
Cuando se piensa en un gimnasio, en deportistas o en atletas, las formas que se imaginan son turgentes pero redondeadas, lo que podría causar gracia si alguien dijera que un artista cubista o futurista, estilos en los que proliferan rectas e imágenes bidimensionales, pintó un gimnasio, un gimnasta... Pero en el arte, todo es posible.
Gymnasium, de Valerio Adami, de 1974, es un acrílico sobre tela, de 243,5 x 180 cm, que pertenece a la Fundación Joan Miro, es la excepción a lo postulado en el párrafo anterior. Sus formas orgánicas abren la imaginación no solo a la idea que da origen al título –sin ser una redundancia por estar señalada en la obra misma, rasgo distintivo del artista, por otra parte–, sino, tal vez, a otras imágenes o situaciones, como puede ser, por ejemplo, un viaje en tren.
Valerio Adami nació en Bolonia en 1935, y ya a los diez años comienza a estudiar pintura en el taller de Felice Carena, en Venecia. En 1951, cuando ya era un joven de dieciséis años, es admitido en la Accademia di Brera, y estudia como dibujante con Achille Funi, hasta 1954. Durante este tiempo, conoce a Kokoschka y en 1955, cuando viaja a París, a Roberto Matta y a Wifredo Lam, de los que recibe su influencia.
En 1957, Adami realiza su primera exposición individual en Milán y comienza a ir y venir entre Italia y París, incluyendo viajes a Londres, Nueva York, Sudamérica e India. En 1962 se casa con Camilla, también pintora, y se instala en Arona, en el Lago Mayor, pero viaja con frecuencia a Nueva York y Londres, donde lleva a cabo numerosos cuadros con temática urbana).
Su obra se muestra en importantes galerías y en los grandes museos de arte contemporáneo, como el Centre Pompidou de París, el County Museum of Art de Los Ángeles o el Museo de Arte Moderno de Milán. Sus cuadros condensan la fragmentación del cubismo, las formas del futurismo y la particular estética del Pop Art. En 1990 el Instituto Valenciano de Arte Moderno organizó una gran retrospectiva de su trabajo, cuyas fuentes van desde el cine, el cómic y la publicidad hasta la literatura, la música, la filosofía y los grandes mitos de la cultura occidental. Adami ha inspirado a numerosos escritores y pensadores. Octavio Paz resaltaba su gran dominio del dibujo y su estilo directo y certero y decía que “los cuadros de Adami nos intrigan y nos hacen pensar”.

Y hay algo de cierto en ello, porque muchas de las obras de su vasta producción parecen decir mucho más que el obvio título dentro y fuera del lienzo. Se entremezclan las imágenes fácticas conjugadas con las sensaciones que el pintor con o sin intención quiere suscitar en el observador. La influencia del Pop art con la estridencia de sus colores logran cautivarlo definitivamente, como si de una estocada final se tratara.
No es el único escritor ilustre que se vinculó con el artista, Carlos Fuentes lo eligió como padrino de su hija, y en 1980, Ítalo Calvino escribió Quatre Fables d’ Esope pour Valerio Adami.
En 1966, inicia su estancia en el mítico Hotel Chelsea, donde los artistas podían residir durante meses a cambio de que donaran una obra al hotel. Allí Valerio realizará algunas de sus obras más conocidas de gran formato en las que retrata diversos lugares de Nueva York, que pueden ir desde el Guggenheim hasta los baños de un hotel. En 1967, participa como jurado en el Salón de Mayo de La Habana y en la Bienal de Sao Paulo.

Las imágenes creadas por Adami ofrecen fragmentos de la sociedad moderna, objetos sacados de contexto y perspectiva los que se ven resignificados tras su pincel. En sus primeros años de estilo pop, crea visiones de espacios desiertos, pero posteriormente representa a personajes de la cultura moderna como Sigmund Freud y James Joyce.
Su etapa más reciente, a partir de los 80, se centra en la creación de espacios fantásticos donde revitaliza los mitos de la cultura occidental desde Ovidio, plasmando alusiones a la belleza, la creatividad, el deseo y el sexo.Fue objeto de estudio de Ítalo Calvino y Jacques Derrida.
En 1985 se le dedica una una muestra antológica en el Centro Georges Pompidou de París y en el Communo de Milán. En 1993 se crea la Academia-Fundación Adami en Liechtenstein.
Trabaja con constancia a pesar de haber pasado los ochenta años. “Al anochecer, una vez terminado mi dibujo, me encuentro con las manos entrelazadas: homo religioso”, susurra. Participa en la Bienal de Venecia en 1968 y 1995; y en la Documenta en 1968 y 1977.
Vive y trabaja entre París, Mónaco y Meina (Italia).
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