
Definitivamente las máquinas desempeñan un papel crucial en la toma de decisiones en los más diversos ámbitos. Las ideas detrás de la inteligencia artificial tienen su origen en los trabajos del científico informático John McCarthy quien puso el nombre “Inteligencia Artificial”. Los trabajos continuaron en las manos de pioneros como Marvin Minsky y Claude Shannon, quienes llevaron la IA a constituirse en un campo especializado de la investigación matemática y computacional. Posteriormente, la historia continua con la búsqueda de optimización de resultados concretos, estos investigadores que fueron desarrollando la idea de replicar la inteligencia y mediante la creación de “sistemas expertos”, programando explícitamente reglas, lógica y símbolos en algoritmos para que las máquinas pudieran deducir respuestas siguiendo los patrones de funcionamiento de las mentes humanas. La capacidad de procesamiento de esa época fue el puntapié inicial que llevó a una permanente superación de las máquinas. Las máquinas que utilizan el procesamiento del lenguaje natural comenzaron a analizar la automatización de procesos cada vez más complejos y ayudarnos cada vez más en nuestros trabajos, así como a desplazar a aquellos que solo podían hacer ese trabajo.
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Las crisis psicológicas-sociales que crean las máquinas apenas comienzan a pesar de que como vemos ya llevamos algunas décadas en esto. Y, como es común en cualquier época, el lugar donde se desarrolla este “procesamiento artificial de información” genera nuevas patologías, algunas tienen que ver con la falta de empatía del sistema, ya que “kindness in thinking creates profoundness... kindness in saying creates an everlasting love” como dijo mi actor favorito, pero en definitiva quien no ha sentido impotencia igualmente hacia un funcionario poco empático o directamente negativo quien procura que nos vaya lo peor posible en nuestro tramite aunque su responsabilidad debería ser exactamente la opuesta. Realmente no habría mucho problema en que las maquinas sustituyeran a esos personajes, peor nunca va a ser. Pero que difícil situación tendría la máquina para sustituir a las personas/funcionarios que buscan siempre la mejor forma de resolver las cosas, de lograr soluciones solamente por espíritu solidario no importa cuán horribles sean las condiciones objetivas.
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La capacidad de aprendizaje de la inteligencia artificial, que se desarrolla permanentemente, a lo largo de su vida útil no habría sido posible sin un sistema legal/social en el que tiene esta capacidad de crecer esta dinámica multiplicadora de lucro de la tecnologías más avanzadas. El lucro como fuerza generadora de inteligencia/creación es incontenible. Nuestros sistemas político-económicos necesitan la permanente creación de riqueza, por lo tanto, la lógica que logra estimular permanentemente este patrón es absolutamente bienvenida siempre. En el desarrollo histórico reciente de la inteligencia artificial vemos como la mayoría de a quienes les cuesta encontrar trabajo solo tienen un año de graduarse y experiencia profesional nula. Lo ideal sería que este sistema compuesto por profesionales con formación internacional en el caso de la diplomacia pueda significar que nadie dentro del sistema haya recibido una formación profesional extensa pero que asimismo estén igualmente interesados tanto en modelos morales como en este procesamiento artificial de información
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“La tiranía del placer” humana deja paso a este “frío” procesamiento artificial de información que fue enriqueciendo nuestras sociedades con conocimiento preciso gracias a su “información altamente significativa” y sus “redes neuronales artificiales adultas”. Esta capacidad de aprendizaje se instaló en las condiciones permanentes de trabajo y de nuestras vidas, desde donde ya se habían desarrollado los coches autónomos hasta el asesoramiento o las recomendaciones al más alto nivel o al más bajo nivel de estructuras institucionales. En algún momento debemos saber quién se puede equivocar más, si la inteligencia artificial o el ser humano, así como en qué sentido puede equivocarse la inteligencia artificial y en qué sentido puede equivocarse el humano. La afluencia de múltiples «capas» —que marcan la existencia de este posesivo instrumento que es la inteligencia artificial— exigirá en su momento la implementación de una discusión política y legal internacional destinada a mejorar las condiciones específicas en las que opera la misma. La inteligencia artificial tendrá la posibilidad de encarnar modelos morales sin empatía y sin odio (probablemente), y estos modelos solo pueden tomar forma plenamente cuando sustentan decisiones en todas las dimensiones históricas, todas las visiones políticas y aceptan firmemente que la lógica misma requiere de entender esos procesos complejos y automatizados, que deben dar lugar a más opciones y quizás a mayor flexibilidad. Las decisiones que toma una persona para resolver un conflicto pueden ser las equivocadas, incluso pueden ser contrarias a su propio interés. Esa dimensión de hacer lo que está bien éticamente aun en perjuicio propio es un punto de inflexión de perenne naturaleza humana. La búsqueda del jaque mate, aplicado el concepto en su dimensión política, social y económica es lo que parece buscar permanentemente la inteligencia artificial a partir de la optimización de resultados. Esta dinámica de los procesos automatizados y como ocupan espacios dentro de nuestra sociedad es particularmente crucial para nuestras poblaciones laborales más vulnerables, para nuestras poblaciones políticamente vulnerables y económicamente vulnerables.
