
En el corazón del pequeño pueblo de Brumunddal, en Noruega, se alza un emblema de la arquitectura contemporánea: Mjøstårnet, el edificio de madera más alto del mundo. Desde su inauguración en marzo de 2019, esta torre transformó la percepción global sobre las posibilidades constructivas de la madera y redefinió los límites de la ingeniería sostenible.
Con 85,4 metros de altura y dieciocho plantas, la estructura no solo desafía las convenciones, sino que también se convirtió en un símbolo del compromiso noruego con la innovación y el respeto ambiental.
Una hazaña de la ingeniería en madera
El desarrollo de Mjøstårnet representó un desafío técnico sin precedentes para la industria de la construcción. Según la firma de ingeniería Moelven Limtre AS, responsable de la fabricación de los elementos estructurales, el proyecto requirió la utilización de madera laminada encolada, un material avanzado que combina resistencia, flexibilidad y sostenibilidad. Durante la edificación, no se emplearon andamios externos: los ingenieros optaron por una grúa de gran porte y un sistema de andamios internos junto a ascensores, permitiendo avanzar a un ritmo de cuatro pisos por cada una de las cinco etapas planificadas.
La obra comenzó en abril de 2017, tras meses de estudios preliminares y diseño. En menos de dos años, los equipos lograron levantar la torre en su totalidad, un proceso que, de acuerdo con el portal especializado ArchDaily, fue observado con atención por expertos internacionales interesados en replicar el modelo en otras latitudes. El resultado final es una estructura compuesta íntegramente por madera, sin recursos a columnas de acero o refuerzos de hormigón en su esqueleto principal.

El arquitecto Øystein Elgsaas, socio del estudio Voll Arkitekter y director del proyecto, explicó en entrevista con la publicación noruega Byggeindustrien: “Mjøstårnet es la prueba tangible de que la madera puede competir con el hormigón y el acero en altura, seguridad y funcionalidad”.
Un antes y un después en la arquitectura sustentable
La inauguración de Mjøstårnet marcó un hito en la historia de los edificios de madera. Hasta ese momento, el título de “más alto del mundo” era motivo de controversia entre el Brock Commons Tallwood House de Vancouver, Canadá, con 53 metros, y el Treet de Bergen, Noruega, de 49 metros. Sin embargo, según la revista Dezeen, el edificio canadiense fue excluido del récord por su estructura híbrida, que combina madera y hormigón, mientras que Treet, aunque íntegramente de madera, no superaba los 50 metros.
La llegada de Mjøstårnet terminó con esa discusión, estableciendo una nueva referencia global: es la primera torre de madera en superar ampliamente los 80 metros con una estructura puramente de ese material. Esta proeza técnica despertó interés en todo el mundo por sus ventajas ecológicas. De acuerdo con el Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano (CTBUH, por sus siglas en inglés), la madera utilizada en el edificio absorbió previamente más de dos mil toneladas de dióxido de carbono, lo que contribuye a reducir la huella de carbono durante la vida útil de la construcción.
El propio director ejecutivo de Moelven Limtre AS, Rune Abrahamsen, declaró para CNN: “La madera no solo es un material renovable, sino que en condiciones modernas de construcción puede igualar o superar el rendimiento estructural de los materiales tradicionales”.

Funcionalidad y vida cotidiana en Mjøstårnet
Además de su valor simbólico y técnico, Mjøstårnet es un espacio multifuncional que alberga apartamentos residenciales, oficinas, un hotel, restaurante y una piscina cubierta de 4.500 metros cuadrados. Esta versatilidad responde al objetivo de revitalizar Brumunddal y atraer inversiones al municipio, según informó el diario noruego Aftenposten. El edificio se diseñó para soportar las duras condiciones climáticas de la región y maximizar la eficiencia energética, con sistemas de aislamiento térmico y ventilación de última generación.
La torre cuenta con ventanas panorámicas que ofrecen vistas al lago Mjøsa, el mayor de Noruega, y a los densos bosques circundantes, lo que refuerza la integración entre la arquitectura y el entorno natural. En palabras de Elgsaas: “Queríamos que los habitantes y visitantes experimentaran la calidez y la belleza de la madera, incluso en un edificio de gran escala”.
La construcción de Mjøstårnet también impulsó la economía local al priorizar proveedores y mano de obra de la región, apoyando el desarrollo de la industria forestal noruega.
El edificio se ha convertido en un referente para arquitectos y urbanistas que buscan alternativas sostenibles a los materiales convencionales, en un contexto global donde la reducción de las emisiones de carbono es una prioridad urgente.
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