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Aunque José Daniel Ferrer está contento de estar en casa con su esposa y su hijo de 5 años, quien apenas lo conoce, dijo que su postura siempre ha sido clara: "Prefiero la muerte al deber mi liberación a un trato indigno"
José Daniel Ferrer, un expescador que se convirtió en una de las principales figuras de los derechos humanos en Cuba, fue excarcelado el jueves en virtud de un acuerdo negociado por el gobierno de Joe Biden. Pero, en cierto modo, dijo que habría preferido permanecer tras las rejas.
Ferrer, de 54 años, quien fue encarcelado en 2021 tras intentar asistir a una protesta contra el gobierno comunista, fue el disidente de más alto perfil que se benefició de las conversaciones secretas facilitadas por la Iglesia católica.
Las negociaciones lograron que esta semana el gobierno de Biden retirara a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, lo cual, si dicha decisión no es revertida por el presidente electo Donald Trump, permitiría a Cuba acceder a la financiación internacional y podría ayudar a su golpeada industria turística.
A cambio, el gobierno cubano accedió a liberar a 553 presos, muchos de los cuales participaron en las masivas manifestaciones realizadas en el verano de 2021, cuando Ferrer fue encarcelado.
A medida que los presos empiezan a salir de la cárcel poco a poco con condiciones de excarcelación, algunos defensores de los derechos humanos han denunciado que el acuerdo es desacertado y poco equilibrado.
"La administración Biden ha hecho el ridículo", dijo Ferrer en una entrevista telefónica desde su casa de Santiago de Cuba, la mañana siguiente a su excarcelación. "En un gesto de supuesta buena voluntad, liberan un número que nunca debió estar preso. Y entonces quieren a cambio de eso, que la Iglesia y el gobierno estadounidense le hagan concesiones, les aplaudan y que el mundo vea que ellos son tan generosos".
Aunque está contento de estar en casa con su esposa y su hijo de 5 años, quien apenas lo conoce, Ferrer dijo que su postura siempre ha sido clara, e incluso la grabó en un mensaje de audio desde la cárcel.
"Dije claro, yo nunca agradecería mi liberación a cambio de un acuerdo poco claro, poco ético, poco digno", dijo. "Dije textualmente: prefiero la muerte a deber mi liberación a un trato indigno".
Según Ferrer, el gobierno cubano se burló tanto de Biden como del Vaticano, quienes deberían adoptar una postura más firme contra las violaciones de derechos humanos.
Las negociaciones para liberar a los presos se iniciaron a petición del papa Francisco, quien encargó a uno de sus asesores más cercanos, el cardenal Seán P. O'Malley, ex arzobispo de Boston, que transmitiera los mensajes.
El cardenal O'Malley dijo que Ferrer estaba siendo un poco injusto en sus críticas, porque la Iglesia quiere mejorar las condiciones en Cuba, y una mejor relación con Estados Unidos es crucial, aludiendo a la grave escasez en la isla que muchos atribuyen a las duras sanciones económicas estadounidenses.
Aunque estuvo de acuerdo en que los manifestantes condenados por sedición y otros delitos nunca deberían haber sido encarcelados en primer lugar, "¿significa eso que deberíamos haberlos dejado allí?", dijo.
"Comprendo que el señor Ferrer haya sufrido mucho y esté muy ansioso por ver caer a este gobierno", añadió, pero "hacer sufrir al pueblo cubano no es la solución".
Las negociaciones se llevaron a cabo durante los últimos tres años, con al menos una decena de reuniones en La Habana, Nueva York y Washington, y en las que el cardenal habló con los ministros de asuntos exteriores y los presidentes de ambos países.
"El Santo Padre les instó a liberar a los presos y también a intentar establecer mejores relaciones con Estados Unidos", dijo el cardenal O'Malley en una entrevista telefónica.
El primer encuentro fue en La Habana durante la pandemia, no mucho después de las detenciones. Se reunió con el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez y con el expresidente Raúl Castro, quien acudió a la nunciatura, la misión diplomática de la Santa Sede en La Habana.
Dijo que Castro habló con cariño de su estancia en la Escuela Preparatoria Jesuita Belén, en La Habana.
El cardenal realizó una segunda visita a Cuba y también entregó cartas del papa al presidente Biden, con quien habló por teléfono.
El papa designó 2025 como año jubilar para la Iglesia, un periodo especial de perdón durante el cual se espera que millones de peregrinos visiten Roma. Según el cardenal O'Malley, el mensaje para el gobierno cubano fue sencillo: "El tiempo del jubileo es un tiempo de liberación de prisioneros".
Dijo que, al principio, los funcionarios del gobierno cubano parecían haberse "asustado" por la oleada de descontento de las protestas de 2021, sobre todo porque gran parte de ellas se transmitieron en directo por Facebook desde ciudades de todo el país. El gobierno culpó a grupos activistas de Estados Unidos de impulsar el movimiento, dijo.