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Es posible para la AI aprender los conceptos morales, pero aun falla en algunas dinámicas básicas, la de ver a una persona en el ojo y darse cuenta de que una persona es un corrupto o una mala persona, la de jugarse por otra persona o por un grupo de personas arriesgándolo todo, sentir que la vida humana es mucho más que una prioridad de un proceso automatizado. Obviamente que existen diferentes clases de personas que pueden engañar a jueces o al sistema humano social, personas que carecen de todo lo detallado anteriormente también. Por ahora con la implementación los sistemas automatizados de valores, las condiciones internacionales aumentaron explícitamente la brecha que existe respecto a las personas con menor nivel educativo, menos ambiciosas y menos informadas que permanecerían dentro de los sistemas gubernamentales más subdesarrollados. La inteligencia artificial no se va a ocupar de los países ni de ellas, continuara su camino caiga quien caiga, por lo tanto, sería conveniente. Como asimismo siempre han existido humanos con esa naturaleza.
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Los profesores de IA crecieron en todos los países, y estos sistemas han demostrado ser eficientes en la democratización del análisis y la información durante el último cuarto de siglo, de todas maneras, el juicio categórico que nos permite juzgar a las personas desde la dimensión humana hace que generaciones de redes neuronales artificiales internalicen modelos morales en los cuales las dificultades consisten en entender cabalmente el concepto de análisis y juzgamiento moral humano. El camino para fortalecer instituciones consiste en mejorar los accesos a sistemas gubernamentales libres y legalmente obligatorios, abiertos a todos y que les permitan funcionar de forma eficiente pero que deben ser sobre todo justos en la más profunda dimensión humana. No es que el ser humano nunca se equivoque, pero por ahora solamente podemos dar al ser humano esa capacidad para equivocarse, porque todavía sigue siendo el único con capacidad para asumir responsabilidades por sus acciones. ¿O estamos dispuestos a dar esa capacidad a las máquinas?
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Todos afirman que las naciones —como grandes procesadores lingüísticos— se comunican e interactúan a través de protocolos medianamente establecidos. No sería conveniente que este papel sea otorgado a cuerpos mecánicos, por peor que le pueda a caer a la gente los funcionarios del servicio exterior. Pero como hemos visto todavía hay dimensiones humanos insustituibles. El tema es, como hemos visto recientemente, que las relaciones internacionales y sus diferentes dimensiones de conflicto tienen una capacidad multiplicadora de destrucción, esa capacidad multiplicadora llega al punto de poder alcanzar la destrucción de la humanidad a través de un conflicto nuclear.
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Pero todo lo que hacen las naciones estará cada vez más inextricablemente ligado a estos cuerpos digitales/mecánicos, especialmente en temas de seguridad y defensa. La autonomía de las maquinas pasa a ser algo absolutamente complicado al respecto, ¿le importará a una maquina cometer crímenes de atrocidad o de lesa humanidad comparado con optimizar resultados geoestratégicos? La lógica de una máquina de que se le aplique la pena máxima quizás es diferente, quizás es más fría, quizás sus miedos algorítmicos son irrelevantes. Los humanos pueden pasar años tratando de rastrear la verdad hasta su origen, interrogando a cada a una de las organizaciones causales, lo que eventualmente puede revelar historias bastante asombrosas oculta tras sus propias narrativas. Ocurre que además la inteligencia artificial tiene problemas en tener conocimiento de las reuniones secretas, reservadas, confidenciales, la IA no tiene corredor, ni boliche, ni lo que es ser hincha de algo, aunque se sepa todos los cantos. La inteligencia artificial solamente puede ser en materia de política exterior nuestro experto perfectito, se sabe todo, no levanta la voz, no se calienta. Pero si a mí me hubiera tocado hacer política exterior apoyándome en gente así probablemente no hubiera sido ni Embajador en China, ni Ministro de Relaciones Exteriores, ni Secretario General de la OEA y CASLA no tendría el menor interés siquiera en considerarme con posibilidades de defender la democracia en la región. Ni hablar que si esa hubiera sido mi función exclusivamente mi capacidad profesional diplomática hubiera sido extraordinariamente limitada porque el funcionario “perfectito” es en realidad un funcionario muy mediocre, pero además el funcionario perfectito tiene la característica de ser poco empático.
