
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar en las últimas semanas con una intensidad que remite a los momentos más álgidos del conflicto bilateral. El analista en geopolítica, defensa y recursos estratégicos Andrei Serbin Pont sostuvo que lo que hoy está ocurriendo en Medio Oriente no puede entenderse como una acción aislada, sino como parte de un patrón más amplio de confrontación, acelerado por la reconfiguración global del poder y por una serie de decisiones estratégicas del gobierno estadounidense.
En diálogo con Infobae en Vivo, Serbin Pont explicó que la política exterior estadounidense ha entrado nuevamente en una fase de “ritmo acelerado” que reactiva antiguos frentes de tensión, especialmente con Irán.
Esta dinámica se había descomprimido parcialmente durante el viraje de Washington hacia el Indo-Pacífico, pero en el presente vuelve a encenderse el escenario de Medio Oriente. “No se pensaba que el desacople con Europa tuviera que ver con Irán, pero ahora se reaviva esta instancia de conflictividad”, advirtió el especialista.
Uno de los datos más reveladores es el puente aéreo masivo que Estados Unidos ha establecido desde Corea del Sur hacia el Medio Oriente, trasladando materiales de defensa como misiles antibalísticos y sistemas antiaéreos.

Corea del Sur ha sido históricamente un enclave estratégico para Washington por su cercanía con Corea del Norte, pero el hecho de que ahora se utilice ese armamento en un teatro de operaciones distinto revela una redistribución global de recursos militares.
“Desde hace 70 años, se viene acopiando munición en Corea del Sur, y hoy ese material se está enviando hacia Medio Oriente”, puntualizó Serbin Pont.
A este movimiento se suman otras operaciones logísticas desde Egipto y Europa, donde también se observa una movilización activa de sistemas defensivos.
En el pasado, estos traslados a gran escala han sido preludio de intervenciones armadas. “Desplegar portaaviones puede ser una señal diplomática, pero también puede marcar el inicio de una operación militar”, advirtió el analista.

El despliegue naval es particularmente significativo. Según Serbin Pont, la administración de EEUU mantiene al menos dos grupos de portaaviones en la región, una práctica que se ha intensificado en las últimas semanas. Entre los buques movilizados figuran el USS Harry S. Truman y el USS Carl Vinson, acompañados por una flota de apoyo que incluye destructores, submarinos y aviones de combate.
Uno de los focos más sensibles es la base militar en la isla Diego García, un territorio británico en el océano Índico situado a aproximadamente 3.000 millas de Irán. Allí, Estados Unidos está concentrando bombarderos B2, aviones invisibles al radar capaces de transportar armamento nuclear, y aviones de repostaje aéreo, indispensables para extender el alcance de sus aeronaves de combate.
La magnitud de la preparación no es menor. Para el analista, estos movimientos no solo buscan responder a una amenaza inmediata, sino también proyectar poder ante un enemigo que ha demostrado capacidad de resistencia y adaptabilidad. La lógica disuasoria, sin embargo, convive con un escenario cada vez más inestable.
A pesar del despliegue, Arabia Saudita, Qatar y Bahréin ya han dejado en claro que no permitirán ataques desde su territorio. Este dato, si bien responde a preocupaciones de política interna y presión regional, complica los márgenes de acción de Estados Unidos en caso de un enfrentamiento abierto.
En este contexto, el conflicto entre Israel y el grupo terrorista Hamas, y su progresiva regionalización, actúa como un factor desestabilizante adicional. Serbin Pont llamó la atención sobre el Mar Rojo, una zona cada vez más volátil por la presencia de fuerzas navales, ataques a buques mercantes y disputas por rutas estratégicas. “Hoy muchos hablan del riesgo de una regionalización del conflicto”, apuntó.
En esa línea, el especialista trazó una conexión entre el conflicto palestino-israelí, las amenazas de Irán y el involucramiento indirecto de actores como Estados Unidos y otros países árabes, atrapados en una red de alianzas contradictorias.
Aunque el espectro de un conflicto nuclear no parece inminente, la sola mención de bombarderos estratégicos y la acumulación de fuerzas en puntos neurálgicos despiertan inquietudes. Serbin Pont fue cauto al respecto, pero enfatizó que el nivel de tensión es tal que “faltan medios por llegar”, dando a entender que el despliegue aún no ha alcanzado su punto máximo.
La situación actual, según su análisis, exige una lectura compleja que combine la movilización militar, la diplomacia regional y la geopolítica de la disuasión. En ese tablero, cualquier movimiento en falso podría detonar una crisis de alcance imprevisible.
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