtieron en figura del pop art, especialmente gracias a su serie de piscinas.
Viajó también por Francia, Marruecos, Londres, Nueva York y Los Ángeles, retratando a amigos, familiares y amantes en escenas cotidianas.

Después de la pintura, exploró el teatro, el grabado y la fotografía, creando en los años 80 composiciones fotográficas múltiples para superar la visión limitada de una sola imagen.
En los años 90 regresó con frecuencia al condado de Yorkshire, su lugar de nacimiento, donde redescubrió el paisaje y evolucionó hacia la pintura de paisaje, con influencias del fauvismo, Cézanne y Van Gogh.
Más tarde adoptó tecnologías como el Polaroid, el vídeo y finalmente el iPad, con el que realizó numerosas obras expuestas internacionalmente.
“La naturaleza es la fuente de todo. Mi alegría viene de la forma en que miro el mundo” decía en 2021. También afirmaba que solo retrataba a personas que conocía bien, razón por la cual rechazó pintar a la reina Isabel II.
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Hockney perdió audición a partir de los 40 años y sufrió un leve accidente cerebrovascular en 2012.
En 2019 se instaló en Normandía antes de regresar a Londres en 2023.
Fuente: AFP
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