
La tumba de 1700 años de antigüedad contenía los restos de un gobernante maya y pistas sobre un mundo mesoamericano en el que las ciudades lejanas interactuaban.
Los arqueólogos trabajaron a la sombra de imponentes ruinas mayas mientras perforaban el suelo de una estructura que habían buscado años antes.
Debajo, encontraron una cámara aún más antigua, que contenía un cuerpo y los tesoros con los que fue enterrado: una rara máscara mortuoria de mosaico y joyas de jadeíta, conchas del Pacífico y elaborados diseños en cerámica y hueso.
Se trataba de la tumba de un gobernante maya de 1700 años de antigüedad --la primera hallada en Caracol, el yacimiento maya más grande de Belice-- y contenía pistas sobre un mundo mesoamericano en el que las ciudades competían entre sí a cientos de kilómetros de distancia.
"Han encontrado a un gobernante muy antiguo, por lo que es muy importante, y se afirma que es el fundador de una dinastía", dijo Gary Feinman, arqueólogo del Museo Field de Chicago, que no participó en la excavación. "Es un hallazgo importante".
Arlen Chase, uno de los arqueólogos que trabajan en Caracol, fue uno de los primeros en entrar en la tumba. "En cuanto vimos la cámara, supimos que teníamos algo", dijo.
Por el estilo de las vasijas de cerámica, supo que la tumba era excepcionalmente antigua. Por el cinabrio rojo a su alrededor, supo que era de alguien con un estatus muy alto.
Pero fue la máscara de mosaico, en trozos de jadeíta a un lado, lo que hizo que se diera cuenta de lo inusual que era la tumba. "Dios mío, esto es mucho más importante de lo que pensaba", recuerda que pensó.
Con cada descubrimiento, llamaba a Diane Chase, una arqueóloga con la que lleva cuatro décadas trabajando en Caracol.
"Le decía una y otra vez: '¿Quieres que baje?'", dijo ella. "Y él insistía que no. Y luego, al final dijo que sí". (Los Chase celebrarán 50 años de matrimonio en agosto).
Diane Chase se apresuró a salir de su base en la Universidad de Houston para hacer balance de los descubrimientos.
Determinaron que el gobernante maya había llegado a viejo para su época, pues vivió lo suficiente como para perder todos los dientes y que le creciera hueso sobre la mandíbula.
"Nunca antes habíamos encontrado a nadie que pudiéramos identificar como gobernante en Caracol, así que eso ya de por sí era asombroso", dijo Diane Chase. Y "doblemente asombroso", dijo, que se pudiera identificar al gobernante como fundador de una dinastía.
El gobernante había sido enterrado no solo con la máscara, sino también con tres juegos de orejeras de jadeíta, un lujo extraordinario para la élite maya, y diversas vasijas de cerámica. Mostraban al dios maya de los comerciantes, un colibrí y un gobernante que sostiene una lanza mientras suplicantes le hacen ofrendas. Las vasijas representaban un mono, un búho y cabezas de coatís, mamíferos que a veces se describen como mapaches cruzados con lémures.
"Son cosas que nunca antes habíamos visto", dijo Arlen Chase sobre algunos de los diseños.
A través de los jeroglíficos, los arqueólogos identificaron al gobernante como Te K'ab Chak, quien subió al trono en el año 331 d.C. Según los Chase, gobernó Caracol cuando se estaba convirtiendo en una ciudad más grande, pero siglos antes de su apogeo como potencia regional con una población estimada de 100.000 habitantes. Al igual que otras ciudades mayas, fue abandonada hacia el año 900 d.C.
El descubrimiento "añade una dimensión totalmente nueva" al yacimiento, dijo Melissa Badillo, directora del Instituto de Arqueología de Belice, que colabora con los Chase desde hace mucho tiempo. "Es el primero de su clase, en tanto que se trata de un gobernante, un fundador, alguien tan viejo, y en tan buen estado, para ser sinceros, porque la humedad no se presta bien a la conservación".