"Les molestaba que Estados Unidos tolerara este tipo de actividad subversiva procedente de Estados Unidos", dijo. "Intenté decir: Independientemente de cuál fuera el origen de la manifestación y de la culpabilidad de quien fuera, el Santo Padre estaba considerando esto como una crisis humanitaria y quería pedir clemencia para estos presos".
La petición les pareció más aceptable a los funcionarios cubanos, porque procedía de la Iglesia, pero aun así tardó años, dijo. El gobierno de Biden se negó a tomar medida alguna respecto a la inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo mientras tantos manifestantes estuvieran encarcelados, añadió el cardenal.
El hecho de que el presidente electo Trump volviera a la Casa Blanca influyó sin duda en la decisión de los cubanos, dijo el cardenal.
"Se estaba cerrando la puerta a una oportunidad", dijo. "No estoy seguro de lo que hará finalmente el presidente Trump, pero a juzgar por su primer mandato, para los cubanos, creo que eso era aleccionador: que si iba a haber alguna oportunidad de acercamiento, tendría que ser ahora".
El gobierno cubano dio la impresión de que prefería que los presos excarcelados fueran obligados a exiliarse, pero el gobierno estadounidense pidió que se les permitiera quedarse en sus casas, si era lo que querían, dijo.
En el pasado, varias liberaciones masivas de presos implicaron el exilio involuntario a España.
A veces las conversaciones fueron frustrantes, porque el gobierno cubano dudaba en liberar a los presos.
Dijo que volvía una y otra vez a buscar conversar con el gobierno cubano, hasta que se sintió como la viuda de la parábola del juez injusto del Evangelio de Lucas, que vuelve repetidamente ante un juez obstinado en busca de justicia hasta que, por fin, el magistrado cede.
"Sentí que mientras estuvieran dispuestos a hablar, hablaríamos", dijo.
En declaraciones públicas desde que se anunció el acuerdo, el gobierno cubano trató de transmitir la excarcelación masiva como un procedimiento operativo normal en una nación de leyes.
La vicepresidenta del Tribunal Supremo de Cuba, Maricela Sosa Ravelo, en una entrevista en la televisión estatal cubana, subrayó que se estaba concediendo a los presos una "liberación anticipada" similar a la libertad condicional, y que seguían bajo la autoridad del sistema de justicia penal.
"No se trata de una amnistía ni un indulto", dijo.
Ferrer, quien ya había cumplido ocho años de prisión durante la represión a la oposición en 2003, dijo que se negó a firmar un documento que establecía las condiciones de su excarcelación, entre las que figuraba la obligación de presentarse mensualmente ante el tribunal.
Ferrer afirmó que les dijo: "Ahorrémonos tiempo, déjenme preso y así no tienen que inventar una nueva farsa judicial en el futuro".
Dijo que había pasado casi tres meses en régimen de aislamiento, comiendo alimentos que creía que estaban envenenados, porque había desarrollado migrañas y empezó a alucinar con que las paredes se cerraban sobre él. Pasó largos periodos sin poder ver ni llamar a su familia ni tener acceso a lápiz o papel.
En 2019, Ferrer fue acusado de agredir y secuestrar a un hombre, acusación que negó. Fue condenado a cuatro años de prisión, pero en 2020 quedó en libertad bajo arresto domiciliario.
Cuando salió de su casa el 11 de julio de 2021 para asistir a las protestas masivas que recorrieron el país, fue detenido rápidamente y lo volvieron a encarcelar para cumplir toda la condena, sin que se le reconociera el tiempo cumplido en casa.
"Tuve que alimentarme con los peores alimentos, pero alimentos que nadie se imagina que pueda comer un ser humano", dijo Ferrer.
Algunos dormitorios estaban infestados de chinches, dijo, y otros presos cuyas familias no podían permitirse llevarles comida parecían gravemente desnutridos.
"Ahí vi horrores", dijo.
Ferrer espera que la Iglesia adopte un papel más agresivo en la defensa de los derechos humanos en Cuba, y que él pueda pasar su tiempo en casa intentando reconstruir un movimiento disidente fracturado por los encarcelamientos y el destierro forzoso.
"Yo estoy seguro que esta película va a terminar con la liberación, la democratización de Cuba y con una Cuba amiga aliada del Occidente", dijo. "Puede ser que yo no llegue a ver este momento, pero desde donde llegue mi espíritu pues lo voy a disfrutar muchísimo y si llego vivo a ese momento por Dios, va a ser el momento más feliz de mi vida". Frances Robles es periodista del Times y cubre Latinoamérica y el Caribe. Ha reportado en la región por más de 25 años. Más de Frances Robles