
Es imposible no conmovernos ante las infames acciones terroristas perpetradas por la secta islámica Hamas, que disparó 2500 cohetes contra pueblos israelíes y ultimó a 1,300 seres humanos.
Fueron hechos macabros, de sadismo extremo, que también dejaron en evidencia la catadura moral, el tejido psicótico, de gobernantes de izquierda que ofician de serviles aliados, de cómplices y protectores de grupos genocidas.
PUBLICIDAD
En ese contexto, no podemos olvidar la filmación de 260 jóvenes judíos bailando y riendo en un festival de música moderna; luego, el humo provocado por el estallido de las explosiones; después, ver a comandos palestinos persiguiendo a los sobrevivientes para matarlos.
Tres momentos trágicos, a los cuales se sumaron otros dos episodios dantescos.
PUBLICIDAD
Uno, cuando los criminales incursionaron en unas 20 viviendas aledañas a la zona de la masacre para asesinar a quienes ahí encontraron refugio. Varios periodistas, entre otros el corresponsal de la Agencia de Noticias Reuter, testificaron la matanza de 200 personas, incluyendo ancianos y recién nacidos, algunos quemados vivos y otros decapitados.
PUBLICIDAD
La quinta etapa de la saga de la barbarie la protagonizaron milicianos persiguiendo a quienes huían. Mataron a quienes cazaron y un centenar fueron secuestrados para utilizarlos como escudos humanos: “La ejecución será de rehenes civiles, no militares, y se transmitirá en línea”, manifestaron sus siniestros e insanos captores en un comunicado.
PUBLICIDAD
Imposible un escenario de mayor degradación, de barbarie que siempre debemos denunciar y combatir, independientemente de las causas que alimentan odios purulentos y demenciales.
El presidente salvadoreño Nayib Bukele calificó a los autores “de bestias salvajes que no representan al pueblo palestino”, agregando que “lo mejor que podría suceder sería la completa desaparición de Hamas”.
PUBLICIDAD

Los gobiernos democráticos del hemisferio respondieron con firmeza, destacando las palabras del jefe de Estado de Chile, Gabriel Boric, quien dijo: “condenamos, sin matiz alguno, los brutales atentados, asesinatos y secuestros de Hamas. Nada puede justificarlos”.
En la otra orilla, Gustavo Petro, mandatario de Colombia, no reprobó los atentados y más bien sostuvo que lo ocurrido fue responsabilidad de Israel y Estados Unidos, agregando el infeliz comentario de equiparar a judíos y nazis: “Estuve en el campo de concentración de Auschwitz y ahora lo veo calcado en Gaza”, manifestó el alcoholizado exguerrillero.
PUBLICIDAD
Maduro, por su parte, tampoco cuestionó los crímenes y acusó a Israel de atentar contra el pueblo palestino, añadiendo que “Estados Unidos y Europa están creando las condiciones para un genocidio y una escalada de violencia en la región”.

Daniel Ortega, sátrapa nicaragüense, lanzó la misma narrativa, compartida por Cuba. Su presidente, Miguel Díaz-Canel, representante de una dictadura en el poder hace 64 años, dijo que la tragedia es “consecuencia de 75 años de permanente violación de los derechos del pueblo palestino”.
PUBLICIDAD
No sorprende, empero, el vasallo alineamiento del bloque socialista del siglo XXI con el terrorismo, porque son los mismos regímenes que respaldan la invasión rusa a Ucrania y ofrecen sus territorios para que las Fuerzas Armadas de Putin entrenen.
Al mismo tiempo, han suscrito acuerdos militares, económicos y comerciales con Irán, potencia extracontinental que habría provisto el armamento para los ataques a Israel.
PUBLICIDAD
Trágico y peligroso que las democracias latinoamericanas convivan con dictadores de baja ralea, que ahora se han constituido en socios políticos del terrorismo internacional.
Más aún, son compensados, gratificados por sus trapacerías, como demuestra la inmoral decisión de la Asamblea General de la inoperante ONU que incorporó a Venezuela al Consejo de Derechos Humanos, a pesar de que el Alto Comisionado de ese organismo ha denunciado al régimen de Maduro de perpetrar asesinatos, secuestros y encarcelamiento de opositores y que los fiscales de la Corte Penal Internacional han concluido que se cometieron crímenes de lesa humanidad.
Estamos viviendo un momento trágico y dramático porque el terrorismo internacional avanza con prisa y sin pausa, con una limitada resistencia de naciones y líderes políticos que los enfrentan con coraje.
Por esa debilidad Hitler causó una catástrofe mundial, Stalin mató a millones de compatriotas y en Camboya el Partido Comunista jefaturado por Pol Pot asesinó a ciento de miles de personas.
¿Qué tienen en común Hitler, Stalin y Pol Pot? : el fanatismo.
El mismo fanatismo de los miembros de Sendero Luminoso en el Perú y de Hamas en Palestina.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El huevo de la serpiente en los campus universitarios
¿Qué cabe hacer con la oleada antisemita que recorre el mundo? Muchas son las instituciones democráticas -judías y no judías- que trabajan para frenar este fenómeno de odio, pero más allá de los análisis, es necesario que las instituciones planteen medidas legales, contundentes y pedagógicas para combatir el discurso de odio

Es hora de recalibrar suposiciones falsas y fantasías políticas: los casos de Irán y Venezuela
Los límites de los atajos políticos y las reformas parciales sin ruptura institucional

De Rerum Novarum a Magnifica Humanitas
La reciente publicación de la encíclica por parte del papa León XIV reabre uno de los grandes dilemas históricos de la civilización
La educación como política de Estado: una deuda pendiente en América Latina
Millones de niños y jóvenes en zonas urbanas y rurales de la región tienen acceso limitado o directamente nulo a una educación de calidad

El nuevo orden del Caribe: el “Corolario Trump”, Venezuela y la demostración de fuerza de Estados Unidos
Un ejercicio del Comando Sur, con aeronaves y buques estadounidenses cerca de Caracas, se interpreta como algo más que una evacuación y expone un giro doctrinal que conecta geopolítica, energía y control operativo regional