Para los Chase, el descubrimiento fue emocionante también por la relación de los artefactos con otros hallazgos a lo largo de los años. "Sin esta tumba, no tendríamos ni idea de cómo encajaba todo", dijo Arlen Chase.
Algunos de los objetos hallados en la tumba se parecen mucho a los de otras dos tumbas en Caracol, que datan aproximadamente del año 350 d.C., dijeron los Chase. En una de ellas también había restos humanos incinerados, cuchillas de obsidiana verde del centro de México y un dardo de atlatl --utilizado para lanzar lanzas--, el tipo de objeto que suele asociarse con Teotihuacán, una antigua metrópolis situada a más de 1200 kilómetros al norte. La cremación era una práctica de los teotihuacanos de alto estatus, pero no de la élite maya.
La evidencia, argumentan los Chase, sugiere que los primeros mayas mantenían relaciones con los pueblos del centro de México décadas antes de lo que se pensaba, a pesar de las grandes distancias geográficas entre sus ciudades. Es probable que les tomara más de 150 días en ir de Teotihuacán a Caracol en la época de Te K'ab Chak. Incluso hoy en día toma casi 24 horas en coche.
Los artefactos demuestran que estas ciudades no solo eran conscientes unas de otras, sino que también interactuaban, quizá con enviados de los niveles más altos de la sociedad, dijeron los Chase, un signo de lo que denominaron un mundo antiguo "globalizado" de comercio y diplomacia.
Esta conclusión concuerda con otras investigaciones que demuestran que los mayas construyeron sociedades con complicadas relaciones políticas, dijeron los expertos, aunque algunos expresaron cautela a la hora de extrapolar a partir de los artefactos hasta que pudieran obtener más información.
"Era un mundo político muy dinámico", dijo Feinman. "Tienen pruebas de algún tipo de conexión con Teotihuacán, en el centro de México, pero cuál es el mecanismo de esa conexión --¿una persona?, ¿ideas?--, es más difícil de decir. Puede que sus interpretaciones sean correctas, pero yo diría que me gustaría verlo detallado en un artículo antes de poder decir más".
Rosemary Joyce, antropóloga de la Universidad de California en Berkeley, también dijo que quería saber más.
Las pruebas de ADN e isótopos, que los Chase esperan realizar, podrían revelar más datos sobre la vida de las personas enterradas, y más detalles sobre las vasijas de cerámica podrían ayudar a determinar si eran importadas o imitaciones locales, dijo Joyce.
Los Chase creen que los artefactos indican relaciones prolongadas de los mayas con Teotihuacán décadas antes del año 378 d.C., un momento que suele denominarse la "entrada", que según algunos arqueólogos señala la llegada de los mexicanos del centro a las tierras bajas del sur.
Cuándo interactuaron exactamente todas estas ciudades, y cómo y dónde, será casi con toda seguridad objeto de intenso debate entre los arqueólogos, en parte porque el grado de precisión que puede ofrecer la tecnología de datación es limitado.
"La gente que apuesta por Tikal intentará argumentar que no es anterior a 378", dijo Joyce, al calificar el argumento de una "especie de búsqueda inútil, porque no se puede llegar a una fecha tan cercana".
Los Chase se han anticipado a tales debates.
"Hay mucho más en la historia que nos va a llevar más tiempo desentrañar", dijo Diane Chase. Habrá "básicamente un argumento de cerámica", dijo Arlen Chase.
Pero Joyce dijo que estaba de acuerdo con su descripción de un mundo mesoamericano complejo.
"Es mucho más probable que Teotihuacán buscara relaciones con muchos lugares", dijo, en lugar de un escenario en el que una sola persona del centro de México llegara a una sola ciudad maya y "de repente todo cambiara".
Badillo dijo que las autoridades beliceñas esperaban mostrar algunos de los artefactos de Caracol, y que el yacimiento debería ser más accesible con la finalización de una nueva carretera. También dijo que esperaba que los Chase, "con base en su historial", volvieran pronto al yacimiento.