
La señora Delcy Rodríguez, representante de un régimen autoritario y dictatorial como el venezolano, ha tenido el atrevimiento de citar la célebre frase de José Artigas: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos.” Su descaro no conoce límites. Es un insulto a la memoria del prócer uruguayo, un intento burdo de apropiarse de su legado para justificar lo injustificable.
José Gervasio Artigas fue un líder que consagró su vida a la libertad, la justicia y la dignidad de los pueblos. Delcy, en cambio, es una de las caras visibles de un régimen que encarna todo lo contrario: corrupción, persecución política, censura, hambre y miseria. Es la hija pródiga de una dictadura que avergüenza a América Latina y que genera repudio en el mundo civilizado. Solo los criminales, los cómplices y los beneficiarios de ese sistema pueden defender lo indefendible.
No se pueden comparar ambos personajes; sería lamentable hacerlo. Pero ya que esta señora ha osado utilizar a Artigas como escudo para su resentimiento, como muletilla para sus enojos con los Estados Unidos –que finalmente parecen haber decidido poner en vereda a esa camarilla de cleptócratas-, no queda otra que cortar el fuego y poner las cosas en su lugar.
¿Habrá algún uruguayo que comparta su visión? Tal vez, pero serán los menos. De todos los partidos políticos, de todas las ideologías, los menos. Porque la dictadura venezolana no engaña a nadie, ni siquiera a los familiares de los propios dictadores, que viven avergonzados de la élite mafiosa que ha saqueado un país entero. Busque en redes sociales el lector y verá como hermanos y parientes de esa élite no saben cómo sacarse de encima la lápida que padecen.
Y es que esta señora, que ha deambulado por aeropuertos con maletines de dinero sucio, que ha sido expulsada de destinos donde la rechazan como a un paria, no tiene ni la autoridad ni el derecho de invocar el nombre de Artigas. A los uruguayos nos indigna, nos revuelve el estómago, nos ofende que un personaje de tercera categoría pretenda manchar la memoria de un patriota que luchó precisamente contra lo que ella representa: opresión, servilismo, saqueo y sometimiento.
Pero no nos engañemos. Este intento de apropiación de símbolos ajenos no es más que la última jugada desesperada de una casta horripilante que sabe que su tiempo se agota. Los hampones del poder están acorralados, y lo sienten. Sienten en la nuca el aliento de la justicia internacional, ven cómo su círculo de protección se achica y cómo la impunidad que creyeron eterna comienza a resquebrajarse. Ven como los Estados Unidos se cansan de sus mentiras. Ven como todos ven lo obvio de los dictadores: que roban, que maltratan a sus ciudadanos, que usan el terrorismo de Estado y que se mofan de los derechos humanos de la gente. Lo ve todo el mundo señora Delcy, usted también lo ve y lo sabe.
Por eso ahora se disfrazan de patriotas, de libertadores, de defensores de la soberanía. Pero el mundo ya los conoce. No son más que oportunistas sin principios, usurpadores de la causa de la libertad, mercaderes de la miseria ajena.
Que lo intenten, si quieren. Que sigan jugando su última carta. Pero la historia es implacable, y su veredicto ya está escrito: terminarán, como todos los traidores a la libertad, en el basurero donde acaban los tiranos y sus cómplices. Y si alguno tiene dudas, recuerden que más temprano que tarde los pueblos encuentran el hueco por donde infiltrar la libertad y hacer de ella una explosión de democracia. El desafío es siempre el mismo: o del lado de la justicia, la libertad y la democracia o del lado de la oscuridad, el robo y la tiranía.
Los que hace tiempo que bregamos por lo primero, nunca bajamos la guardia, nunca nos dejamos vencer ni aún abatidos por las circunstancias de la hora, ni por los robos electorales, nunca por nada. Somos dogmáticos en el asunto de la libertad y así debemos seguirlo siendo hasta expulsar del poder a esta gente que es todo lo que los venezolanos no quieren “nunca más” para su país. Repito: Maduro, Delcy y toda esa barra son todo lo que los venezolanos no quieren “nunca más” para su país. Luego del acto electoral pasado, luego de su resultado abrumador contra la dictadura y luego del reconocimiento de buena parte del planeta a Edmundo y María Corina, ya está bien, ya llegamos a la zona de decir la verdad. Y la verdad solo se construirá en un continente que refuerza la democracia y la consolida. En esa tierra el Sr. Maduro y sus acólitos no tienen lugar. Ahora sí que se les tiene que acabar el rollo y el oxígeno. Ya abusaron hasta el extremo de la buena fe, la ignorancia, la necesidad o lo que sea del continente. Debe dar vergüenza sentarse al lado de esta mafia. No entenderlo así solo obedece a dos razones: o ignorancia supina o interés de algún tipo. Ninguna de las dos es aceptable. Es hora del Jaque Mate democrático. Se acabó el tiempo.