
Pese a haberse conocido durante 35 años, dos hombres en Cartagena se hicieron virales al caer en cuenta que, en todo ese tiempo, jamás le habían preguntado a su compinche cómo se llamaba.
“Somos seres simples”, explicó el @owesomedaddy, conocido como Orlando, en un video que ya supera las ocho millones de visualizaciones, en el que dio a entender que, por casualidad, terminó enterándose cómo es que se llamaba su “amigo”:
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“Tengo 35 años de conocer a este señor, a un amigo mío, y siempre lo he conocido por el mote de Molly o Crispy. Hasta hoy le pregunté por el nombre y se llama Domingo”.
Su “falta de atención al detalle” no pasó desapercibida en redes sociales, donde otros usuarios de la plataforma TikTok compartieron historias similares, en las que pasaron por alto el nombre de alguien, tras usar su mote, apodo o sobrenombre desde el inicio de la relación:
“Hombres siendo hombres”, “Aunque parezca difícil de creer, me pasaba en la casa. Me decían Alejandra, Gabriel, Gaby, pero me llamo Sandra Alejandrina”, “Cuando mi papaá falleció usamos su lista de contactos para invitar a sus amigos al funeral. Fue muy surreal invitar al ‘Chilly Willi’ y darle la noticia”, “Me pasó hasta los 24 años. Le decía a un conocido ‘tío Luisi’ y resulta que ni se llamaba Luis ni era mi tío. En realidad, era un amigo de mi papá y se llamaba Jerónimo”. “Me pasó con un pana del barrio. Una vez sufrió un accidente y los de la ambulancia nos preguntaron a todos como se llamaba, pero nadie sabía. Le decíamos Yiyo”.
¿Hasta qué punto es aceptable el uso de sobrenombres en el trabajo?
El uso de apodos en el ámbito laboral puede tener efectos significativos en la percepción de los empleados sobre su entorno de trabajo, según reveló un estudio realizado por el Harvard Business Review en los Estados Unidos, en el que participaron cerca de 1.100 personas. La investigación, que pretendía analizar cómo los apodos afectan las dinámicas profesionales, encontró que su impacto varía dependiendo de quién los utilice y en qué contexto jerárquico se empleen. Los resultados sugieren que, aunque los apodos pueden fomentar la cercanía y la seguridad psicológica, también pueden generar sensaciones de falta de respeto o pérdida de poder en ciertos casos.
De acuerdo con los hallazgos, los empleados que perciben que su jefe utiliza apodos para referirse a otros trabajadores tienden a sentirse menos seguros psicológicamente, con una menor sensación de poder y respeto en el entorno laboral. Por el contrario, cuando los empleados son quienes llaman a su jefe por un apodo, la percepción cambia drásticamente: los trabajadores reportan sentirse más empoderados, respetados y con mayor seguridad psicológica. Este contraste pone de manifiesto cómo la asimetría de poder en las relaciones laborales influye en la interpretación de estas prácticas.

El estudio, que también analizó las razones detrás de estas diferencias, concluyó que las percepciones sobre la orientación comunitaria del jefe juegan un papel clave. Es decir, los empleados tienden a interpretar el uso de apodos por parte de los líderes como un indicador de accesibilidad y cercanía, pero solo cuando estos apodos no refuerzan la jerarquía de manera negativa. En este sentido, el contexto cultural de la organización también resulta determinante. Las empresas con estructuras jerárquicas más rígidas podrían experimentar mayores tensiones en torno al uso de apodos, mientras que en entornos más horizontales, estos podrían ser mejor aceptados.
El ambiente laboral, por tanto, influye directamente en cómo se perciben estas dinámicas. En organizaciones donde la jerarquía es menos marcada, los apodos pueden ser una herramienta para fomentar la cohesión y la confianza entre los empleados y sus superiores. Sin embargo, en culturas corporativas más tradicionales, el uso de apodos podría interpretarse como una falta de profesionalismo o incluso como una amenaza a la autoridad.

A partir de los resultados obtenidos, los investigadores ofrecieron una serie de recomendaciones prácticas para líderes y empresas que deseen gestionar de manera efectiva el uso de apodos en el lugar de trabajo. En primer lugar, sugieren que los gerentes no deberían desalentar a los empleados de llamarlos por apodos, ya que esta práctica puede contribuir a que los líderes sean percibidos como más accesibles y menos impersonales. Según el estudio, prohibir el uso de apodos podría tener el efecto contrario al deseado, haciendo que los líderes parezcan distantes y menos orientados a la comunidad.
Además, los investigadores insistieron que debería analizarse la cultura organizacional antes de implementar políticas relacionadas con el uso de apodos. En entornos donde la jerarquía es más rígida, podría ser necesario establecer límites claros para evitar malentendidos o conflictos. Por otro lado, en empresas con estructuras más flexibles, los apodos pueden ser una herramienta valiosa para fortalecer las relaciones y mejorar la comunicación entre los diferentes niveles jerárquicos.
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