Cómo descubrieron el cuadro de Turner que se vende por U$S 41 millones (y algunas dudas sobre el hallazgo)

El óleo está en Viena, en manos privadas y es un paisaje de Venecia. Investigadores austríacos determinaron su autoría aunque falta información sobre la procedencia de la obra y no lograron que expertos de otros países revalidaran su opinión

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La pintura redescubierta en Viena
La pintura redescubierta en Viena pertenece a un coleccionista particular y sale a la venta en una galería, no en una subasta. Es una pintura hermana de otra muy parecida que está en Londres.

Se dice que, ya en su lecho de muerte, su última frase fue “¡El Sol es Dios!”, un cierre perfecto para el ciclo de vida de quien fue “el pintor de la luz”, como lo llamaban. Joseph Mallord William Turner (1775-1851) es para muchos el mayor pintor inglés -para otros muchos, el mayor pintor, sin límites geográficos ni temporales- y un faro para los movimientos artísticos posteriores a su tiempo. Artista clave del romanticismo, sus cielos, sus nieblas y sus aguas son su sello. Ver sus paisajes y alucinar con su paleta de colores transforma para siempre la mirada: para quien conoce las pinturas de Turner ya no existen formas de la naturaleza que no remitan a su obra.

Hijo de un barbero y una madre que murió en un hospicio para enfermos mentales, Turner nació en Londres y disfrutó desde muy joven y durante su larga vida el reconocimiento de la crítica y el público. Logró hacer mucho dinero con su obra y marcó tendencias que se continuaron en la historia del arte: es, si se quiere, la figura opuesta al mito del artista maldito y no valorado en su tiempo.

Produjo muchísimo: más de 500 pinturas, alrededor de 2.000 acuarelas y 7.000 dibujos. Su talento se mantuvo inalterable y abierto a nuevas formas de expresión; en los veinte últimos años de su vida produjo dos tercios de sus óleos. Expuso siempre, aunque gran parte de su producción nunca fue exhibida ya porque su creador la considerara inacabada o porque advertía, con pragmatismo, que aquello que le interesaba no se adecuaba al gusto de la época. Hay expertos que creen eso, justamente, que esas obras vanguardistas representan la verdadera aspiración de Turner como artista. Adelantado a su tiempo, anticipó así el impresionismo y el arte abstracto.

Es por la calidad y el volumen de su producción y porque hubo muchas creaciones que nunca fueron accesibles al público y quedaron en manos del propio artista que sigue habiendo misterio alrededor del destino de muchas de ellas pero también revelaciones, que en general van de la mano de grandes negocios alrededor de su obra. Ocurre que las pinturas de Turner han alcanzado durante años precios récord en subastas públicas y para cualquier persona confirmar que es propietaria de un Turner equivale a ser dueño de un tesoro.

“Venecia, vista desde el Canal
“Venecia, vista desde el Canal de la Giudecca, con la Iglesia de Santa Maria della Salute”: este es el cuadro que está en el Victoria & Albert Museum de Londres. El óleo de Viena sería de la misma época, podría ser un boceto de éste.

El precio máximo que se pagó hasta ahora por una obra de Turner lo estableció la pintura “Roma (desde el Monte Aventino)”, que se vendió en 2014 por 47,6 millones de dólares en Sotheby’s, a una firma que la compró en nombre del Museo Paul Getty de Los Angeles. En el Museo Fortabat de Buenos Aires, en Puerto Madero, se exhibe otra pintura veneciana de Turner, “Julieta y su aya”. A fines de los años 80 la argentina Amalia Lacroze de Fortabat pagó 7 millones de dólares por esa pieza.

Regularmente aparecen nuevas obras de Turner (obras “olvidadas”, “perdidas” “descubiertas” “redescubiertas” “resurgidas”) que habían sido atribuidas a otros artistas o de las cuales se desconocía el autor. Este es el caso de unas acuarelas que Turner pintó en 1840, durante su tercera y última visita a Venecia -estuvo alojado en el Hotel Europa dos semanas, en pleno verano europeo-, y que integran una serie que siempre ha sido reconocida como un punto altísimo de su creatividad.

La mayoría de estas acuarelas permanecieron en posesión del propio Turner, como “meditaciones privadas sobre la ciudad del agua”, según describe el catálogo de la casa de subastas Christie’s. También en ese catálogo se cuenta que, tras la muerte de Turner, estos estudios de tipo impresionista pasaron a formar parte de la Colección Nacional británica, en el llamado Legado Turner (actualmente las obras, en su mayoría, se encuentran en la Tate Britain).

Sin embargo, al menos un cuaderno de bocetos enrollado, así como hojas sueltas que el artista había utilizado en la misma visita, se encontraban entre las obras que Thomas Griffith (1795-1868), marchand de Turner, pudo ofrecer a los coleccionistas desde principios de la década de 1860, pocos años después de la muerte de Turner. Esto es lo que ocurrió con “Acercamiento a Venecia o Venecia desde la laguna”, una acuarela vendida en febrero de este año por 327.000 dólares y cuya autoría resultó con los años atribuida al gran crítico de arte John Ruskin, experto en las catedrales francesas y una suerte de “padre espiritual” de Marcel Proust.

