
Una intensificación de movimientos militares estadounidenses en Medio Oriente marca una nueva escalada de tensiones con el régimen de Irán y los terroristas hutíes en Yemen. Imágenes satelitales, datos de vuelos y movimientos logísticos revelan un despliegue masivo y cuidadosamente coordinado, centrado en la base estratégica Diego García en el océano Índico y extendido por el corazón del Golfo Pérsico.
En las últimas semanas, las señales de un reforzamiento militar se han multiplicado en el espacio aéreo del Medio Oriente. Doce aeronaves de transporte militar estadounidense han aterrizado en bases clave de Arabia Saudita, Catar, Jordania, Kuwait y la remota isla de Diego García, ubicada en el océano Índico.
De acuerdo con el diario Hareetz y la agencia de noticias AP, el análisis de datos de vuelos abiertos indica que las aeronaves llegaban llenas, lo que sugiere un traslado masivo de personal o equipamiento.
De manera paralela, al menos cuatro bombarderos B-2 Spirit, considerados una de las aeronaves más avanzadas del arsenal estadounidense, fueron enviados desde Estados Unidos hacia Diego García. Tres de ellos cruzaron el Pacífico en formación con aviones cisterna, siendo rastreados mientras sobrevolaban Australia. El cuarto avión tuvo que desviarse y aterrizar de emergencia en Hawái debido a un fallo técnico.
Hareetz reveló que las imágenes satelitales del miércoles confirmaron la presencia de tres bombarderos en el aeródromo de Diego García.
La elección de esta base no es casual. La isla está situada a suficiente distancia de las costas de Irán y Yemen como para mantenerse fuera del alcance de drones y misiles balísticos. Diego García ya fue utilizada anteriormente para lanzar incursiones de B-2 sobre Afganistán e Irak.

Yemen e Irán, en la mira de EEUU
El reforzamiento de la presencia aérea coincide con acciones militares contra los hutíes en Yemen y presiones del Gobierno de Trump sobre el régimen de Irán. Desde hace dos semanas, fuerzas estadounidenses han llevado a cabo una campaña aérea sostenida contra objetivos hutíes. Los ataques han incluido blancos subterráneos de misiles, similares a los que los bombarderos B-2 ya destruyeron en 2024.
En paralelo, el presidente Donald Trump emitió un nuevo ultimátum a Irán, centrado en su programa nuclear. La situación recuerda tensiones en las que el despliegue estratégico de bombarderos y portaaviones estadounidenses precedió a acciones de disuasión o ataque.
Los movimientos logísticos detrás del operativo reflejan una preparación militar que aumenta. Aviones de transporte pesado partieron desde la base aérea de Whiteman, en Misuri, donde se alberga la flota de B-2. Al menos siete aeronaves precedieron la llegada de los bombarderos, transportando material logístico a Diego García.
Simultáneamente, una decena de vuelos militares despegaron desde la base aérea de Hill, en Utah, con rumbo a Riad. Hill aloja un escuadrón de cazas F-35 de última generación, y ocho de ellos fueron estacionados en Medio Oriente.

El componente naval no ha quedado al margen de esta acumulación de fuerzas. El grupo de ataque del portaaviones USS Harry S. Truman se encuentra actualmente en el mar Rojo, cerca de la costa saudí. Sus aviones de combate han sido utilizados en misiones contra blancos hutíes en las últimas semanas.
Además, el USS Carl Vinson, que opera en el océano Pacífico, ha comenzado su traslado hacia el área de operaciones. Su inclusión en la zona supone un refuerzo adicional de capacidades ofensivas desde el mar, en una demostración del alcance operacional global de la Marina estadounidense.
Israel y su escudo defensivo
Israel también ha sido reforzado en medio de los ataques hutíes. Desde octubre pasado, una batería del sistema antimisiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) fue desplegada por EEUU en territorio israelí, en complemento con los sistemas locales como el Arrow.
Este despliegue ya ha entrado en acción. Según fuentes oficiales, el THAAD ha participado en la intercepción de misiles lanzados por los hutíes hacia territorio israelí.
La planificación de estas acciones no ha estado exenta de controversia. Poco antes de los primeros ataques a Yemen, los planes fueron filtrados al editor en jefe de The Atlantic, Jeffrey Goldberg, quien fue agregado por funcionarios de la administración Trump a un grupo de mensajes en la aplicación Signal.