
En las calles estrechas de Alejandría, en Egipto, entre edificios desgastados y luces colgadas para celebrar el Ramadán, decenas de vecinos se reúnen cada noche para mirar o jugar “sock ball”, un juego callejero que alguna vez fue considerado un pasatiempo en los barrios humildes.
En la actualidad, esa misma práctica se convirtió en una expresión urbana de comunidad, destreza e identidad local, según publicó la agencia de noticias Reuters.
El sock ball, como su nombre sugiere, nació de la improvisación. Es bastante parecido a lo que hacían -y aún hacen- los niños en Argentina para jugar al fútbol en potreros, recreos del colegio y plazas.

Consistía en armar una pelota con medias viejas o retazos de tela amontonados uno dentro de otro. Así comenzaron a jugarlo muchos niños egipcios sin acceso a pelotas de verdad.
Esa versión artesanal del fútbol fue, durante décadas, el primer contacto con el deporte para miles de jóvenes. Actualmente, sigue vivo en las calles, pero con una nueva energía.
Calles convertidas en canchas
En Alejandría, este juego callejero se transformó en un espectáculo nocturno durante el Ramadán. Redes improvisadas cortan las calles laterales y el asfalto se convierte en cancha. Vecinos de todas las edades, desde niños hasta hombres adultos, se turnan para jugar o mirar desde las aceras.
“Jugar al sock ball en Alejandría es muy especial, tiene su propio disfrute y, honestamente, no cualquiera puede jugarlo”, afirmó Ahmed Youssef, uno de los jugadores locales, en diálogo con Reuters.
A diferencia del fútbol convencional, el sock ball se juega en espacios reducidos, lo que exige un control extremo del balón, velocidad mental y estrategia. Similar a un fútbol de cumpleaños o reuniones familiares en Argentina.
Ibrahim Abu Al Wafa, seguidor del deporte desde los años 60, lo describe como un juego que exige destreza y estrategia. Considera que controlar una pelota pequeña en un callejón estrecho va más allá del entretenimiento: representa una verdadera demostración de talento.

La evolución de la pelota
El equipo es mínimo. No se necesitan zapatillas especiales ni camisetas uniformadas. Tampoco una pelota reglamentaria. Durante décadas, se usaron pelotas caseras.
Hoy, aunque el nombre sigue siendo sock ball, los jugadores utilizan versiones más duraderas: pelotas pequeñas recubiertas con cinta adhesiva e hilo, similares a una pelota de básquet en miniatura.
Mohamed Tarik Amin, conductor de 33 años y organizador de uno de los torneos locales, comentó que, aunque el juego sigue llamándose sock ball, los jugadores actualmente utilizan pelotas más resistentes que en el pasado.
El trabajo artesanal también sigue presente. Essam Bakkar, de 38 años, empleado de una fábrica de ropa, comenzó a fabricar pelotas con cuero y retazos en su adolescencia.
Aunque actualmente utiliza modelos producidos en masa para mejorar el agarre sobre el pavimento, la esencia del juego permanece: reciclar, adaptar y jugar.

Comunidad reunida tras el ayuno
La escena nocturna es siempre parecida: un grupo de jóvenes se forma en la calle, mientras otros observan desde sillas plegables, bancos o el borde de las calles.
“Estos torneos siempre han sido populares en Alejandría”, insistió Amin, convencido de que el juego no necesita mucho para perdurar, sólo una pelota, un callejón y vecinos dispuestos a compartir la calle. Aunque sí, en los torneos, hay un árbitro por partido que impone el reglamento.
Según Reuters, el sock ball sigue siendo parte del pulso urbano de Alejandría, un deporte callejero que no busca reconocimiento oficial, sino comunidad y participación.
En las noches del Ramadán, cuando la ciudad se enciende tras el ayuno diario, el viejo juego de medias se convierte en centro de atención. Sin estadios ni pantallas, sólo la calle, la pelota y la gente.