"Acercamiento a Venecia o Venecia
"Acercamiento a Venecia o Venecia desde la laguna", una acuarela de Turner redescubierta y vendida en subasta en febrero de este año.

La confirmación de que el verdadero autor de la acuarela era Turner en este caso ocurrió a partir de que el propietario se acercó a Christie’s para tasar su Ruskin y terminó recibiendo la buena nueva: la obra que tenía en casa valía diez veces más. Para llegar a esa conclusión, grandes expertos la analizaron y determinaron que, efectivamente, se trataba de una de las piezas que Turner había pintado durante su último viaje a Venecia y que no se encontraba dentro del Legado Turner.

Turner en Austria

Pero estos días hubo otras novedades. Esta vez, el protagonista de la saga “obras redeascubiertas de Turner” es un cuadro también vinculado a la tercera y última visita del artista a Venecia, en 1840, una ciudad que claramente lo fascinaba: había estado antes allí en 1819 y 1833. Con influencia reconocida de Canaletto, dibujó más de un millar de dibujos a lápiz y pintó unas 150 acuarelas y decenas de óleos de la ciudad de los canales: Turner nunca dejaba de llevar sus libretas para abocetar lo que luego serían sus acuarelas y óleos.

En este caso, se trata de una pintura que está en manos particulares y que fue comprada en 2005 a un coleccionista privado. La autenticación del cuadro como obra de Turner se dio a conocer en Viena en octubre de 2024 y, aunque ya entonces se sabía que estaba destinada a ser vendida, recién esta semana salió a la venta. Su actual dueño eligió hacer la operación a través de una galería en lugar de hacerlo en una subasta. La cifra que piden por la pieza es 38 millones de euros (41 millones de dólares).

Veamos cómo se desarrolló esta secuencia.

Esta nueva obra que le atribuyen a Turner sería una “pintura hermana” de “Venecia, vista desde el Canal de la Giudecca, con la Iglesia de Santa Maria della Salute”, un cuadro fechado en 1840 que se conserva en el Victoria & Albert Museum, de Londres. La pieza hallada en Austria -un lienzo de 60 x 90- fue objeto de un exhaustivo estudio interdisciplinario realizado por investigadores del Museo Belvedere y la Academia de Bellas Artes y supervisado por la galería Artziwna, de Viena, que ahora puso la obra a la venta. Luego de sospechar por años de que se trataba de una obra del inglés, se la ha catalogado provisionalmente luego de la investigación científica como “atribuida a Turner”.

Para los expertos, la obra es de alrededor de 1840 y la paleta de colores es indudablemente la de Turner (quien estuvo en Viena en 1833 y 1840, dos de los años en los que estuvo en Venecia). También detectaron en la pintura el uso de aureolina, un pigmento usado en óleos y acuarelas también llamado cobalto amarillo, cuyo uso intensivo se dio a partir de 1851 pero que tuvo sus primeras pruebas en 1831, cuando el químico alemán Nikolaus Wolfgang Fischer sintetizó el nitrato complejo de potasio y cobalto hidratado.

Se trataba de un producto caro, poco accesible, pero Turner tenía dinero y era Turner. Los investigadores señalaron que este nuevo hallazgo en la investigación sobre Turner “lleva a una ampliación de su paleta y a la necesidad de seguir investigando las pinturas ya conocidas del artista”. Con los equipos analíticos actuales, aseguran, el uso de este pigmento también podría detectarse en otras obras.

El nuevo “redescubrimiento” establece definitivamente que el lienzo es la versión perdida y, quizás, un estudio para otra versión de la composición del mismo año que actualmente se conserva en el Victoria & Albert Museum. La investigación que le atribuyó al artista inglés la autoría del lienzo fue realizada por encargo del actual propietario del óleo, cuyo nombre se mantiene en reserva. Las conclusiones del estudio fueron volcadas en un voluminoso texto de 50 páginas bajo el título Joseph Mallord William Turner. Un redescubrimiento.

El análisis interdisciplinario fue realizado por dos destacados expertos en Austria: Franz Smola, curador de arte de los siglos XIX y XX en el Museo Belvedere de Viena, y Katja Sterflinger, jefa del Instituto de Ciencia y Tecnología en el Arte de la Academia de Bellas Artes de Viena. “Todos los análisis científicos demuestran que solo puede tratarse de un cuadro de Turner. Es un maravilloso redescubrimiento de una obra maestra en Viena”, afirmó en octubre pasado en el comunicado de prensa Smola, quien le había prestado atención a la pintura por primera vez en 2022, cuando fue incluida en la muestra ¡Viva Venecia! Inventando Venecia en el siglo XIX que se hizo en el Belvedere y de la que él mismo fue curador.

Sin embargo, hay agujeros negros en la investigación y uno de ellos es clave. Se trata de los huecos en materia de procedencia de la obra, que es como llaman a la cronología de la propiedad, custodia o ubicación del cuadro, datos fundamentales para evitar toda sospecha de robos o falsificaciones. Los procedimientos de verificación de autenticidad son fundamentales en un mercado de objetos de gran valor y, por lo tanto, tradicionalmente ligado a delitos y crímenes como la falsificación, el robo y el tráfico de diferente calibre.

