
Ya he dicho en Infobae que es necesario crear civismo para fortalecer a la Sociedad Civil.
Esta mañana me desperté inspirado. Una idea me vino a la cabeza. Sí, me gustaría contribuir a fundar una Escuela de Ciudadanía para enseñar cómo ser un mejor y más útil ciudadano.
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Inmediatamente me puse a escribir este artículo.
Es una idea original para la promoción del tan necesario civismo en nuestros países, pero que requiere de una financiación adecuada, independiente y sostenible. Digo independiente para que nadie interfiera negativamente en la noble y nueva labor cívico-académica a emprender.
¿Quiénes serían los profesores de una Escuela de Ciudadanía?
En ella darían clases todos aquellos que se comprometen a diario con el interés público. Y que lo vienen haciendo desde hace años, acumulando una rica experiencia. Ya sea a través de organizaciones no gubernamentales o de manera directa, a título personal. Yo lo hago de las dos maneras. Así, he sido cofundador de Transparencia Internacional España (actuando allí muchos años en programas concretos de integridad del sector público y del sector privado) y he promovido variados reclamos administrativos y causas judiciales en Argentina y España en defensa del principio de legalidad, del interés público y del patrimonio cultural. Mi último gran logro, con muy buena repercusión mediática, fue la salvación del emblemático Teatro Albéniz de Madrid (fui el abogado pro bono de la Plataforma de Ayuda al Teatro Albéniz que impidió que el edificio se convirtiera en una tienda de zapatillas, en un supermercado o similar). Gracias a la reapertura lograda, en estos días actúa allí Antonio Banderas con el musical Company.
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Por eso la idea me parece formidable. Porque es una manera de enseñar a la ciudadanía cómo ser un mejor y más útil ciudadano. Para que en el escrutinio de la labor política de nuestros gobernantes haya más y más ciudadanos al lado de los periodistas y de otras organizaciones cívicas que ya actúan -con mucho mérito y coraje- en ese campo.
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¿Quiénes serían los alumnos?
Para ser alumno de la escuela no se requeriría más que entusiasmo por lo cívico, por lo que es de todos. No harían falta titulaciones, ni edades especiales. Solo ser ciudadano y querer ejercer como tal en un sentido moderno.

¿Quién la podría financiar una Escuela de Ciudadanía?
Se me ocurren decenas de posibilidades (bancos, empresas, fundaciones, etc.), tantas que tendría que haber cofinanciación. Pero alguna entidad privada debería liderar. ¿Dinero público? No. Solo privado.
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¿Qué empresario podría negarse a apoyar algo así? (si el apoyo que se le pide es cuantitativamente razonable). Ninguno.
Insisto: necesitamos más y más ciudadanía. Pero hay que enseñar el uso de las herramientas cívicas muchas veces disponibles pero desconocidas.
Un ejemplo me basta: el ejercicio del derecho a la información. Tenemos el derecho, ya lo sabemos. Pero cómo ejercerlo de manera eficiente ha de ser una asignatura de la nueva escuela. Se estudiaría la forma del planteo, cómo lograr un auxilio jurisdiccional, etc..
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¿Habría más de una escuela? ¿Qué harían los políticos?
Cada país podría tener muchas escuelas en sus regiones, comunidades o provincias.
Y la política estaría fuera de ellas en lo que al gobierno o administración de las mismas se refiere. Pero eso no quiere decir que se excluya a los políticos, que podrán ser tanto alumnos como profesores.
Alguien me dirá: ¿vas a invitar a un político en activo (o retirado) a dar clases a una Escuela de Ciudadanía?
Por supuesto, responderé. En uno u otro rol el político podrá enseñar y aprender. Y lo hará con una sonrisa. “Aprender a ser libre es aprender a sonreír” (Octavio Paz, “La tradición liberal”).
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