Él es Miguel Rincón, el hombre que pone la voz a las grabaciones con las que los vendedores ambulantes recorren toda la ciudad

Aguacate, cebolla y mazamorra son solo algunos de los productos que ‘el Pregonero del pueblo’ ha promocionado con la técnica antigua del perifoneo

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Miguel ha trabajado su voz
Miguel ha trabajado su voz los últimos 50 años - @medicenjuliii / TikTok

Entre cincuenta mil y setenta mil cuñas para la venta ambulante ha grabado Miguel Rincón, ‘el pregonero del pueblo’, desde que aceptó “prestarle” su voz a un amigo que vendía frutas, en la década de los 80.

Para su padre, fundador de Correcaminos Publicidad, resultaba impensable anunciar cebollas y tomates, pero Rincón Jr. encontró una mina de oro que, a sus 67 años, sigue dándole para las “bichas” y los gastos del día a día.

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Antes de ayudar a vendedores ambulantes a incrementar su margen de ganancias, El pregonero del pueblo ayudó en la empresa familiar y consiguió una licencia como locutor que lo llevó a trabajar en la radio.

Perteneció al movimiento hippie colombiano, donde probó por primera vez la marihuana y se envició con el bazuco. Una adicción con la que, aún hoy, sigue luchando, con la cabeza en alto.

Su padre veía con desprecio el uso de la voz para la venta ambulante - crédito @medicenjuliii / TikTok

Empezó a usar su voz para ganar dinero hace 50 años, pero no se confía. Sabe que el oficio del perifoneo está perdiendo fuerza y por eso, cada que inicia una grabación, la encomienda a los cielos para que ayude a sus clientes a hacer más ventas y no moleste a los bogotanos.

En una entrevista concedida a Revista Semana, confesó que él mismo ha llegado a cansarse cuando se escucha por la calle: “Es un mensaje demasiado invasivo, la gente lo tiene que escuchar por obligación y eso hace que sea muy difícil. Por eso pido disculpas si alguna vez he molestado a alguien”.

E insiste que “el problema no está en el ruido, sino que los vendedores no atienden las recomendaciones. No debe pasar más de cuatro minutos estacionados en el lugar, si pueden pasar varias veces, pero no quedarse ahí media hora”.

Desde el estudio que montó en una habitación de su casa, piensa cómo atraer a posibles compradores sin perturbar la tranquilidad de los bogotanos. Sin embargo, no es una tarea en la que todos los vendedores estén dispuestos a ayudarlo.

Miguel ha prestado su voz
Miguel ha prestado su voz para vender frutas, verduras e, incluso, encontrar perros - crédito Jeffrey Arguedas / EFE

Su método parece simple, pero ha resultado efectivo las últimas décadas. Cada que recibe un encargo lee sobre el producto e improvisa, echándole un vistazo a ideas principales que anota en un cuaderno. Como formula personal, inicia haciendo un llamado a “Amigos, habitantes y visitantes de este sector” y termina pidiéndoles que “aprovechen”, antes de que el vendedor continúe su camino.

Sus precios, sin importar el cliente, son siempre los mismos: 40.000 pesos por una cuña para el perifoneo, 100.000 pesos por una cuña para redes sociales y 300.000 pesos por una cuña para radio.

Grandes productores siguen contactándolo. Entre los trabajos más extraños que ha realizado, recuerda anuncios para encontrar a perros extraviados y a lo único que se ha negado es a grabar cuñas para productos falsos o artículos con marihuana; ya que es la llave con la que abrió el infierno de la adicción.

Miguel ha llegado a ganarse
Miguel ha llegado a ganarse hasta tres millones por una cuña - crédito Rodrigo Sura / EFE

Estuvo casado durante 28 años y tuvo cinco hijos, de los que ninguno resultó locutor. Desde que enfrentó un cáncer en el 2012, piensa que el tiempo que le queda es poco, pero no lo preocupa, o al menos no más que la idea de ser el último pregonero.

Su oficio tomó algo de fuerza con la pandemia, cuando campesinos llegaron a las principales ciudades ofreciendo los productos que se perdían en sus graneros. E, incluso, llegaron a contactarlo de Perú y Venezuela para “hacer lo suyo” con alimentos autóctonos de cada región.

Al día graba un promedio de tres cuñas y, a pesar de su aspecto demacrado, se niega a abandonar lo que hace. Con suerte, espera grabar hasta el último día y, aunque le han dicho “artista” o “la voz más famosa de Colombia” se conforma con ayudar a otros desde el perifoneo, como el mayor pregonero.