
Lawrence Alma-Tadema (1836-1912) nació en Bélgica y se convirtió en uno de los artistas victorianos más populares, aunque con el tiempo su estilo y temática -la decadencia del imperio romano y el antiguo Egipto- se consideraron de mal gusto y su nombre desapareció rápidamente del canon hasta que se realizó una recuperación pasando mediados del siglo pasado.
A los 5 años, su padre falleció por lo que su madre se hizo cargo de su educación como la de su hermana y sus tres hermanastros. Esa tragedia produjo un giro en su vida, ya que su progenitora consideró importante que los mayores tomaran clases de dibujo. El comenzó a participar como espectador, pero su curiosidad y talento lo convirtieron en el preferido del maestro.
Por supuesto, nadie pretendía que fuera artista y se había decidido que seguiría la carrera de abogacía. Sin embargo, otra vez una desgracia que llevaría su vida en otra dirección. A los 15 fue diagnosticado como tísico y se le dieron unas semanas de vida. Se le permitió vivir sus últimos días dibujando y pintando al aire, como deseo final. Quizá, aquella experiencia salvó su vida.
Un año después ingresó en la Real Academia de Amberes, donde estudió con Gustaf Wappers y obtuvo varios varios premios. Como asistente de Louis Jan de Taeye ingresó al mundo de los temas merovingios -ua familia de estirpe germánica que gobernó la actual Francia, Bélgica, una parte de Alemania y de Suiza- y que conformaron los temas de sus primeras obras.
Desde sus inicios, Alma-Tadema tuvo una indiscutidad calidad y precisión para representar temas históricos. Aunque los temas merovingios tenían escasos interesados por lo que pasó al antiguo Egipto y, posteriormente, Roma, que eran mucho más populares. “Si quieres saber cómo eran esos griegos y romanos, a quienes haces tus maestros en lenguaje y pensamiento, ven a mí. Porque puedo mostrar no sólo lo que pienso, sino lo que sé”, dijo.
Primavera es una obra de su útlimo periodo, en Inglaterra, y allí representa algunos de los tópicos que le dieron entonces fama y respeto, como las flores, con sus texturas, y también su enorme capacidad para llevar al lienzo elementos reflectantes como metales, cerámica y mármol. De hecho, su talento para pintar el mármol le valió el apado de marbelous painter (un juego de palabras entre las palabras marble -mármol- y marvelous -maravilloso-).
En la obra representó la costumbre victoriana de enviar niños al campo a recolectar flores en la mañana del 1 de mayo, pero reprodujo la escena en la antigua Roma. Allí se ve una procesión de mujeres y niños que descienden escaleras de mármol llevan y visten flores de colores brillantes, mientras los espectadores vitorean desde las ventanas y el techo de un edificio clásico. Así, sugirió la gran antigüedad del festival a través de detalles arquitectónicos, vestimenta, escultura e incluso los instrumentos musicales. La obra se encuentra en el Getty Center Drive de Los Ángeles, Estados Unidos.
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