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Las naciones han aludido brevemente a la posibilidad de comenzar a elaborar legislación internacional respecto a la inteligencia artificial, ello fue incluso antes de que comenzara la lógica de la explotación al máximo de la inteligencia artificial en su uso político y de defensa. Hubo un tiempo en que el Estado actuaba como pensador internacional, una noción que puede parecer superficial para algunos observadores, y sin embargo es cierta y en absoluto inusual, el pensamiento desarrollado por cada Estado en función de su psicología colectiva, de su cultura, de su conformación social, de su sistema político daba una impronta particular a la dinámica de relaciones internacionales. El desafío de que TODAS esas pautas culturales, religiosas, folclóricas subsistan en los procesos de las redes neuronales artificiales.
Es cierto que ahora la mayoría de los grandes y multifacéticos pensadores políticos de nuestro tiempo deben apoyarse en la infalibilidad que estamos forzados a creer de la IA. Los Estados comparten ciertas características comunes, como su participación en el mega capitalismo y las relaciones internacionales, y sin embargo, todos han encontrado, de una forma u otra, su lugar en la agenda internacional, la inteligencia artificial puede llevar a reasignar esos lugares. Hubo un tiempo en que los Estados se inclinaban decididamente hacia determinada posición política; consideremos, entonces, qué ocupa sus mentes, qué los atrajo a esas definiciones. Por lo tanto, como que, en algún momento, mientras eso sea controlable, se deberían determinar qué tipo de decisiones pueden quedar en mano de la IA y especialmente que tipo de decisiones no pueden quedar en manos de la IA. En verdad, no hubo una discusión abierta de alternativas, ningún diálogo sobre justicia; el proceso se asemeja a una conversación con una máquina o, más precisamente, a la simple imposición de acciones. Prácticamente es como si ya hubiésemos cedido espacios.
Los Estados albergaba la esperanza de que la IA definiera, con el tiempo, los enfoques diferentes de la agenda internacional para una nueva generación de jóvenes, una generación que sigue las tendencias de internet, que se mantiene informada por videos de 30 segundos, difundiendo inicialmente información sobre las instituciones de forma clandestina, para luego someterlas al permanente escrutinio y al interés público ejercido de manera condenatoria.
Con el tiempo, este sistema evolucionó hacia acciones concretas como ser el análisis de las instituciones, así es que las instituciones en sus estructuras y funcionamiento actuales dependen de patrones que entrega la IA. Pero a pesar de todos estos avances tecnológicos y capacidades que exceden todo lo previamente conocido, de repente, no tenemos más remedio que preguntarnos porque el funcionamiento y estructuras burocráticas son tan deficientes, no solo desde el punto de vista de la cantidad y calidad de los resultados que las mismas son capaces de obtener, sino en que tiempo pueden otorgar resultados. Las estructuras burocráticas hacen a la esencia de la diplomacia por eso es inevitable el análisis. Reitero, nos tenemos que preguntar “¿Por qué todo va tan mal? ¿Y por qué las condiciones actuales —o, de hecho, la mayor parte del trabajo— no parecen ofrecer respuesta a esta pregunta?”. Hay algo que genera la complacencia del uso de la IA, ello altera los niveles de exigencia, los ha disminuido dramáticamente, por lo tanto, la IA artificial transformada en empleada de un esquema burocrático responde coherentemente a eso y cada vez se esfuerza menos también. Cuanto menos sea el nivel de exigencia de menor calidad serán los productos obtenidos de la IA.
Las instituciones para que sean buenas dependen de tener buenos funcionarios, con determinados parámetros de eficiencia y determinadas aptitudes/actitudes ético/morales justos que sean capaces de crear estructuras y funcionamientos que posibiliten resultados en ese contexto.
Teniendo en cuenta que la IA tiene la capacidad de potenciar los niveles de mediocridad de cualquier administración pública, se adaptara muy fácilmente a personas cansadas, aburridas y desmotivadas. El liderazgo del conocimiento humano que podía cambiar algo así hoy queda en manos de una maquina y un programa a los cuales no les interesa especialmente motivar a nadie. A las personas no les interesa seguir el liderazgo de conocimiento de la maquina porque eso es claramente poco motivador.
Es señalable que ni siquiera les consta muchas veces la propia involución de capacidades políticas de las personas/maquinas/instituciones, aquello que marcó crucialmente la diplomacia siempre. Entonces, aquello que constituye exactamente el “no-despertar” de funcionarios de la estructura, eso los lleva a no considerar inaceptable esta forma particular de pensar, de interpretar los hechos, de obviar ese preciso momento de comprensión, la repentina constatación de una verdad. En realidad, es el hecho de convivir con el “enemigo” inteligencia artificial, el que ha causado todo esto. No por culpa de ella, sino por culpa humana.