La galería Artziwna de Viena
La galería Artziwna de Viena es la que coordinó la investigación del cuadro que los investigadores austríacos atribuyen a Turner y ahora lo tiene a la venta.

En el caso de esta versión de “Venecia, vista desde el Canal de la Giudecca, con la Iglesia de Santa Maria della Salute”, falta información sobre los movimientos iniciales del cuadro y también de cómo el óleo llegó a Viena. Hay registros que permiten asegurar que la obra está en Austria al menos desde 1950. También está documentada en Viena una compra del cuadro en 1980 por uno de los anteriores propietarios pero por ahora no se puede determinar aún cómo comenzó la obra su recorrido de más de 180 años. A favor de su autenticidad, una etiqueta histórica en el reverso de la pintura proporciona una valiosa pista. La etiqueta está fechada el 1 de febrero de 1931 y fue autenticada por el coleccionista británico Francis Cokayne como obra de Joseph Mallord William Turner.

Otro tema sensible y que de alguna manera resta autoridad al hallazgo es la falta de una peer review, arbitraje o evaluación por pares, una práctica habitual en el mundo académico. En el estudio publicado por la galería Artziwna, los investigadores que afirmaron que Turner es el creador de la obra que está en Viena también informaron que pese a haber insistido, no lograron atraer a otros expertos internacionales para que revisaran y evaluaran sus hallazgos.

“No pudimos conseguir la colaboración de otros expertos consagrados en Turner para nuestra investigación”, declaró el director de la galería, George Ziwna, en un prólogo incluido en la publicación que hicieron con el análisis del cuadro. Todas las consultas para hablar sobre la obra que hicieron a la red de museos Tate de Londres, que es donde se encuentra la mayor parte de la obra de Turner y, por consiguiente, donde están también los expertos ideales para una evaluación de esta naturaleza, nunca fueron respondidas, aseguró.

"Lluvia, vapor y velocidad. El
"Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril del Oeste" (1844) de Turner (National Gallery).

La falta de confirmación por parte de otros investigadores y conocedores no invalida el hallazgo pero lo relativiza. Mientras tanto, la galería informó que por ahora no hay interesados en el cuadro.

Un cumpleaños y muchas celebraciones

El 23 de abril se cumplirán 250 años del nacimiento de Turner y durante todo 2025 hay y habrá exhibiciones y eventos en diferentes centros culturales y museos para celebrar su vida y su obra, tanto en el Reino Unido como en el resto del mundo.

El romántico Turner no dejó nada sin pintar: la vida, la muerte, el pasado remoto. Las aguas, los cielos, las montañas, los bosques. El fuego, la nieve, las olas, las nubes: su mayor interés se centraba en las expresiones más extremas de lo natural. Hay mucho de cierto y mucho de leyenda en lo que se cuenta acerca de sus experimentos, como que en 1810, permaneció junto con un amigo en medio del campo y sin reparo durante una tormenta de nieve en Yorkshire porque se propuso vivirla para poder luego reproducirla. O que décadas más tarde, se hizo atar por los marineros al mástil del barco Ariel durante 4 horas en medio de una furiosa tormenta para volcarla luego en “Tempestad de nieve en el mar”, de 1842.

"El «Temerario» remolcado a su
"El «Temerario» remolcado a su último atraque para el desguace" (1839) Un clásico cielo de Turner.

Su obra favorita era “El ‘Temerario’, camino al desguace” (1838), que recrea una escena de la cual fue testigo: el momento en que la célebre nave a vela de la batalla de Trafalgar (1805) es remolcada por un barco a vapor en su viaje final hacia la destrucción. No casualmente éste es, también, el cuadro favorito de los ingleses. Otro emblema de la apabullante modernidad es “Lluvia, vapor y velocidad”, de 1844, que puede verse en la National Gallery de Londres. Su asombroso juego de figuras vagas entre luces y sombras fue cuestionado entonces por algunos como decadencia de estilo y, sin embargo, terminaría siendo vanguardia pura.

Turner comenzó a pintar y a exhibir sus obras muy temprano; pronto fue nombrado miembro de la Royal Academy y a los 17 años ya vivía de su trabajo. A sus cuadros los llamaba “mis hijos” y aunque tuvo hijos reales, no los reconoció oficialmente. Su pasión estuvo concentrada en el arte, en la perfección y en la competencia (hay una película de Mike Leigh, Mr. Turner, que retrata maravillosamente detalles de la vida privada y la personalidad del artista).

Turner tuvo dos hijas con su amante Sarah Danby, viuda de un amigo, y en la vejez vivió acompañado por Sophia Booth, también viuda, dueña del albergue de Margate, en la costa de Kent, en donde el artista se alojaba con frecuencia. Allí, desde su cuarto favorito podía observar a sus anchas un ángulo del Mar del Norte que lo fascinaba especialmente por la disposición de la luz.