
A finales del siglo XIX, los cafés parisinos eran lugares de reunión de artistas y escritores y eran, también, lugares ideales para observar con tiempo la escena urbana. Muchas pinturas impresionistas representan el Café Nouvelle-Athens en la rue Pigalle, donde siempre había dos mesas reservadas para Édouard Manet (1832-1883) y su círculo, un grupo que incluía a los pintores Edgar Degas, Claude Monet, Camille Pissarro y Pierre-Auguste Renoir, y los escritores Charles Baudelaire y Émile Zola.
A primera vista, la joven vestida a la moda que se ve en nuestra belleza del día leyendo el diario parece haber sido capturada sentada en su café favorito: la mesa de mármol, la jarra de cerveza y la revista adjunta a una barra de madera sugieren ese escenario, y su ropa de abrigo y guantes indican que se trata de una mesa al aire libre y que el clima es fresco. Sin embargo, el fondo de flores verde, azul y rojo que se ve a su espaldas es en realidad una de las pinturas de Manet y el café es una recreación que el gran artista hizo en su estudio.
En francés el cuadro se llama La Liseuse (La Lectora), fue pintado entre 1880 y 1881 y, según señala la página del Art Institute de Chicago, que es donde se encuentra la pieza con el nombre de Woman Reading, “es una de las imágenes más impresionistas de Manet; las pinceladas rápidas y libres y los colores claros son característicos de su técnica al final de su carrera. Pintada solo unos años antes de su muerte, esta obra captura admirablemente un momento fugaz, el sentido de la vida moderna que Manet y sus contemporáneos intentaron representar”.
Las dimensiones del cuadro, pintado al óleo sobre lienzo son 50,7 x 61,2 cm.
Edouard Manet es considerado por muchos como el padre de la pintura moderna. Nacido en una familia de la burguesía alta, tuvo que vencer la oposición paterna para dedicarse por entero a la pintura. En un comienzo, le criticaban desde el realismo que tratara a las figuras humanas como bodegones. Fue el escritor naturalista Émile Zola quien justamente exaltó esa ligereza que le permitía prestar la misma atención a los aspectos netamente pictóricos de su obra cuando pintaba un Cristo en la cruz que cuando lo hacía con una prostituta desnuda.
Como explica la página del Museo Thyssen Bornemisza, “la pintura de Manet evolucionó desde su inicial estilo tenebrista, de inspiración española, a una más luminosa, centrada por primera vez en la vida urbana moderna. Esta temática, desarrollada sin duda bajo la influencia de su amigo Baudelaire, y su atrevida técnica ligera y brillante, provocaron su rechazo sistemático de los Salones oficiales, al tiempo que se acrecentó su fama entre los jóvenes pintores impresionistas, quienes intentaron sin éxito que se les uniera en sus exposiciones.”

Aunque Manet no perteneció al movimiento impresionista, la técnica y la temática de sus obras se convirtieron en referentes imprescindibles para la generación de pintores jóvenes que sí eligieron esta corriente para su arte. Fue en el Salón Nacional de 1863 cuando se vio por primera vez su célebre obra El almuerzo en la hierba, entonces titulada El baño (un homenaje a Tiziano): el desnudo femenino entre dos hombres vestidos levantó un escándalo sólo comparable al escándalo provocado poco después por su Olympia , en el Salon de 1865. El mayor éxito de su carrera lo alcanzó con Un bar en el Folies-Bergère , expuesto en el Salon de 1882.
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