La diplomacia es timing y feeling. En principio esto parece esencialmente una actividad específicamente humana. Pero su lógica misma varia de persona a persona, pues finalmente se debe a como interpretamos los tiempos y los sentimientos de la política y la diplomacia, esa es nuestra forma de hacerla eficiente. Esto involucra las acciones de un grupo, pero, en última instancia, todo se reduce a lo que más le importa al individuo: cómo perciben la causa y el efecto, cómo “desean” ver el mundo o cómo creen que el mundo “debería” ser. La Diplomacia puede afirmarse en hechos, pero también puede afirmarse en percepciones de hechos o de políticas o de sentimientos, eso es precisamente lo que acciona en dinámicas circundantes de los hechos, y el mundo “es” simplemente como es en esas conceptualizaciones. Ahora, al aplicar esta lógica fundamental, las naciones pueden esforzarse por determinar la mejor manera de integrar estos principios de causa y efecto en la automatización de procesos complejos en ese marco y para mejor ejercicio de sus acciones institucionales para la adopción de la decisiones. De hecho, la inteligencia artificial es desde su origen parte de fundamental de cualquier estrategia de conflicto y de teoría de los juegos. El apoyo de la IA a acciones de conflicto o de uso de la fuerza, cae dentro de patrones que han hecho a la responsabilidad humana; pero a partir de allí debemos saber cuál es la relativa responsabilidad de una máquina. Esto ha introducido una moderna relatividad de la responsabilidad, mientras no existan normativas que determinen que decisiones son delegables en máquinas y cuales no, la responsabilidad de las maquinas será una constante que servirá a las personas para evitar sus propias responsabilidades.
A la hora de atender dinámicas de conflicto la inteligencia artificial tiene mecanismos para llevar adelante eficientemente el conflicto, aun cuando la comprensión de la percepción histórica que las opiniones públicas pueden tener del mismo quizás sea difícil ajustar, como puede ser difícil de ajustar en el contexto de contener el entusiasmo emotivo del liderazgo político. También probablemente tengan capacidades para la predicción de un vencedor. Indudablemente que un proceso de inteligencia artificial que abarca desde la automatización de procesos complejos y la optimización de resultados específicos hasta la provisión de explicaciones y recomendaciones es capaz de lograr resultados.
Se debe tener claro el concepto que las inteligencias artificiales comprenden las lógicas elementales de los conflictos, pero no tienen capacidades de predicción suficiente para entender todos los efectos colaterales, los efectos sobre la economía y los efectos emocionales y de percepción sobre la sociedad. No terminan de entender el fanatismo ni cómo funciona la mente en una negociación en el Bazaar. Hay un punto del conflicto en el funcionamiento de la IA en que todo se vuelve relativamente simple, pero la dimensión humana tiene que cometer tantos errores para alcanzar un buen resultado, errores que no les está permitido estructuralmente cometer a las máquinas. Por mejor uso que se haga de la inteligencia artificial las cosas no son tan fáciles a la hora de lidiar con el coraje humano o con el fanatismo por mencionar dos conflictos armados recientes. Lo podemos llamar el síndrome “Tom Brady” pues a la hora de explicar porque todos los clubes habían dejado pasar a Brady durante cinco rondas del Draft y 198 posiciones se dijo que habían medido su atleticismo, el poder de su brazo, etc., pero lo que tendrían que haber hecho es abrirlo y ver su corazón, es decir descubrir la pasión, el alma, la emoción, la realidad humana que era capaz de ponerle a las cosas. Es decir, estaban tratando de ver la máquina que había en Tom Brady y no su inextricablemente compleja dimensión humana y era esa compleja dimensión humana la que había sido la razón de sus triunfos anteriores y la que fue la razón para sus triunfos posteriores.
Además, esta lógica de cálculo de inteligencia artificial (que como acabamos de ver los humanos también pueden padecer) puede pretender aplicarse rigurosamente para comprender diversas relaciones de causa y efecto en todo el mundo lo cual hace la situación aún más difícil porque esas condiciones de interacción dependerán de tantas pautas culturales, folclóricas, flukes propios de los países y mucho más. Las predicciones sobre lo que sucederá nunca sabremos si se cumplirán, porque las naciones no pueden demostrarlo, algunas condiciones logísticas pueden prevalecer en el largo plazo, como ser tecnología militar, riqueza, entrenamiento se cumplirán sus predicciones de prevalecer como se posee la evidencia histórica, sin embargo, eso ocurrirá siempre y cuando se esté dispuesto a pagar un alto precio y a corregir errores en la dimensión humana pues si se cae en cualquiera de las dos trampas anteriores será imposible que esos resultados sean buenos.
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