De todas partes del mundo me escriben sobre las elecciones en Colombia del fin de semana pasado. ¿Qué pasó? ¿Para dónde va Colombia? ¿Y a la derecha y al centro derecha cómo le fue? La respuesta: bien y mal.
Mal, porque los resultados mostraron que Colombia sigue en un inmenso riesgo de avanzar por el camino populista, pues esa izquierda se fortaleció en el Congreso y mostró que Iván Cepeda es un candidato muy fuerte y sin rival en ese espectro político, lo que no sucede ni con el centro ni con la derecha. Bien, porque la Gran Consulta del centro y la centro derecha se convirtió, por un lado, en la más votada de la historia, con 5.8 millones de votos, y mostró el camino para derrotar a la izquierda radical: unirse y atraer al centro es la consigna para la primera vuelta presidencial.
¿Entonces? Lo primero es que aquello que querían Gustavo Petro, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, no tener competencia en mayo, en la primera vuelta presidencial, no se les dio. Paloma Valencia, con esos millones de votos de la consulta, se confirmó como una rival muy fuerte para los dos candidatos radicales, e incluso la posibilidad de que ella, como la candidata del centro y la derecha, llegue a la segunda vuelta es alta, si hace las cosas bien en estos meses de campaña.

¿Qué es hacer las cosas bien? Por un lado, hay que cultivar el centro, para mantener esos votos y, además, hacerlos crecer en las zonas donde se puede y con los sectores sociales, en especial los jóvenes urbanos, a los que no les llegamos y que Juan Daniel Oviedo logró encantar. No podemos esperar un segundo para comenzar a entender a ese joven urbano al que Oviedo le habló, para ampliarnos en esa base, y debemos enfocar los esfuerzos principalmente en Bogotá.
Paloma debe dejar el discurso tradicional del uribismo y empezar a leer mejor este momento del país. No quiere decir, de ninguna manera, que se olvide de los temas de seguridad y otros que hacen parte de su agenda, pero sí que entienda que el discurso anticomunista tradicional ya no mueve a nadie, o a los que mueve ya los movió. Ojalá Oviedo y Paloma entiendan lo que está en juego, y logren un buen entendimiento para que, por un lado, nos salvemos de las garras del populismo y, por el otro, se hagan las muchas reformas que necesita el país.
Iván Cepeda, sin duda, sigue muy pero muy fuerte. ¿Podrá arrancar más votos de los que ya tiene en el centro? Depende de Claudia López, quien ya dejó en claro que quiere llegar allá, de Sergio Fajardo y de todos los candidatos de la Gran Consulta. Pronto vamos a ver en las nuevas encuestas, que quedaron todas muy mal paradas, aunque unas peor que otras, qué tanto los resultados del domingo cambiaron el escenario político.
Obvio, hay que mirar esos datos con pinzas y tener en cuenta que no van a incluir las fórmulas a la Vicepresidencia de los candidatos, que también marcan algo de diferencia. ¿Qué pasa si en esas encuestas Paloma pasa a tener entre el 15 y el 20 por ciento? ¿O si tiene alrededor del 10?
Ya veremos cómo lo que sucedió en estas consultas cambió o no el panorama político y si generó una competencia más abierta y con mayores posibilidades para que el centro sea definitivo en la decisión presidencial. Por ahora, se abre una esperanza de que la polarización es evitable y que la centro derecha puede jugar un papel realista en las elecciones de mayo.
Otra cosa es lo que pasó con el voto para el Congreso, en el cual, sin duda, el Pacto Histórico mostró fuerza y disciplina; no nos digamos mentiras, ya es la primera fuerza política del país. Lo grave, es que, si sumamos los congresistas de otros partidos que se van a vender, pueden tener más de la mitad del congreso, y eso quiere decir que si gana Cepeda vamos a tener Constituyente, leyes que destruyan de manera definitiva el sistema de salud y unos impuestos que acaben con el sector privado.

El Centro Democrático subió, pero, la verdad, su lista al Senado dejó mucho que desear. No hubo una figura nueva que moviera ese grupo, distinta a Álvaro Uribe. Muchos llegaron en coche y, si bien pueden ser buenos senadores, nunca van a tener su propio escenario político. El 90 por ciento de los senadores electos por el centro democrático, no lo hubieran sido sin Uribe.
Es hora de crear un partido que no sea Uribe dependiente, y en estos dificilísimos cuatro años, convertir al CD en ese partido va a ser un reto gigante. Lo que queda claro es que si no se hace, el Centro Democrático desaparece y ante la fortaleza de la izquierda no hay contrapeso alguno. La responsabilidad histórica en ese sentido es enorme.
Comienza la recta final. El futuro de Colombia está en juego y Paloma se montó en la elección presidencial. Unidos en la segunda vuelta podemos evitar la catástrofe. Ese debe ser el objetivo de todos. ¿Seremos tan responsables? Ojalá la sensatez prevalezca sobre el ego.
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