
Una simple fotografía tomada durante un taller resultó ser el detonante de un largo y angustiante proceso de acoso que llevó a Sam Wall, una consultora de redes sociales del Reino Unido, a enfrentarse a una condena judicial. A los 55 años, Wall se declaró culpable en el Tribunal de Magistrados de Manchester de cargos por acoso y envío de mensajes falsos.
Esta decisión del tribunal representa un punto crítico en una saga que afectó significativamente a dos personas: Brad Burton, un orador motivacional, y Naomi Timperley, una empresaria, quienes durante años fueron blanco de una campaña de difamación sin tregua.
El origen de esta historia se remonta a un evento ordinario. Brad Burton, un conocido orador motivacional, se encontró con Sam Wall en uno de sus talleres. La interacción, que consistió en poco más que posar para una fotografía, fue descrita en una entrevista reciente a la BBC por Burton como “solo una de las miles de personas que debo haber conocido a lo largo de los años”.
Sin embargo, dos años después de este breve encuentro, Wall comenzó un asedio virtual contra Burton, describiéndolo en redes sociales como un “manipulador, psicópata y abusador sociópata”. Estas publicaciones dañaron su reputación y afectaron su negocio, que ya enfrentaba los estragos de la pandemia.

Acusaciones y ataques incesantes
El acoso perpetrado por Wall no se detuvo con las meras acusaciones. Fue más allá, describiendo presuntos crímenes atroces cometidos por Burton, como el asesinato de su gato y daño criminal.
“¿Cómo se prueba algo negativo, que no envenené al gato?”, se preguntaba Burton en medio de su desesperación. Estas acusaciones fueron repartidas por diversas plataformas de redes sociales, dibujando una imagen pública de Burton completamente distorsionada y manchada.
Naomi Timperley también se vio atrapada en el fuego cruzado de esta campaña de acoso. A pesar de solo conocer a Wall a través de conexiones en redes como X (antes Twitter) y LinkedIn, Timperley fue objeto de ataques similares. “Me han acusado de cosas realmente viles”, declaró Timperley a la BBC, mientras en su voz resonaba la angustia causada por la persistente campaña difamatoria.

Consecuencias y batalla legal
La batalla legal que siguió fue complicada. En noviembre, Wall finalmente admitió su culpabilidad por el acoso y envío de mensajes falsos. Aunque su sentencia ha sido pospuesta en varias ocasiones, un eventual encarcelamiento parece ser el desenlace más probable. La defensa de Wall presentó un informe psiquiátrico alegando que padece una enfermedad mental delirante crónica, intentando ofrecer una explicación a sus acciones.
A pesar de su declaración de culpabilidad, el daño ya estaba hecho. Las vidas personales y profesionales de las víctimas fueron profundamente afectadas. Burton, quien lideraba una red que apoyaba a cientos de pequeñas empresas, vio cómo algunas de sus oportunidades se desvanecían. Además, la red de contactos de Timperley también sintió el impacto de las acusaciones difamatorias orquestadas por Wall.
A pesar de las evidentes pruebas del acoso que sufrieron Burton y Timperley, las plataformas de redes sociales no eliminaron las publicaciones ofensivas de Wall. LinkedIn, Facebook e Instagram no han ofrecido una respuesta sobre la continua presencia de estas publicaciones, lo que refleja una clara falta de acción que refuerza un ciclo de impunidad para el acoso en línea. “Ellos deciden qué se debe retirar, cuándo y cómo. Y, cuando se les pregunte, dirán que cumplen la ley”, lamentó Paul Tweed, un abogado especializado en redes sociales.
Rory Innes, director ejecutivo de Cyber Helpline, subraya que “esto le sucede a cientos de miles de personas cada año”.
Brad Burton no muestra rencor hacia Wall: “Espero que reciba la ayuda que necesita y que encuentre la paz en su vida”, comentó, en una muestra de comprensión y empatía que contrasta con la indiferencia de las corporaciones de redes sociales ante los efectos corrosivos del acoso en línea.