
El escritor colombiano Mario Mendoza sorprendió una vez más a sus lectores con su nueva novela, Vírgenes y toxicómanos, una obra que se adentra en territorios inexplorados de la literatura y que, en palabras del propio autor, es “el libro más raro y extraño al que me he enfrentado”. En esta entrega, Mendoza juega con los límites de la realidad y el delirio, abordando temas como la discapacidad, la marginación, la salud mental y la búsqueda de una nueva percepción del mundo.
El escritor compartió algunas reflexiones sobre su proceso creativo y las temáticas de la novela con Infobae Colombia. “Desde la pandemia venimos sintiendo que estamos ingresando en una realidad rara, extraña, cruzamos un punto de no retorno y me parece que lo más grave ha sido una pandemia dentro de la pandemia que no estaba detectada: la salud mental”, expresó Mendoza. Para el autor, la crisis emocional y psicológica es uno de los ejes que atraviesa su novela, mostrando personajes que se sienten extraviados, ansiosos y melancólicos.
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La historia de Vírgenes y toxicómanos sigue a Anton Echeverry, un abogado defensor de derechos humanos que, tras la muerte de su esposa en circunstancias sospechosas, entra en una profunda crisis. Su única ancla emocional es su hijo Martín, un estudiante de sociología que quedó discapacitado en un accidente. Un día, Anton escucha a su hijo y a su mejor amigo, otro joven con una discapacidad física, definirse como “la tristeza de Dios”. Esto lo impulsa a idear un plan audaz para transformar su realidad y la de quienes lo rodean, lo que lo llevará a cruzar los límites entre la razón y el delirio.
Uno de los aspectos más llamativos de la novela es la exploración de la discapacidad desde una perspectiva poco convencional. Mendoza reveló que la construcción de los personajes le exigió un esfuerzo adicional: “Intento comprender eso, pero no alcanzo a llegar allá. Sin embargo, tomo notas, converso, hablo con alguien que para mí es muy importante: el juez Hoffman, que me explica un poco qué significa vivir con una discapacidad y cómo se siente”. Además, el autor encontró inspiración en el documental Crip Camp, producido por Michelle Obama, sobre el movimiento por los derechos civiles de las personas con discapacidad en los años 60.
En la novela, los dos jóvenes protagonistas no solo enfrentan sus limitaciones físicas, sino también su propia percepción del deseo y la exclusión social. “Ahí entendí también lo que significaba ser virgen con una discapacidad. La palabra virgen suele ser leída en femenino, pero en este caso está acuñada en masculino. El título se refiere a los dos chicos que son vírgenes y son toxicómanos, se la pasan fumando todo el tiempo marihuana”, explicó Mendoza. La combinación de juventud, deseo y marginación convierte a estos personajes en símbolos de una generación que se siente fuera de lugar en la sociedad.

Otro elemento clave en la novela es la existencia de una sociedad secreta dentro de la historia, un grupo conformado por los protagonistas que busca modificar su percepción de la realidad a través del amor, el sexo y la alteración de los sentidos. “Los muchachos van a ir conformando lentamente, poco a poco, una sociedad secreta, pero una sociedad secreta cuya base principal es la ternura, el sexo, el amor y la modificación de los sentidos. Cómo voy cambiando los sentidos para poder ingresar en otra realidad”, explicó el escritor.
Esta idea de una realidad alterna está presente en toda la novela y se refuerza con la estructura narrativa, dividida entre lo “conocido” y lo “desconocido”. Mendoza comparó este viaje con el de Ulises en la Odisea, donde el héroe abandona el territorio familiar para adentrarse en lo incierto. “Si uno va a escribir una novela como esta, tiene que entender que está pisando un terreno frágil, que es un terreno que puede estar todo el tiempo moldeándose, que puede tener alteraciones, que puede tener incluso movimientos telúricos que lo conduzcan a zonas para que, como narrador, son difíciles, donde no sepa cómo enfrentar narrativa”, afirmó.

Con esta novela, Mario Mendoza reafirma su capacidad de reinventarse y de desafiar los géneros literarios convencionales. Aunque es conocido por su inclinación hacia el hiperrealismo, en esta ocasión se sumerge en un universo donde lo fantástico y lo onírico toman protagonismo. “Siempre he estado explorando en algún momento de los libros, aunque sean hiperrealistas, o a través de uno o dos personajes que nos proponen algo inquietante”, explicó.
Vírgenes y toxicómanos será presentado en la Feria del Libro de Bogotá, donde Mendoza tendrá encuentros con sus lectores y firmará ejemplares. Sin duda, esta novela promete ser una de las más comentadas del año, no solo por su propuesta narrativa arriesgada, sino por la profundidad de los temas que aborda.
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