
Una encuesta realizada por la BBC británica entre 206 especialistas de todo el mundo determinó que The Wire es la mejor serie del período 2000-2021, superando a Mad Men y Breaking Bad, otros dos “clásicos” de estas últimas dos décadas, que completaron el podio.
Por supuesto, todo ranking de este tipo -y más en tiempos de furor de las redes sociales- está sujeto a múltiples polémicas: que faltaron series más recientes, que en proporción votaron demasiados críticos y periodistas ingleses y estadounidenses por lo que el resultado no es del todo representativo de la diversidad que existe a nivel mundial en esta era dorada de las series, pero por el prestigio de sus organizadores y de muchos de los votantes estamos ante una encuesta que deja mucho material para el análisis.
El principal interrogante, por supuesto, es si se justifica el primer puesto para The Wire y, en ese sentido, habría que indicar varias cosas: favorito de la crítica, David Simon es un guionista y showrunner de una profundidad psicológica, un rigor en la construcción de mundos propios, una preocupación por el detalle y el verosímil y un autor tan alejado de la demagogia y los lugares comunes de las series contemporáneas que sus proyectos demandan un compromiso, una paciencia y una atención que buena parte del público actual, tan dominado por la ansiedad y el estímulo constante, no está dispuesto a conceder.
Es así que mucha gente ha retomado una y otra vez The Wire y ha fracasado en los sucesivos intentos. Sin embargo, a la hora de adentrarse en los logros y hallazgos de esta serie emitida por HBO entre 2002 y 2008 (actualmente los 60 episodios de las 5 temporadas están disponibles en la plataforma de streaming HBO Max) quedan pocas dudas respecto de ese merecimiento.
Estamos, sin dudas, ante una obra cumbre del universo de las series. De formación periodística (se desempeñó durante 13 años, entre 1982 y 1995, en la sección Policiales en el diario The Baltimore Sun), Simon escribió varios libros de investigación hasta que comenzó a incursionar también como guionista en series como Homicide: Life on the Street (1993-1999).
Tras la miniserie The Corner (2000), su consagración llegó con The Wire, proyecto en el que trabajó otra vez con su colaborador de toda la vida, Ed Burns, y en la que participaron otros escritores de renombre, como George Pelecanos, Richard Price y Dennis Lehane. Sin embargo, este policial nunca fue un éxito de audiencia ni ganó premios importantes (recién sobre el final recibió un par de nominaciones al Emmy y fue distinguido por el sindicato de guionistas).
Así, Simon tuvo que esperar a otros proyectos -siempre asociado con HBO- como Generation Kill (2008), Treme (2013), Show Me a Hero (2015), The Deuce (2017-2019) y The Plot Against America (2020) para conseguir varios de los reconocimientos que en su momento le negaron a The Wire.
La experiencia de Burns como detective durante dos décadas en el área de Homicidios de la policía de Baltimore primero y como docente de colegio secundario después, y la del propio Simon como periodista habituado a recorrer las calles más oscuras de la ciudad hizo que The Wire alcanzara un realismo apabullante.

Más allá de que hay en principio un protagonista como el Jimmy McNulty de Dominic West, uno de los méritos de la serie es su estructura coral y la inmensa cantidad de notables intérpretes que pasaron por la serie: Idris Elba, John Doman, Deirdre Lovejoy, Wendell Pierce, Lance Reddick, Sonja Sohn, Seth Gilliam, Domenick Lombardozzi, Felicia Pearson, Michael B. Jordan, Amy Ryan y el recientemente fallecido Michael Kenneth Williams en el papel de Omar Little, el personaje más complejo, contradictorio y fascinante de la serie.
Pero también formaron parte del elenco desde políticos hasta narcotraficantes reales que en muchos casos se interpretaron a ellos mismos en pantalla. Las miserias e internas en el seno de la policía de Baltimore, el uso de la vigilancia tecnológica en la denominada “guerra contra las drogas”, la relación con los informantes, la particular dinámica de un mundillo judicial que termina favoreciendo casi siempre a los poderosos, la vida en las calles, en esos barrios de degradados monoblocks donde conviven dealers y adictos o en el puerto donde impera el contrabando, la corrupción política y sindical, el racismo, las diferencias de clase, la problemática de la educación pública, la falsa promesa del sueño americano y el siempre controvertido papel de los medios de comunicación son solo algunos de los temas que aborda una serie que no necesita del vértigo, de la adrenalina ni de grandes escenas de acción para concitar el interés o generar suspenso y tensión (incluso puede ser considerada demasiado “lenta” para los cánones actuales).

Es un universo con su propia especificidad, su propia dinámica, sus propios códigos y sus propias reglas. “Sigue el camino de la droga y sabés dónde terminarás, pero sigue el camino del dinero y nunca sabrás hasta dónde llegarás”, es una de las frases que se escuchan y que de alguna manera marcan el imprevisible rumbo de la serie.
Cada diálogo, cada mínima observación, cada detalle en principio intrascendente pueden alcanzar luego dimensiones y alcances insospechados en una historia que descree de la falsa dicotomía, del lugar común de enfrentar a héroes y villanos.
En The Wire nadie es del todo bueno ni del todo malo y una parte importante de los conflictos tiene su germen en las fallas sistémicas, estructurales, en la desidia institucional. Ese es el principal mérito de una serie que, más allá de su lugar de privilegio en una encuesta, merece ser recuperada o -aún mejor- descubierta por quienes nunca la han visto.
Fuente: Télam
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